martes, 29 de noviembre de 2011

LA CLASE MAGISTRAL



- Jóvenes, la palabra es lo más poderoso que existe y la prosa y la poesía son la encarnación viva de la palabra.

Su voz resonaba con firmeza, parecía que pronunciaba una declaración de principios inapelable, de esas que son capaces de remover las conciencias.
Los muchachos permanecían sentados en sus pupitres, silenciosos como si lo escucharan atentamente. Pero sabía también que su falta de reacción, significaba que la mayoría de ellos divagaba con un sinfín de cosas que nada tenían que ver con lo que estaba diciendo.
Se acomodó su cabello cano y respiró profundo. Nada arruinaría su última clase. Después de más de cuarenta años de docencia podrían tildarlo de anticuado o de reacio respecto a los contenidos programáticos modernos, pero jamás de haber renunciado al espíritu que el lenguaje inspiraba en él.
Se ajustó las solapas de la chaqueta remendada y prosiguió con su clase.

- Los desafío alumnos... que alguien me diga si hay algo más poderoso que la literatura.

¡Desafíos!. Eso es lo que necesitaba la gente joven y no tan joven, canalizar creativamente la energía que suelen perder en momentos de ocio.

- ¡La política profesor! – Respondió desde el medio Arteaga. En las clases siempre había uno como él, presidente de curso, con convicciones heredadas de sus padres y palabrería propia de quién repite lo que lee, sin aún tener una visión lo suficientemente personal del mundo, sino copiada.

- ¡La política! La política es el ejercicio de hacer creer a la mayor cantidad de personas que uno está preocupado por sus problemas y tiene la disposición de trabajar en ellos. Es netamente capacidad de convencimiento y el convencimiento se logra a través de las palabras, encumbrándose sobre el resto... No sean tímidos. ¿Cómo no se les va a ocurrir algo que sea más poderoso que la literatura? ¿Qué otra cosa puede ser igual de popular?

Se paseó entre los asientos mirando al rostro de cada uno de ellos al pasar. La niña Recabarren se sacudió como gelatina cuando sus ojos se cruzaron. No faltaban los que se ponían nerviosos ante una simple pregunta, los que temían poder expresar su opinión en voz alta, ya sea porque se sentían inseguros o porque carecían de ella. Sí algo le podía dar a sus alumnos no era conocimiento, porque el conocimiento es pura memoria, con suerte se quedan ciertos datos con el paso del tiempo, todo el resto se pierde. Les podía entregar algo mucho más valioso: el deseo de pensar, de tener una opinión y el amor por las palabras.

- ¡La música! – Fanfarroneó al final del salón Guzmán, echado para atrás en la silla, desafiante como siempre. En circunstancias normales todos hubieran largado risotadas, pero dada la importancia de la lección, la mayoría guardó silencio y sólo unos pocos se atrevieron a murmurar un par de cosas.

- ¿La música señor Guzmán? La música también tiene palabras en ella, las canciones tienen una letra que dice algo, pero asumamos que su planteamiento es correcto. Dígame algún artista que haya llegado al corazón de la gente con su música.

- ¡El Daddy! - Respondió sin dudar, mientras su compañero de banco lo celebraba con una amplia sonrisa y la Recabarren parecía que se caería de la silla de los nervios.

- ¿Cuántos discos ha vendido el Daddy en el mundo? – Le consulto el viejo con ojos de zorro que ha hecho caer a la gallina en su madriguera.

- No sé, pero muchos, unos diez millones.

- ¿Diez millones? ¿Será mucho eso? ¿Y si pensamos más en grande? ¿Quién es el artista que más discos ha vendido?

- ¿Michael Jackson? – Respondió dubitativo en voz baja Faúndez, el cerebro del curso, el típico niño que llega puntual, da todas las pruebas habiendo estudiado, sabe de todo, pero lo pasa pésimo en los recreos.

- ¿Cuántos señor Faúndez? ¿Cuántos discos?

- 750 millones señor.

- ¿750 millones? Vaya... eso sí que es vender discos... Más que el Daddy ¿No? – Afirmó irónicamente mientras miraba de reojo a Guzmán. – Y ya que me hablan de la música, de artes populares ¿Qué les parece la actuación? ¿Son poderosos los actores? ¿Transcienden en el tiempo las figuras de Hollywood, por ejemplo?

- Siii.- Dijo suspirando la muchacha Ibazeta, maquillada como si se fuera a acabar el mundo, mientras apretaba las manos sobre su cuaderno empapelado en foto de actores.

- Señorita Ibazeta. ¿Qué actor cree usted que es grandioso?

- Robert Pattinson...- Respondió la muchacha sonrojándose, mientras algunos compañeros emitían un sonoro “mmmmmmm”.

- ¿Robert qué?... No importa. En todas las décadas ha habido grandes actores, pero les pregunto jóvenes; ¿Alguno de ustedes conoce a Sir Laurence Oliver?

El salón se quedó en silencio, como si el hombre estuviera planteando un acertijo en otro idioma.

- ¿Marlon Brandon? ¿Alguien conoce a Marlon Brandon?

Nuevamente silencio, hasta que entre los bancos del costado derecho, Fierro, el más “lento” de la clase, levantó sin mucha convicción la mano.

- ¿Es uno flaco que sale en la teleserie nocturna?

Risas. Siquiera el ambiente está más distendido sin que haya perdido el control de él, se dijo a sí mismo.

- ¿Se da cuenta señorita Ibazeta? – Preguntó mirando a la muchacha.- Ese ha sido el destino de los que son considerados los dos más grandes actores de todos los tiempos. ¡El olvido!.- Había tomado vuelo con sus argumentos.- O eso será lo que pase con su Michael Jackson, señor Faúndez, o con su Daddy, señor Guzmán. – Retomó su andar reflexivo entre los bancos, caminando pesadamente como un deportista que ya ha dado lo mejor de sí, pero que aún no pierde su técnica exquisita. – Todos están condenados a desaparecer, a menos que su obra subsista y para eso debe ser capaz de trascender las modas, debe estar más allá del alcance del tiempo... ¿Podrían creerme si les digo que un joven como ustedes, que estudió en un liceo como éste, pasó a la inmortalidad escribiendo algo a los diecinueve años? ¿Me creerían si les digo, que hay más gente en el mundo que ha leído lo que ese joven escribió, que gente que escucha a Michael Jackson?

“Saaaaaaa...”, se escuchó palabrear a Guzmán desde el fondo, causando cierto alboroto entre sus compañeros.

- Así es jóvenes, ese muchacho, casi sin tener recursos materiales, escribió a los diecinueve años, “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”. Eso sucedió en 1924 y hasta el día de hoy en cada sala del mundo, se revive la escena en que los alumnos leen el Poema XX o el Poema XV y las muchachas y las no tan muchachas se siguen emocionando al oír esas palabras que le cantan al amor y a la pasión que se puede sentir por una mujer.

- Neruda.- Murmuró Faúndez.

- Por sólo mencionarles un caso, podríamos hablar de Gustavo Adolfo Bécquer, de Víctor Hugo, de Rimbaud que dejó de escribir a los 19 años, de Federico García Lorca, de Rubén Darío...

El rinrinear apurado de su celular interrumpió el clima emotivo de la clase y los devolvió de golpe a todos a la realidad. Recabarren se paró inquieta como si hubiera sonado el timbre para ir a recreo, pero bastó una mirada del hombre para que se quedara estática y se sentara lentamente de nuevo en su lugar.

- Discúlpenme jóvenes, ya saben que por política personal, no recibo llamadas durante mis clases, así como no empiezo la clase sin que todos los alumnos hayan puesto sus aparatos en silencio. Aún me cuesta acostumbrarme a estas cosas modernas, pero esta llamada es muy importante, así que la contestaré. Por favor quédense donde están y no conversen.

Una vez terminada la reconvención, se fue a sentar hasta su silla frente al escritorio desde el que acostumbraba a vigilar a los alumnos durante las pruebas. El aparato seguía sonando sin cesar, hasta que se acomodó con calma para contestar la llamada.

- ¿Aló? ¿Señor presidente? ¿Es usted?... El Ministro cumplió con su palabra y espero que usted también lo haga. Yo no pido mucho y no quiero faltarle el respeto. Sé que tiene muchos asuntos de qué ocuparse, así que seré breve. Le pido solamente tres cosas, escúchelas bien por favor, humildemente:

“La primera es que revise el contenido programático de literatura, especialmente el del nivel básico. El método actual es demasiado secuencial, impide que los alumnos desarrollen sus ideas respecto a la evolución de las tendencias literarias a través del tiempo. Por favor asesórese con académicos antiguos, con el profesor Torres del Barros Borgoño o con Julio Infante del Nacional. Seguramente ellos ya están retirados, pero son brillantes y muy lúcidos.

La segunda cosa, es que restituya la poesía como se trataba en los años sesenta, con talleres y mucha lectura. No sólo un par de fotocopias o aprenderse un poema de memoria, hay que vivirlo, ¡Sentirlo!

La tercera, es la más simple y a la vez la más difícil de pedir. Por favor ubique a Margarita Carrasco, ella abandonó este liceo hace ocho años, porque fue expulsada injustamente por quedar embarazada. Acójala en un programa de estudio especial, es una muchacha brillante que podría ser nuestro próximo premio nobel y no se puede perder así como así, trabajando en la calle para poder subsistir. Aléjela de los malos ambientes y devuélvala a los libros que nunca debió haber abandonado.”

Eso es todo presidente. Por favor no deje de creer en los jóvenes, le aseguro que cuando menos lo espere lo sorprenderán. Mucha suerte.

El hombre terminó la llamada y se sintió más agotado que antes. Lo había logrado o quizá no había logrado nada, pero siquiera había hecho su mejor esfuerzo, como durante los últimos cuarenta años. Cuando partió, aún había colegas que pegaban reglazos, azotes de correa o un coscorrón bien dado, después fueron famosos los castigos de mirar contra la pared o expulsar de la sala, así hasta el día de hoy, donde cualquier castigo puede vulnerar los derechos del alumno... Los años cambiaron las cosas. Mirando hacia atrás se sentía agradecido de cómo fue siendo forjado de a poco por la experiencia, incluso hoy le resultan irrisorias las anécdotas que lo atormentaron en el pasado: Los avioncitos de papel con un alfiler en la punta que iba a aterrizar en su nuca mientras escribía en la pizarra. El defenderse chaquetón enrollado en mano de la navaja de un alumno drogado. El ser sacado de clases hacia un centro de detención y ser torturado con descargas eléctricas, sólo por haber tenido la osadía de hablar de autores prohibidos... Todo eso se diluía en los ojos de la vida cuando un alumno le decía que había conquistado a una niña con poesía. Cuando le contaban lo emocionante que había sido leer el final de “Cien años de soledad”... Lo esencial es inalterable, pensó.

Se levantó de la silla acomodándose el artefacto explosivo que llevaba ceñido a la cintura y que lo hacía traspirar como condenado. La clase estaba próxima a terminar.

- Bueno alumnos, ha sido un gusto. Me gustaría abrazarlos a cada uno de ustedes, pero en vez de eso sólo les pido que recuerden siempre el poder de las palabras, la magia de la poesía y cómo a través de ellas uno se puede aproximar al alma del ser humano.

Avanzó pausadamente entre los pupitres, con el detonador en la mano, conectado por una serie de cables al artefacto que rodeaba su cuerpo. Los alumnos observaban expectantes. Recabarren no aguantó más y se orinó el jumper mientras se mordía los labios.
El viejo profesor caminó hasta los ventanales de la sala. Afuera estaba lleno de vehículos policiales que acordonaban toda el área. La prensa se agolpaba en las calles colindantes. Un caos perfecto, que sin embargo, no era capaz de arruinar esa hermosa mañana con el sol entrando tímido por los cristales.
Se volteó hacia los alumnos quienes vieron con horror cómo unas luces rojas, como de puntero láser, entraban por los vidrios hasta flotar sobre la cabeza del profesor.

- Me despido con estas palabras: “Que el verso sea una llave....”

Tronaron mil ruidos entremezclados con voces gritando y el liceo crujió desde sus cimientos espantando a los pájaros de los árboles de la plaza cercana. Uno de ellos, se fue volando hasta posarse una treintena de cuadras más al norte, en el hombro de Margarita Carrasco, que esperaba a que alguien, fuera quien fuera, viniera a buscarla.

FIN




jueves, 3 de noviembre de 2011

CORTANDO



Aquí voy cortando con los vicios del pasado
así voy quedando libre y ligero al moverme
cortando por lo sano sin abrigar complicaciones
dejando las leseras a un lado de mi puerta
sin que arruinen la fiesta de la vida
ignorando la maraña de problemas del día a día
que van poniendo las ventosas de sus tentáculos
ansiosas de quitarle la energía a quien se es de verdad:

Alguien que corta el tiempo con su quilla de huesos
que puede ir rebanando lo serio y lo amargo
descartando aquello que lo empuje por desvíos
y trate de encuadrarlo en lo que no quiere para sí
alguien que con pasión abraza lo insostenible
como si ahí estuviera resumida la eternidad
y se libera cortando con lo que sostenía que no era capaz
cortando con los asuntos sin aparente solución
y con esas supuestas fallas de este vivir
que tratan de mostrarse como muy difíciles de cambiar.

Aquí voy cortando con estas frases filosas
lo que está de sobra para simplificar el mundo
podando las ramas que no exponen mi sombra
al sol que está allá afuera siempre radiante
limpiando el armario de la memoria en aquellos rincones
en los que se ha vuelto estéril, lúgubre e inútil
cortando los lazos de las culpas sin resolver
que nos amarran los pies mientras damos el gran salto.

Aquí voy imitando a las estrellas fugaces
que no vacilan al fulgurar aunque nadie las mire
haciendo que el corazón sea como una navaja
abriéndose paso entre capas y capas de deudas
que no quedarán saldadas sino hasta que se enfrenten
cortando los motivos errados que sólo distraen
los riesgos que espantan al no sentir legítima propiedad
sobre el destino...
aquí voy colaborando a que el universo actúe por sí mismo
a la hora de inclinar su borde afilado
cortando con las dudas que entorpecen el espíritu
llevando la paz más allá de un mero lapsus
liberando las ansias de tener o la urgencia de pertenecerse
para ir finalmente un paso más adelante
donde sólo el alma que ha cortado sus raíces
puede llegar a avanzar segura sin voltear atrás.




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