viernes, 16 de septiembre de 2011

LA TV Y EL RUN RUN



Trabajo hace veintisiete años como tramoyista en el canal y nunca antes había presenciado que pasara algo así. Estuve ahí cuando la Quequita le pegó en vivo la cachetada al Negro Peña, cuando el mago Ulo casi se asfixia haciendo un acto o cuando Piñellet era senador y lo funaron con una grabación telefónica.
Yo pensé que ya estaba curtido en las cosas extrañas que pasan en el mundo televisivo. Ese mundo que encandila a la gente, pero que de mágico tiene poco. Quizás porque uno se acostumbra a los gritos, las urgencias, los apuros y las personalidades infladas que parecieran alimentarse de aplausos.
No me olvidaré de esa gala del programa “el Super Talento”, del muchacho flaco con el número 59, que se paseaba con su guitarra eléctrica y se hacía llamar Galo, Galo Libre.
Llegó acompañado de un tipo chico y negro, con acento argentino. Se veía calmado pero incómodo, como que no quería estar ahí. No andaba con una vestimenta estrafalaria, ni estaba preocupado de maquillarse, como varios otros. Parecía observar el zoológico que había a su alrededor, como si él mismo proviniera de otro planeta. Los demás participantes se paseaban por el salón, mirándose con recelo, como si toda su existencia fuera a estar en juego en tan sólo un par de minutos y estuvieran rodeados de posibles rivales que se interponían entre ellos y el éxito.
El muchacho mientras esperaba cantó una canción, fue como si la balbuceara con su guitarra, pero eso bastó para que un grupo de personas se agrupara en torno a él. Resultaba hipnótico con su cadencia, como que a uno le daban ganas de entregarse a su música y se olvidaba de las cosas que estaba haciendo.
Sólo el primer llamado a escenario devolvió las cosas a su normalidad: el trajín acelerado de quienes trabajamos aquí, mezclado con la impaciencia tensa de los que aguardan su turno. Ahí estaban, el domador de perros corriendo detrás de un cachorro rebelde, los mimos fluorescentes molestando a otros participantes con flores imaginarias, el ventrílocuo insultando con su muñeco a la asistente de producción, todo ese circo doméstico y efímero en el que no hay espacio para escuchar, porque cada minuto cuenta y da la impresión de ser más valioso que afuera.
En mi ir y venir, pude ver que Galo estaba conversando con una muchacha vestida de odalisca que presentaría un show tragando sables y tirando fuego por la boca. Ella tenía un “ángel” especial también, hacía que uno la mirara con gracia, con inocencia, casi sin fijarse en que apenas estaba vestida. Al parecer, ella le preguntaba por sus canciones, pero la conversación no duró mucho, ya que el representante del muchacho apareció despotricando contra el canal porque no había podido hablar con el animador como él quería.
Seguí organizando las luces, que son mi especialidad, para que estuviera todo funcionando sin problemas durante el show.
Al volver a pasar entre los concursante noté que Galo estaba irritado, alegándole fuera de sí a uno de los asistentes de producción. Le pregunté a un compañero que había pasado y me contó que su guitarra se había desvanecido. Se la dejó al chicoco argentino mientras iba al baño y al regresar ya no estaba, porque éste ni se preocupó de cuidarla. ¿Cómo podía desaparecer una guitarra sin que nadie la viera?
Vino su turno y lo llamaron al escenario. Aunque en un comienzo no quería salir porque seguía preocupado por la guitarra extraviada, al final lo hizo y se presentó como cantautor, reclamándole al jurado por su guitarra. Los tres miembros del jurado quedaron marcando ocupado cuando el muchacho no quiso hacer su show. Un asesor del productor quiso tratar de salvar la situación en vivo, llevándole otra guitarra, pero él la rechazó diciendo que sólo se presentaría con su guitarra Alicia.
De los famosillos que componen el jurado, al actor de teleseries y al crítico de farándula, les molestó su actitud, pero la bailarina clásica vio algo en él que hizo que le pidiera con amabilidad que por favor cantara sin la guitarra. Sus compañeros del jurado la miraron como si estuviera loca e hicieron sonar sus chicharras antes de que el muchacho pudiera siquiera empezar a cantar. Sin embargo, Galo no les hizo caso y entonó un canto desgarrador que parecía provenir de algún lugar oculto de su alma, era una tonada triste, que seguramente había compuesto pensando en una mujer que amaba de verdad.




EL RUN RUN DEL QUE SERÁ

Que será de tus ojos
que se prenden cuando los veo

que será de tu campo
que regaba con mi cuerpo

que será de los sueños
que florecieron en mi pecho

que será del amor
que he ido esparciendo en este planeta
para que te llegue y te siembre

que será de mi canto
que te busca entre lo bello

que será de los hijos
que sin existir nos tuvieron de padres

que será de estos corazones
en los que hay un yacimiento perpetuo
de ternura

que será del cariño
que nos fuimos negando por fuera
así como la noche se le va escapando
al sol

ay, que sabe la primavera de flores
sin conocerte como yo lo hago

que será ay de la vida
si ya no puedo estar cuando sonríes

que será de esta tierra
sin nosotros que vinimos a ella
a amarnos
como dos caras que giran
en el mismo run run.




Mientras Galo terminaba la canción con su voz que parecía hecha pedazos por un sentir, pasó lo extraordinario. El grupo de focos pequeños que estaban sobre su cabeza empezó a estallar como si nada, dejando caer unas chispas luminosas que se apagaban en el aire antes de llegar al suelo. Algunos miembros del jurado se asustaron, pero ni a la señorita bailarina, ni a mí que estaba observando todo desde un costado del escenario, nos dio miedo. Creo que ella tuvo la misma sensación que yo, la sensación de estar en presencia de algo maravilloso.
Era como si cayeran unos fuegos artificiales divinos, que lentamente iban dejando más a oscuras el escenario.
Normalmente hubiera estado muy preocupado por ese fallo técnico que en la práctica resulta imposible, porque puede fallar un foco o dos, pero jamás varios a la vez. Pero en vez de preocuparme e ir a tratar de ayudar con el percance, me quedé ahí mirando con tranquilidad, como quien ve un milagro que nunca más verá en su vida.
Galo se mantuvo cantando, con los ojos cerrados, ignorante de las luminarias que destellaban sobre su cabeza, emitiendo pequeños ruidos de explosiones que se unían a su voz quebrada orquestando una armonía indescriptible.
Cuando terminó de cantar hubo un silencio de esos que son raros cuando hay público en vivo. La bailarina, con la dulzura que la caracterizaba, tomó la palabra.

- ¿Tú compusiste esa canción?
- Sí... es mía y de mi guitarra ausente.
- A mi me encantó, me llegué a imaginar el sonido de la guitarra e hiciste que nos olvidáramos por completo de los focos quemándose. Ese nivel de concentración y entrega, sólo es capaz de conseguirlo un artista de verdad, por lo que mi voto es “sí”. Quiero que continúes en “Super Talento” y volver a escucharte.
- Yo no opino lo mismo. Me pareció que tu canción es común y corriente, como que resulta muy plana. Le falta algo de ritmo, algo lúdico que la haga más entretenida. Tu interpretación fue apasionada amigo, pero lo que se necesita en un show es divertir y para eso te falta mucho. Tienes que adaptarte al sistema si quieres triunfar. Mi voto es que “no”, no sigues en “Super Talento”.
- Me tocó a mi definir. Complicado, pero es parte del juego de ser jurado. Para serte sincero, te diría que “sí” por lo que mostraste en el escenario, pero mi respuesta es un “no”. No, porque nos hiciste perder tiempo, esperando a que te decidieras a cantar y fuiste incapaz de tocar otra guitarra, lo que me hace dudar de que sepas hacerlo o me habla de tu inflexibilidad y que le das un valor que no tiene, a un objeto material completamente reemplazable.
- Mi guitarra no es reemplazable...
- Gracias por venir, pero estás fuera de “Super Talento”.

Las pifias al jurado tronaban como una tormenta en el estudio. Incluso estando lejos y perdida, podía oírlas.
Finalmente me volví a reunir con Galo. Un asistente de dirección me llevó hasta él, luego de que un tramoya me encontrara en el baño de servicio, donde me había escondido uno de los mimos.
Al verme Galo se alegró y acarició mis cuerdas para sentir si estaba bien.
Carlos Bondanchini, su supuesto mánager, llegó gritándole: “¡Cómo te echás al jurado encima! ¡Sos un porfiado y boludo!”, bla, bla, bla. Aunque al final, después de toda su reconvención, terminó diciéndole: “¿Sabés Galo? Gente como vos ya no queda en el mundo, no cambiés nunca loco, no cambiés...”
Una muchacha linda, de unos veinte años, vestida de odalisca, se acercó a felicitarlo. Tuve la sensación de ese cruce de miradas y latidos del corazón, que anuncian que algo especial pasará entre dos personas. Me puse celosa, como buena guitarra que soy. Al menos no es “la Innombrable” del sur. Ya volvemos a estar juntos y el futuro no es más que una ilusión sin componer.

FIN (continuará)



2 comentarios:

  1. Bien Mauricio me ecantò el poema es bello;que linda forma de expresar lo que muchas veces guardamos en el alma.Que bueno que tu puedas sacar estas palabras dede tus adentros para recordarnos que el amor existe y que lo podemos sentir despuès de cerrar los ojos...conociendo de tus obras me dan ganas de verte en el teatro,entregandote en las tablas que es donde las emociones fluyen y se reciben directamente tal como son...la tv.es lacerante,es una jaula de locas,pero a veces con cietas manibras se puede conducir por dònde nos quieres llevr y yo quiero que me lleves contigo a se mundo que te hace vivir a concho,las emosiones,la vida...los sueños y aventuras.Suerte un beso y mi gratitud por tus lindos poemas.

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  2. extraño a Galo es un personaje al que le le tengo cariño.me pasaban dos cosas con el.Primero que lo trataban mal,casi con falta de respeto. Quizá por su forma de ser o porque es una persona demasiado especial para este mundo tan raro,prefiero decir raro...pero el como personaje te empuja a seguir luchando,es sencillo,humilde y muy virtuoso..Se extraña y se quiere.me pregunto còmo serà su temperamento.bueno un beso grande,felicidades y mucho cariño...Evelyn.

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