miércoles, 10 de agosto de 2011

UNA GUITARRA LLAMADA ALICIA




- Te lo digo como tu mejor amigo Galo... Ese Carlos Bondanchini que tienes de manager es un chanta. ¡Yo era tu verdadero representante!
- ¡Córtala Nito! Tú más allá de decir que eras mi representante no hacías nada.
- ¿Nada? ¿Y los recitales que te conseguía?
- No tengo problemas en tocar gratuitamente para tus amigos y conocidos, pero también tengo que pagarle el arriendo de la pieza a la señora Eulogia. Es un problema práctico.
- Sabes bien que puedes quedarte en la casa de mis viejos cuando quieras.
- No gracias. No me gusta vivir de allegado como tú.
- Tal vez podrías vender la batería con que haces sonar el amplificador de la guitarra.
- Sin batería no puedo tocar en la calle, la Alicia se queda sin voz.
- Si sé, pero ten presente que yo te he ayudado muchas veces, cuando tocas, por ejemplo... ehhh... consiguiéndote el alargador que usas ahora.
- ¿El que le sacaste a tus padres?
- Vamos, dime; ¿Qué tanto ha hecho por tu carrera ese que se cree tu manager?
- Por ahora nada, en ese sentido están casi empatados, un alargador contra un mail que no uso y una página web gratuita. Francamente no me interesa quién sea mi mánager, creo que yo soy el propio mánager de mi vida. Lo que pasa es que no me gusta comercializarme a mí mismo, ni a mis canciones, así que si alguien lo hace por mí y yo me dedico a lo mío, genial.
- Ah claro, ahora no cuentan las fiestas y paseos a los que te invité. Donde has conocido gente, posibles futuros compradores de tus discos...
- Seguro.
- Oye Galo, fíjate que elegante ese tipo que está a la salida de tu pensión, acompañado por dos gorilas con pinta de guardaespaldas. Parece que se equivocó de barrio... Viene para acá, seguro nos preguntará cómo irse de aquí.
- ¡Pierrick!
- ¿Por qué te llama Pierrick? ¿Lo conoces?
- ¡Váyase, ya le dije que no quiero hablar con usted! Mi nombre es Galo.
- Pierrick, deja esa terquedad de lado y acompáñame de vuelta a casa.
- Esta es mi casa, su casa nunca ha sido mi casa.
- Pierrick, lo quieras o no, soy tu padre, déjame que te ayude y olvídate de estas miserias. Vine desde el consulado en Francia a buscarte.
- Podrá ser una miseria, pero es mi miseria y así me gusta. Perdió el tiempo viajando hasta acá, porque lo quiera o no, yo no soy su hijo. No lo fui ayer y no lo seré mañana.

**

Mi nombre es Galo, ese es mi verdadero nombre, aunque haya sido inscrito muchos años antes con el de Pierrick Dasneau León. Pero ese no es mi nombre real, porque yo no lo elegí ni lo quiero. Me autobauticé Galo, porque cuando niño me gustaba leer “Asterix y Obelix”. Asterix el Galo, era el héroe de la Galia, el único territorio de Francia que no pudo ser conquistado y sometido por Julio César... Pero mi nombre es lo de menos, en vez de hablar de mí, les contaré una historia, la historia de una guitarra llamada Alicia.
Relataré los hechos como a mí me contaron que ocurrieron, porque empezaron a sucederse cuando yo aún no había nacido. Se los escuché narrar en innumerables ocasiones a mi abuela materna, la Tena (cambiando un poco la historia o dándole matices distintos, según mi estado de ánimo).
Mi abuela Tena, es una mujer de esas que viven tan envueltas en lo doméstico, que parecieran volverse ajenas al mundo que las rodea, pero inexplicablemente tienen una claridad rotunda y absoluta de las cosas, que uno ni siquiera puede llegar a imaginar. Es como si ya viniera de vuelta cuando uno recién va.
Lo importante no es tanto lo que pasó, sino la forma en que recuerdo lo que pasó. La historia que les voy a contar es como un cuento o una canción popular heredada en la memoria:

“Violeta era una niña alegre que desde pequeña podía hablar con las cosas vivas o inanimadas y adivinar el futuro como si éste fuera un paraguas abierto sobre su cabeza.
Cuando adolescente Violeta floreció haciéndole honor a su nombre. Su cuerpo se transformó y arremetió en el paisaje de la vida con una belleza inusitada. Pretendida por varios que quisieron amarrarla al amarla, ella sólo amaba el viento y el sol. Estaba acostumbrada a no tener mucho, a maravillarse con lo que encontrara en su camino, como si hubiera sido puesto ahí sólo para ella. Era una protegida por el cielo y el aire que parecían bajar a buscarla desde la cordillera, cuando salía a recorrer las calles con su sonrisa.
Un día en su vida apareció un hombre gracioso, peligrosamente atractivo, rutilante, como el árbol de la tentación. Proveniente de esas familias que dan la impresión de tener demasiado, pero que sin embargo nada les resulta suficiente. Violeta vio el futuro con su corazón y supo que él sería el amor y la perdición de su existencia. No le importó el sufrimiento ni los días oscuros que se asomaban a su paso como nubes escondidas tras un arcoíris. “El amor llega y no se elige, se elige y no se transa”, decía con valentía.
Violeta se fue a Montpellier, siendo aún una niña con cuerpo de mujer y allá empezó a languidecer de a poco, como una flor que está en un florero en vez de estar plantada en la tierra a la que pertenece. En ese mundo nuevo y extraño, ya no escuchaba hablar a lo que la rodeaba. Las calles, los animales, el pasto, hasta el sol, enmudecieron.
Ella se sintió sola, vacía, cada vez más controlada, presionada a encajar con otros distintos a ella, a instruirse en una cultura que no era la suya, en unos modales y costumbres que no conocía ni deseaba conocer. Su amor la tentaban a comprar y consumir sin freno para compensar su melancolía, mientras él, teniéndola conquistada y a su merced, era como si ya no la viera más como a una mujer iluminada por la naturaleza.
Fue entonces cuando en un arrebato se compró esa guitarra eléctrica, carísima, como acto de rebeldía que ni ella misma comprendió, porque no sabía tocar guitarra y sabía que jamás aprendería a hacerlo. Sin embargo, pasó muchas tardes acariciando sus cuerdas como única compañía. Esperando la posible visita de su amado amante. La bautizó Alicia, como la araña que una vez cuando niña, le contó que al otro día habría un temporal y moriría su hermano, y así ocurrió.
Alicia fue testigo privilegiada de lo que vendría después, ese embarazo tormentoso y oculto, los delirios, los cantos infantiles para pasar las penas y las largas conversaciones con el niño en el vientre. El parto lo vivió sola, en un hospital discreto, durante una noche tan fría que sacudió el alma de la ciudad de arriba abajo. Su amor tenía otros compromisos, otras obligaciones que le impidieron estar presente. Ella ya podía oler su miedo, sus dudas por el posible escándalo que podría causar aquella criatura.
Violeta logró un mes después que la Tena fuera a buscar al niño y se lo entregó a escondidas para que se lo llevara para siempre. Esa fue su despedida. Violeta ya no era ella, se había secado. Ya no era una amante libre y feliz, era su hora, ya no tenía más vida por entregar. La siguiente noche voló como Ofelia, como un pájaro herido que cruza mares y cordilleras, más allá de los vidrios del ventanal de su departamento.
Tena emprendió el viaje en avión con la criatura, la guitarra y unas historietas que quiso dejarle como únicos recuerdos materiales suyos. El viento pareció empujar la aeronave con un ahínco especial, haciéndola avanzar en el aire entre turbulencias, sin que nada pudiera detenerla, hacia un destino lejano en el que Violeta no sería más que un recuerdo.”

Esa es la historia de Alicia y de Violeta, de Francia, de tiempos pasados que son empañados en ocasiones por el olvido. Sin embargo, hasta el día de hoy, cuando necesita consuelo, Violeta me visita en sueños, para tirarme las orejas, soplarme el cabello y pedirme que le tararee en mi cabeza su canción:


HOY TE TENGO

Hoy te tengo tranquila en la memoria
como una hoja que flota en el agua
estás enraizada en la naturaleza
cual trigo vertiginoso
dormido entre sueños de campo
tan simple como una aguja
que no ha hallado mejor rebeldía
que enhebrar el aire puro para renovarse
o pinchar las sensaciones
que se revuelven como las olas
olas que te alejan
olas que te acercan a mi orilla
y al sentirlas me unen a ti alma a alma
haciendo que cierre los ojos e irradie un calor
que no se deja vencer por los años
luz vital para que te equilibres sobre las piedras
al levantarte a caminar en mi morada
al desplegar otra vez las alas de tu belleza
a la que mis manos no pudieron llegar
pues es sólo mi hondura la que te contempla
y el fantaseo de mi melancolía lo que te anima
a seguir manteniéndote hermosa
en el recuerdo que de ti no tengo
y que tuve que inventar
perdonando tu ausencia
perdonando tu desaparición
el abrazo que no me diste
la ilusión partida serenada por el tiempo
como un fruto que se ha secado
antes de poder saciar el hambre de quien se ama
como una semilla rabiosa de pasión
enclavada aquí en la superficie de la tierra
que mis palabras te lleguen para darte abrigo
y que te hagan compañía
que el canto libre de mi corazón te alegre
en el frío de la noche eterna
volveré a sonreír por ti muchas veces
para entretenerme imaginando
que a través de mí también sonríes
y que de alguna forma estamos conectados
pues aquí tienes a tu disposición todo el amor
que no llegué a entregarte en persona
materia con la que modelar el cielo
para que allá donde aún revolotea tu sombra
allá donde reverdece tu voz
y se desgrana tu espiga
puedas cubrirte de sol y de estrellas.


FIN (continuará)

1 comentario:

  1. un fruto seco que no pudo saciar el hambre de quien se ama...creo que esta frase es perfecta;porque un fruto seco permanece mucho tiempo esperando saciar el hambre y más si se trata de la persona amada y mientras permanezcan presentes tus palabras este fruto se hidratarà hasta entregar un nuevo sabor a tus papilas que se fundirán con las delicias de tu boca...quiero que mi semilla germine en tu corazón como la hiedra para cubrirte por completo de besos y caricias que dibujo para ti en tu ausencia del cuerpo,pero no de tu esencia.Me haces flotar por el aire cada vez que me inventas en una canción,en un deseo aún cuando no quieres saber de mi y le hechas la culpa al pasado de no vivir el presente que no se quiere apartar del futuro...entre tu y yo solo hay un camino y ese camino es el de la felicidad Y si esa felicidad durase solo un día,sería nuestra mayor osadía y tendríamos una verdadera historia de amor para contar a futuras generaciones.Para que el temor no les haga perder el sentido,para que anden por la vida saltando de contentos y no mareados por los besos no dados por las caricias acalladas por esa sangre que por no dejar fluir se estanca en nuestras venas,disfrazando de olvido eso que los sueños traen una y otra vez a la memoria como quien cobra una deuda impaga...Me encanta lo que expresas y la forma de hacerlo también eres lejos muy virtuoso.

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