miércoles, 24 de agosto de 2011

59



TRIS PARA AFUERA

Un soplo te lleva
a donde no hay día ni noche
tú ya te alejas
pero no lo notas
porque tu vida es otra
muy distinta por momentos
no ves que siento esta pena
que no se quiere ir
esta falta de presencia
que no pide milagros
ni una mano en el hombro
ni un beso fraguado sin final
que se va quebrando de a poco
sin distinguir de qué fuimos hechos
un enredo de barro y sangre
un pantano de palabras
una ciénaga de lágrimas
sin fondo ni trasparencia
pero con una fibra de oro
que trepida como un sol
en la oscuridad del mutismo
yo no estuve contigo
para que me entendieras
tan sólo para seguir amándote
tras cada intento fallido
pues cada quién persigue
lo que le va sucediendo
es mi manera lo sé
y yo ya no identifico a nadie
en este mundo de piedra
sigo estando lejos
alegre de conocer las estrellas
pero triste y nocturno
por no volver a abrazarte
de vuelta como ayer
deja que un soplo comience
a susurrar pausadamente
y que me lleve contigo el alma
mirando esta ventana cerrada
mientras se abre al infinito una puerta
para que de mi salga algo como tú
y sonriendo en un tris de amor
me salude.

-¡Dejá esa guitarra un rato y escucháme! ¡Lo hemos logrado ché!
- ¿Qué cosa?
- El camino a la fama... ¡Acá mismo empieza! Te lo juro muchacho, como que me schamo Carlos Bondanchini. ¡59 ché! ¡Sos el 59!
- ¿Qué es eso?
- ¡Tu número pibe!
- ¿Número de qué?
- Mirá Galo, los dejaste locos... llevé el video de la peña en el Liceo de la semana pasada. ¡Los maté pibe! ¡Estás inscrito para la preselección! ¡Aparecerás en la tele boludo!
- ¿La preselección de qué!
- ¡ST! ¡“el Super Talento”!. El programa que busca artistas como vos y la rompe en estos días. En qué mundo vivís ché, en qué mundo vivís...

FIN (continuará)





miércoles, 10 de agosto de 2011

UNA GUITARRA LLAMADA ALICIA




- Te lo digo como tu mejor amigo Galo... Ese Carlos Bondanchini que tienes de manager es un chanta. ¡Yo era tu verdadero representante!
- ¡Córtala Nito! Tú más allá de decir que eras mi representante no hacías nada.
- ¿Nada? ¿Y los recitales que te conseguía?
- No tengo problemas en tocar gratuitamente para tus amigos y conocidos, pero también tengo que pagarle el arriendo de la pieza a la señora Eulogia. Es un problema práctico.
- Sabes bien que puedes quedarte en la casa de mis viejos cuando quieras.
- No gracias. No me gusta vivir de allegado como tú.
- Tal vez podrías vender la batería con que haces sonar el amplificador de la guitarra.
- Sin batería no puedo tocar en la calle, la Alicia se queda sin voz.
- Si sé, pero ten presente que yo te he ayudado muchas veces, cuando tocas, por ejemplo... ehhh... consiguiéndote el alargador que usas ahora.
- ¿El que le sacaste a tus padres?
- Vamos, dime; ¿Qué tanto ha hecho por tu carrera ese que se cree tu manager?
- Por ahora nada, en ese sentido están casi empatados, un alargador contra un mail que no uso y una página web gratuita. Francamente no me interesa quién sea mi mánager, creo que yo soy el propio mánager de mi vida. Lo que pasa es que no me gusta comercializarme a mí mismo, ni a mis canciones, así que si alguien lo hace por mí y yo me dedico a lo mío, genial.
- Ah claro, ahora no cuentan las fiestas y paseos a los que te invité. Donde has conocido gente, posibles futuros compradores de tus discos...
- Seguro.
- Oye Galo, fíjate que elegante ese tipo que está a la salida de tu pensión, acompañado por dos gorilas con pinta de guardaespaldas. Parece que se equivocó de barrio... Viene para acá, seguro nos preguntará cómo irse de aquí.
- ¡Pierrick!
- ¿Por qué te llama Pierrick? ¿Lo conoces?
- ¡Váyase, ya le dije que no quiero hablar con usted! Mi nombre es Galo.
- Pierrick, deja esa terquedad de lado y acompáñame de vuelta a casa.
- Esta es mi casa, su casa nunca ha sido mi casa.
- Pierrick, lo quieras o no, soy tu padre, déjame que te ayude y olvídate de estas miserias. Vine desde el consulado en Francia a buscarte.
- Podrá ser una miseria, pero es mi miseria y así me gusta. Perdió el tiempo viajando hasta acá, porque lo quiera o no, yo no soy su hijo. No lo fui ayer y no lo seré mañana.

**

Mi nombre es Galo, ese es mi verdadero nombre, aunque haya sido inscrito muchos años antes con el de Pierrick Dasneau León. Pero ese no es mi nombre real, porque yo no lo elegí ni lo quiero. Me autobauticé Galo, porque cuando niño me gustaba leer “Asterix y Obelix”. Asterix el Galo, era el héroe de la Galia, el único territorio de Francia que no pudo ser conquistado y sometido por Julio César... Pero mi nombre es lo de menos, en vez de hablar de mí, les contaré una historia, la historia de una guitarra llamada Alicia.
Relataré los hechos como a mí me contaron que ocurrieron, porque empezaron a sucederse cuando yo aún no había nacido. Se los escuché narrar en innumerables ocasiones a mi abuela materna, la Tena (cambiando un poco la historia o dándole matices distintos, según mi estado de ánimo).
Mi abuela Tena, es una mujer de esas que viven tan envueltas en lo doméstico, que parecieran volverse ajenas al mundo que las rodea, pero inexplicablemente tienen una claridad rotunda y absoluta de las cosas, que uno ni siquiera puede llegar a imaginar. Es como si ya viniera de vuelta cuando uno recién va.
Lo importante no es tanto lo que pasó, sino la forma en que recuerdo lo que pasó. La historia que les voy a contar es como un cuento o una canción popular heredada en la memoria:

“Violeta era una niña alegre que desde pequeña podía hablar con las cosas vivas o inanimadas y adivinar el futuro como si éste fuera un paraguas abierto sobre su cabeza.
Cuando adolescente Violeta floreció haciéndole honor a su nombre. Su cuerpo se transformó y arremetió en el paisaje de la vida con una belleza inusitada. Pretendida por varios que quisieron amarrarla al amarla, ella sólo amaba el viento y el sol. Estaba acostumbrada a no tener mucho, a maravillarse con lo que encontrara en su camino, como si hubiera sido puesto ahí sólo para ella. Era una protegida por el cielo y el aire que parecían bajar a buscarla desde la cordillera, cuando salía a recorrer las calles con su sonrisa.
Un día en su vida apareció un hombre gracioso, peligrosamente atractivo, rutilante, como el árbol de la tentación. Proveniente de esas familias que dan la impresión de tener demasiado, pero que sin embargo nada les resulta suficiente. Violeta vio el futuro con su corazón y supo que él sería el amor y la perdición de su existencia. No le importó el sufrimiento ni los días oscuros que se asomaban a su paso como nubes escondidas tras un arcoíris. “El amor llega y no se elige, se elige y no se transa”, decía con valentía.
Violeta se fue a Montpellier, siendo aún una niña con cuerpo de mujer y allá empezó a languidecer de a poco, como una flor que está en un florero en vez de estar plantada en la tierra a la que pertenece. En ese mundo nuevo y extraño, ya no escuchaba hablar a lo que la rodeaba. Las calles, los animales, el pasto, hasta el sol, enmudecieron.
Ella se sintió sola, vacía, cada vez más controlada, presionada a encajar con otros distintos a ella, a instruirse en una cultura que no era la suya, en unos modales y costumbres que no conocía ni deseaba conocer. Su amor la tentaban a comprar y consumir sin freno para compensar su melancolía, mientras él, teniéndola conquistada y a su merced, era como si ya no la viera más como a una mujer iluminada por la naturaleza.
Fue entonces cuando en un arrebato se compró esa guitarra eléctrica, carísima, como acto de rebeldía que ni ella misma comprendió, porque no sabía tocar guitarra y sabía que jamás aprendería a hacerlo. Sin embargo, pasó muchas tardes acariciando sus cuerdas como única compañía. Esperando la posible visita de su amado amante. La bautizó Alicia, como la araña que una vez cuando niña, le contó que al otro día habría un temporal y moriría su hermano, y así ocurrió.
Alicia fue testigo privilegiada de lo que vendría después, ese embarazo tormentoso y oculto, los delirios, los cantos infantiles para pasar las penas y las largas conversaciones con el niño en el vientre. El parto lo vivió sola, en un hospital discreto, durante una noche tan fría que sacudió el alma de la ciudad de arriba abajo. Su amor tenía otros compromisos, otras obligaciones que le impidieron estar presente. Ella ya podía oler su miedo, sus dudas por el posible escándalo que podría causar aquella criatura.
Violeta logró un mes después que la Tena fuera a buscar al niño y se lo entregó a escondidas para que se lo llevara para siempre. Esa fue su despedida. Violeta ya no era ella, se había secado. Ya no era una amante libre y feliz, era su hora, ya no tenía más vida por entregar. La siguiente noche voló como Ofelia, como un pájaro herido que cruza mares y cordilleras, más allá de los vidrios del ventanal de su departamento.
Tena emprendió el viaje en avión con la criatura, la guitarra y unas historietas que quiso dejarle como únicos recuerdos materiales suyos. El viento pareció empujar la aeronave con un ahínco especial, haciéndola avanzar en el aire entre turbulencias, sin que nada pudiera detenerla, hacia un destino lejano en el que Violeta no sería más que un recuerdo.”

Esa es la historia de Alicia y de Violeta, de Francia, de tiempos pasados que son empañados en ocasiones por el olvido. Sin embargo, hasta el día de hoy, cuando necesita consuelo, Violeta me visita en sueños, para tirarme las orejas, soplarme el cabello y pedirme que le tararee en mi cabeza su canción:


HOY TE TENGO

Hoy te tengo tranquila en la memoria
como una hoja que flota en el agua
estás enraizada en la naturaleza
cual trigo vertiginoso
dormido entre sueños de campo
tan simple como una aguja
que no ha hallado mejor rebeldía
que enhebrar el aire puro para renovarse
o pinchar las sensaciones
que se revuelven como las olas
olas que te alejan
olas que te acercan a mi orilla
y al sentirlas me unen a ti alma a alma
haciendo que cierre los ojos e irradie un calor
que no se deja vencer por los años
luz vital para que te equilibres sobre las piedras
al levantarte a caminar en mi morada
al desplegar otra vez las alas de tu belleza
a la que mis manos no pudieron llegar
pues es sólo mi hondura la que te contempla
y el fantaseo de mi melancolía lo que te anima
a seguir manteniéndote hermosa
en el recuerdo que de ti no tengo
y que tuve que inventar
perdonando tu ausencia
perdonando tu desaparición
el abrazo que no me diste
la ilusión partida serenada por el tiempo
como un fruto que se ha secado
antes de poder saciar el hambre de quien se ama
como una semilla rabiosa de pasión
enclavada aquí en la superficie de la tierra
que mis palabras te lleguen para darte abrigo
y que te hagan compañía
que el canto libre de mi corazón te alegre
en el frío de la noche eterna
volveré a sonreír por ti muchas veces
para entretenerme imaginando
que a través de mí también sonríes
y que de alguna forma estamos conectados
pues aquí tienes a tu disposición todo el amor
que no llegué a entregarte en persona
materia con la que modelar el cielo
para que allá donde aún revolotea tu sombra
allá donde reverdece tu voz
y se desgrana tu espiga
puedas cubrirte de sol y de estrellas.


FIN (continuará)

martes, 2 de agosto de 2011

EL MANAGER



RECUECA DE LO QUE ME GUSTA

Me gustan las parejas que se besan en público
porque se quieren
me gustan las personas que se ríen con ganas
y como que se iluminan desde adentro
me gustan los animales libres
que corretean, brincan y huelen
lo felices que son como son
me gustan los niños que preguntan para saber
e idean juegos divertidos a cada rato
me gusta comer lo que ha sido cocinado con cariño
beber de lo que maceró la tierra
me gusta el agua cristalina y trasparente
me gustan los abrazos de quienes se recuerdan
con afecto en el corazón

me gusta que salga el sol luego de un aguacero
el viento fresco que suspira cuando hace calor
las gotas de lluvia que van lavando
los apasionados rincones de mi capital
me gusta que las construcciones
recuperen sus colores originales
y los días luminosos me gustan
porque como que le sacan brillo a la cordillera
para que nos sonría a todos

me gusta tomarme el tiempo para escribir
lo que me gusta
me gusta llorar hasta sentirme vacío
llenarme con la dicha de poder
forjar el mundo a mi manera
y rememorar el pasado con agradecimiento y decir:
me gustan las mujeres que se sienten bellas
por el sólo hecho de ser mujeres
me gustan los ancianos que enseñan la paz
aunque nadie se los pida
y la esperanza que dan quienes parecen desvalidos
pero se las ingenian para salir adelante
¡me gusta la vida!
me gusta descubrir cosas que ni imaginaba
crearme nuevas obsesiones para gozar de las horas
las fotografías que captan el alma
las películas que emocionan
las canciones que te hacen cantar

me gusta lo que me gusta
porque me da el sentido
la salud la libertad la pasión
el amor por lo que se ama...
por eso me gusta
desde poder sacarme los zapatos que aprietan
hasta que sonrías después de cada orgasmo
mientras me miras cómo me gusta.

- Esa es la última que escribí. Es una especie de cueca pero con arreglos modernos.
- ¿Me tomás el pelo? ¿Una especia de cueca me decís?
- Sí. Algo alegre.
- Alegre mi abuela cuando baila el tango, pero cueca nada. ¡Eso no se lo vendés ni a tu madre!
- Difícil, porque mi madre falleció hace varios años.
- Bueno, pero ni estando viva te comprá una cueca, pibe. Disculpame, yo respeto mucho el neo-folclor, lloré como un pibe cuando murió Mercedes Sosa, la más grande... pero no te voy a mentir. Te estás cortando las piernas sólo, ché.
- Pero me gustó escribir esa letra, es positiva, reflexiona un poco sobre lo que nos hace ser personas.
- Mirá tengo que ser muy sincero o no serviría de manager, perdoname si te parezco brutal, pero yo sé mucho más que vos de esto... Ese quilombo de frases que ponés en ésta y en otras canciones que me has mostrado, no te van a conducir a ninguna parte.
- ¿Qué tiene de malo ésta? Es lo que opino sobre las cosas que me gustan. Es mi verdad.
- A ver muchacho, la gente no quiere verdades. Si sos famoso escribí lo que querás, te hacés el boludo intelectual y todas esas macanas, pero de partida la letra es muy larga. Como que decís mucho, mucha metáfora aquí y allá, que no va a ninguna parte. Además le falta estribillo, algo que pegue loco. Esto es como la mercadotecnia de un producto, tenés que repetirle el slogan a la muchedumbre para que se le quede metido en la sesera y se caliente con él. ¿Me seguís?
- No mucho.
- A ver, por ejemplo, de qué es lo que más te gustá escribir.
- Del amor. De las mujeres. De la vida.
- ¡Las mujeres muchacho! En tus canciones tenés que hablarle a las mujeres como a ellas les gusta que les hablen. ¿Tenés novia?
- Creo que no.
- ¿Cómo es eso? ¿Creés que no? ¿Ves que sos enredado chico? Mirá, la regla básica es que vos tenés que decirle a las mujeres que te escuchan, lo que ellas quieren oír: que están buenas, que te gusta cómo se menean, que tienen un cuerpo excitante, aunque estén hecha bolsa... ¡Ese es todo el misterio, ché! Lo de los abrazos, besitos y la pavada del romanticismo está bien para los abuelitos, pero la mujer moderna quiere acción. Que le digan “mamita”, “corazón, me desesperas” o “negra, vení que te voy a dar lo que necesitás”. Insinuar más, más sexualidad muchacho, ser más directo, con más ritmo y menos fraseo. ¿Me entendés?
- Algo, pero creo que es evidente que me encanta la sexualidad de la mujer y supongo que así lo expreso en mis letras.
- El problema es que sos muy remilgado pibe. Lo del amor está bonito, pero el concepto es: “tengamos un buen sacudón nena y de ahí vemos qué pasa con el amor”. O decir: “al carajo con el amor, soy un rebelde y todo está podrido, cométe mis letras si no te agradan”. Yo sé que tengo talento para inventar letras, si querés me copiás las ideas, pero no puedo hacer el laburo por vos loco. ¡La actitud lo es todo!. A lo rockstar. ¿Captás?
- Es que no quiero ser rockstar.
- No podés ganarte la guita pretendiendo ser Bob Dylan o Charly García, a ellos dejále la movida excéntrica revolucionaria, lo conceptual de cambiar al mundo con flores y palabras lindas... La plata está ahí muchacho, es cosa que vos cambiés un poco tu estilo, esa pinta de chico medio marginal y quizá aprendiendo un par de movimientos para hacerlos cuando toqués...
- ¿Movimientos?
- Como te dije, la plata está esperándote, está en vos que la tomés con firmeza como si alguien te la hubiera birlado.
- Nadie me ha quitado nada.
- Calmáte. Yo te entiendo, también fui del barrio como vos. No te preocupés, dejámelo a mí, mirá que conmigo estás condenado al éxito pibe. Decíme: ¿Tenés un sitio en feisbuk?
- No uso internet.
- ¡Pero boludo! ¡¿En qué mundo vivís? !Sin celular! ¡Sin internet! Sos un caso... ¿Dónde estarías sin mi?
- Tocando la música que me gusta hacer quizás, viendo qué pasa a mi alrededor. Viviendo.
- No te pongás en esa, ingrato, mirá que yo he sacrificado grandes proyectos en los que estaba, por dedicarme a tu éxito. Ya cuando llueva la guita me pagarás con creces lo que estoy haciendo por ti. Te crearé un correo eléctrico y te haré un sitio en feisbuk para que te encuentre la gente. Hoy en día todo pasa en la internet muchacho.
- ¿Incluso la vida?
- ¡Sobre todo la vida!

FIN (continuará)









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