miércoles, 4 de mayo de 2011

EL VESTON GRIS



Dos hojas de carta llevaba.

En una anoté un poema llamado “Pre-Mortem” y en la otra traté de retratar tu ausencia. Arrugué ambos papeles y los guardé en mi vestón gris a rayas, el mismo que alguna vez tiré al pie de tu cama y fue nuestro testigo mudo al amarnos. Ese que me pongo cada tantos años para no perder la costumbre de quien fuera ayer.

El primer papel lo puse en un bolsillo de adentro, agujereado por el uso y la experiencia de estar acá. El otro lo deposité en el bolsillo que va sobre el pecho junto a un ojal enigmático que pareciera que fuera para prender la rosa roja que simboliza el amor.
Ambas hojas arrugadas echaron raíces en el interior de ese molde de tela vacío sin mi cuerpo y supongo que misteriosa y misericordiosamente, entremedio de las costuras, con el transcurrir de los meses y el encierro, se juntaron.

Cuando tiempo después usé el vestón para ir a una fiesta a la que no fui invitado, no encontré ninguno de los papeles en los bolsillos dónde los dejado, como si hubieran desaparecido.

Allí sólo había silencio.


1 comentario:

  1. no se puede guardar en un papel,lo que se atesora en cada fibra de la piel,a cada rato,en todo lugar y en cualquier momento, por eso no encontraste nada en los bolsillos...

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