martes, 8 de marzo de 2011

EL NOVIO (DES)APARECIDO


- Quiero que me ayude a encontrar a mi novio... quiero decir, a mi ex novio.
- ¿Cuándo fue la última vez que lo viste? – Respondió Isidro con compasión por la muchacha.
- Hace tres años y dos días exactamente, durante su funeral.

Podría haber cuestionado su respuesta, pero lo inusual era habitual para Isidro Blanco. Su memoria también armaba un puzle con piezas que debía ir recolectando a cada paso y cuyos espacios vacíos le permitían ver más allá de los vericuetos de la supuesta normalidad que nos rodea.
La muchacha largó un suspiro nervioso y empezó a enhebrar su relato mientras el iris de sus ojos parecía nublarse cada vez más.

“Una noche lluviosa en que nos íbamos a juntar, el auto patinó con el agua y terminó volcado partiéndose en dos contra un poste, para luego estallar en llamas.
Pasaron tres años desde el accidente y justo en la fecha del aniversario de su muerte, empezó todo. Primero fue un mensaje de texto, que decía: “no te preocupes, voy en camino amor... pronto llegaré (cfa)”. El mensaje había sido mandado desde su teléfono móvil y me perturbó tanto que traté de hablar con su madre para saber el paradero del teléfono, pero supuse que había sido destruido por el fuego. Lo más choqueante en el mensaje, eran esas tres letras, “cfa”, encerradas en un paréntesis. Una sigla amorosa que sólo conocíamos nosotros, nadie más que nosotros...
Al siguiente día, después de ese hecho curioso, me llegó un correo electrónico de él. Venía de la cuenta que solía ocupar en vida y me saludaba como si nada hubiera pasado. Me decía que me vendría a ver durante la noche y que estaba ansioso de contarme algo que le había pasado en el trabajo. Otra broma cruel supuse. ¿Pero quién más que él podría conocer la clave de su correo?
Esa noche recibí una llamada de él. Su teléfono seguía figurando en mis registros y a medida que sonaba, lo sentía como si un cristal se restregara contra una superficie lisa, emitiendo uno de esos chirridos que son capaces de poner los pelos de punta. Dejé que la melodía del celular se repitiera varias veces, con su nombre parpadeando en la pantalla del aparato, algo que hacía tres años era absolutamente común, pero ahora adquiría tintes trágicos y tenebrosos.
Cuando me armé de valor y dije “aló”, pude oírlo... Su voz era frágil y lejana, como si estuviera bajo tierra. Me dijo que quería verme, que las cosas se aclararían y pronto estaríamos juntos. Que alguien se estaba interponiendo entre los dos. Luego la llamada se cortó y cuando traté de llamar de vuelta, figuraba sin señal. Estoy segura de que era su voz, eso no es fácil de falsear como un mensaje de texto o un e-mail.
Me puse a meditar y me acordé de aquella mujer de pelo castaño con un par de mechas blanquecinas sobre la frente. ¡Tenía que ser ella! Apareció pocos días antes del accidente. Lo seguía como un fantasma, aunque él decía que no tenía idea de quién era. Ella estaba ahí cuando salía del trabajo, cuando íbamos a pasear o incluso a bailar. Al principio resultaba una casualidad exasperante, pero luego me di cuenta de que lo acosaba y cuando quise que enfrentarla para preguntarle por qué lo seguía, desapareció como por arte de magia entre las sombras. Más tarde vendría el accidente fatídico y el resto es historia. Como era de esperar la mujer misteriosa no se presentó, ni siquiera para su funeral. De hecho hasta me habría olvidado completamente de ella, si no hubieran empezado a pasar todos esas comunicaciones extrañas los últimos días. Tal vez ella esté involucrada en el accidente.
A veces creo que también pudo estar relacionada la compañía en la que trabajaba. Quizá un descubrimiento suyo hizo necesario que lo borraran del mapa. A lo mejor su madre también estaba involucrada y ella tiene ese maldito teléfono que aún llama. Nunca fui una santa de su devoción y siempre le causé desconfianza. Pero esa mujer con el cabello raro definitivamente debe ser la pieza clave de este enigma.
Yo no he podido superar todo esto, le juro que he tratado, pero de verdad que nos amábamos y teníamos planes de casarnos y vivir felices juntos para siempre. Planes que de un momento a otro quedaron consumidos por la hoguera de la muerte. Es como si el tiempo se hubiera detenido después del choque fatídico y quedara en animación suspendida en algún lugar del presente.”

- ¿Me cree verdad? – Inquirió con nerviosismo una vez finalizada su narración.
- Por supuesto que te creo.
- ¿Qué puede hacer por mi entonces?
- Trataré de ayudarte encontrándolo... ¿Tienes una fotografía de él?
- Sí. Aquí ando trayendo una. – Abrió un bolsillo de su blusa blanca y extrajo una pequeña fotografía tamaño carnet.

Isidro observó la imagen unos segundos y después la guardó en su chaqueta de cuero. Se mantuvo en silencio mientras contemplaba a través del rostro afligido de la muchacha, hasta que le preguntó:


- ¿Cómo llegaste hasta mi?
- Una mujer colorina me dijo que sería capaz de auxiliarme y no sé por qué tuve el presentimiento de que sólo usted, siendo poeta, podría entenderme... ¿La conoce a esa mujer colorina?
- De toda una vida y de más de una vida.- Dijo él, mientras con una sonrisa apuraba en su garganta el remanente de whisky que había antes en el vaso.

Una semana después se encontraron a la misma hora, en el mismo bar olvidado. Ella vestía la blusa blanca de la última vez y parecía que tenía el corazón expectante. Se sentó a su lado en la barra y antes de que ella alcanzara a preguntarle, Isidro lanzó un: “Sí... hablé con él”, que pareció devolverle el alma al cuerpo.

- ¿Qué le dijo? ¿Dónde está? ¿Qué pasó con él después del accidente? – Exclamó ansiosa, atropellándolo con preguntas.
- Me pidió que te dijera lo siguiente: “Puedes continuar con tu camino, te amo más allá de la muerte. Yo sabré cuidarme bien y probablemente en otro universo volveremos a estar juntos”.- Mintió, sin sentirse culpable por haberlo hecho.
- ¿Eso es todo? ¿Pero está vivo aún? ¿Puedo verlo?
- No. Ambos están en dimensiones paralelas que no pueden aproximarse más de lo que lo han hecho hasta ahora, porque resulta imposible que convivan a la vez. – Afirmó Isidro sintiendo un poco de pena por la joven.
- Pero y la mujer con las mechas blancas, su madre o quizá la compañía están metidos en esto. ¡Tal vez hasta usted es parte de este complot y ni siquiera habló con él!
- Por sí dudabas, él me pidió que te dijera otra cosa... algo que te haría seguir tu propio destino.
- ¿Qué cosa? – Dijo sujetando su brazo con desesperación, como si fuera el pasamanos de un bus que ha perdido el control.
- “Cosquillas frotando amor”... – Susurró Isidro con suavidad sintiendo la piel de su brazo quemándose.
“cfa”, pensó ella, mientras sus dedos soltaban el brazo de Isidro, que ya presentaba unos tintes purpúreos donde antes lo había apretado.
- ¿Qué voy a hacer? – Suspiró con los labios entreabiertos y pálidos.
- Seguir... sólo seguir a dónde tengas que ir.

La muchacha se empezó a alejar con un gesto de consuelo en su rostro. Era como si el viento se la llevara.

- Por favor si vuelves a ver a esa mujer colorina, dile que la sigo esperando.... – Aseveró Isidro Blanco, mientras levantaba su copa en una especie de brindis. Ella le sonrió justo antes de desaparecer por la puerta del bar, mientras el cantinero se acercaba con curiosidad a Isidro. Este le pidió que le sirviera otro trago.
- Disculpe señor - le dijo el sujeto mientras depositaba el líquido dorado en el vaso.- ¿Con quién estaba hablando?

No le había sido tan difícil encontrar la dirección de él, pero sí atreverse a ir hasta su puerta. Allí le abrió la mujer de pelo castaño, con los mechones blancos que ella había mencionado, agitándose sobre su frente. Era su esposa. Con ella se había casado hacía apenas unos meses. Tanto ella, como su propia madre, habían experimentado recientemente atisbos paranormales, respecto a la presencia de su novia muerta en un accidente de tránsito hacía más de tres años.
El sujeto no podía creer sus palabras cuando le dijo que ella aún estaba tratando de ubicarlo y más difícil fue cuando le describió la misma blusa blanca con la que había sido enterrada, pero terminó por convencerse en el instante en que le dio la fotografía de carnet de él. Esa foto que había puesto él mismo adentro del ataúd de ella a modo de despedida final.
¿Por qué será que a los muertos a veces les cuesta convencerse de que están muertos y a los vivos por su parte les cuesta tanto asumir lo vivos que están?

- Señor... ¿Se siente bien? – Agregó el cantinero ante la no respuesta de Isidro a su anterior pregunta.
- Mejor que nunca.- Respondió tomándose el contenido del vaso con un solo sorbo.- Sólo estaba hablando conmigo mismo y con un fantasma que no quiere dejar de aferrarse a su pasado. ¿Acaso no somos todos así?

FIN

jueves, 3 de marzo de 2011


Por más que divagué por el dial
no pude encontrar una canción que hablara por mi
ni que transformara en un beso mi voz
y como soy bastante porfiado y me creo artista
preferí arremangarme las venas y componerte
una CANCION PARA QUE TENGAS UN DIA MEJOR:

Te ofrezco tiempo para perder
sin reembolso
gotas de sudor alegre en tu espalda
ataques mortales de risa
temblores incontrolables en tu cintura
vivir hoy sin seguro de vida
ni presupuesto
y dejar que tu cuerpo le hable a mi cuerpo
al bailar

al querernos este ya es un día mejor

Mi corazón descubrió hace poco
el secreto de la eterna juventud
te lo telegrafiaré
a través de mis dedos
manteniendo una nota sostenida en el alma
esta canción ya se acaba
como si llegara a la cima de un orgasmo
así que detén en este mismo instante
cualquier tipo de problema
y apresúrate a descubrir el amor en lo que tienes

al quererte este ya es un día mejor

Súbete junto a mi
sé mi copiloto al pasar de largo
por el crepúsculo
quita las manos del volante
en la motocicleta de la existencia
y si nos estrellamos
y nos hacemos trizas
que sea siendo felices a rabiar
esa es la única forma de darse cuenta
de si tiene alas este motor incorpóreo
que todo lo mueve

al querer este ya es un día mejor.
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