miércoles, 26 de enero de 2011

LA FABULA DEL GUANTE Y LA ARAÑA


La araña creía que amaba al guante
de verdad que lo creía
un día se lo había encontrado
y sin preguntarse sobre su origen
trató de calzar sus ocho patas en él
y aunque no podía porque eran muy distintos
le resultaba cómodo el calorcito
con el que la cobijaba
“sin arrepentimientos” se dijo a sí misma la araña
mientras tejía en torno al guante
su tela de elucubraciones arácnidas
mirándolo de reojo como algo divertido
alguien con quien enhebrar
las horas sueltas del día
y así vivir su corta existencia...
sin embargo cada vez que sentía
que su compañero de aventuras
no era lo que esperaba que fuera
“¡Guante sin vergüenza de sí!” exclamaba
y lo mordía con ira para que su veneno le doliera
pero el guante sólo podía volverse puño
durante unos momentos
y terminaba volviendo a ser una especie de mano abierta
tirado en el suelo sin poder levantarse
manso para que la araña
volviera a acurrucar su cuerpo travieso en él
pero de lo que la araña no se daba cuenta
mientras cazaba moscas imaginarias con su red
y rellenaba sus glándulas de veneno
por si había que volver a morder
(ya que las otras arañas
los escorpiones y los alacranes
le decían que los guantes no son de fiar
porque nunca tendrán ocho patas
como todo arácnido que se respete)
lo que no notaba con sus múltiples ojos
a través de su telaraña tejida de ideas
es que el guante se sentía muy vacío por dentro
mientras se preguntaba si aún tenía
una mano invisible sosteniéndolo
que le recordara cómo era el contacto de un ser vivo
y es que de verdad el guante amaba a la araña
de verdad que la amaba
pero el guante no podía ser una araña
ni la araña una mano
y al final del tiempo ambos se fueron a dormir
la araña en su tela y el guante en su cajón olvidado
y soñaron cada quien a su manera el mismo sueño:
el guante tuvo ocho extremidades exquisitas y peludas
mientras la araña fue una palma con ocho dedos muy finos
y al reunirse los dos encajados el uno en el otro
con un contacto mágico superior al de un mero orgasmo
fueron capaces de levantarse al unísono
extendiendo sus dedos-patas hacia el cielo
y ya sin telarañas ni vacilaciones
pudieron incluso tapar el sol.

2 comentarios:

  1. Simplemente romantico

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  2. hermoso, a veces somos muy diferentes y aun asi nos amamos

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