miércoles, 27 de octubre de 2010

HOY ES UN BUEN DIA PARA EMPEZAR



Solo me queda una moneda de cien pesos y un caramelo en el bolsillo y todo el resto del día (y lo que me resta de vida) por delante. Con sus posibilidades magníficas.
Así que creo que voy a respirar profundo y a hacer dedo para irme a Viña. Ojalá con alguien que le guste escuchar a los Pixies mientras maneja, alguien que no pregunte mucho y no tenga problemas con que cante a ratos.
En Viña voy a ir a mojarme los pies en la orilla de la playa El Sol. Jugaré a burlar las olas. A desafiar las redes de Neptuno aunque seguramente terminarán alcanzando tarde o temprano mis pantalones arremangados.
Sentiré la arena húmeda y acuosa como si fuera un niño que recién la está conociendo y no se pierde ni un solo detalle al caminar sobre ella.
Cuando empiece a hundirse el sol en el horizonte como una pelota de playa amarilla tragada por un charco de plata... buscaré una cabina telefónica y en medio del clímax del atardecer te llamaré usando la moneda de cien pesos y en esos sesenta segundos de comunicación, te diré que:



video



"He muerto el día de hoy
pero no estés triste porque por fortuna he vuelto a nacer
y tengo la sensación de libertad que debería haber tenido a los quince
pues el agua salada me bautizó
como la luz del astro rey bautiza cada mañana a esta parte de la tierra
y si bien ya no soy yo
porque la espuma del mar se llevó mis miedos
y lavó todas mis culpas y deseos
soy más yo de lo que nunca he sido
pero sin ataduras ni nada que perder
y me sigo acordando del balcón de tu casa
donde se veía la luna como si se pudiera tocar estirando la mano
de las rosas deshojándose en el jardín
de tus manos rozando mi pierna debajo de la frazada
mientras tu madre cabeceaba viendo televisión
y me sigo acordando sobre todo de tus ojos chispeantes
y de tu lengua asomándose entre tus labios junto a una sonrisa
y de lo que no se deja atrapar y engullir fácilmente por el olvido
y hace tiritar el corazón
y me hace seguir sintiendo que te sigo..."

Se acaban los sesenta segundos, como ocurre con cualquier cosa en la existencia y sólo permanece en el aire el tono monocorde del teléfono, repitiéndose sin misericordia adentro de la bocina, como queriendo decir que ya es tarde.
Prácticamente es de noche, una noche llena de paz en movimiento, de colores renovados. Una noche que es mi primera noche desde hoy... así que me iré mejor a jugar al Casino (colándome por la puerta posterior). Juro que no saldré con una mano adelante y una atrás. Mejor llevarlas siempre levantadas enfrentando la tarea de estar, tanteando el presente o buscando algo que hacer...
En una de esas tengo suerte y puedo cambiar el caramelo por una ficha de poker y multiplicarla como se multiplican los conejos en el campo (y los sueños en la ciudad). Convertir un puñado de fichas en una barra de chocolate para no pasar hambre y una cerveza bien helada que se suba rápido a la cabeza y aunque ya no hago planes de ningún tipo, nada de mal me vendría un pasaje para poder ir a verte por sorpresa este fin de semana (caminando me demoraré más, pero igual llegaré)
y te repetiré al oído
mirándote como se mira una puesta de sol con lágrimas en los ojos
una a una las mismas palabras incluyendo el “amando” que no alcancé a decir al final de la llamada
pero que gracias a ti no le ha faltado a mi vida.

Definitivamente hoy es un buen día para empezar.
**




viernes, 22 de octubre de 2010

jueves, 14 de octubre de 2010

jueves, 7 de octubre de 2010

miércoles, 6 de octubre de 2010

EL AMOR, LA LOCURA Y EL OLVIDO


- ¿Qué me recomienda usted para poder olvidar a esa mujer doctor?
- Vayamos al origen del problema, Cristian. ¿Por qué quieres olvidarla?

Hizo una pausa antes de responder. Le costaba expresar sus sentimientos a alguien que era prácticamente un desconocido, pero le habían dicho que él podía ayudarlo y no perdería nada probando.

- Quiero olvidarla porque la amo completamente.
- ¿Y ella te ama?
- Yo creo que sí... aunque pareciera que algunas veces más que otras.
- Bueno, pero todos los seres humanos vivimos así la experiencia del amor, no puede ser una constante en el tiempo, sino que es más bien un estado que se construye, va evolucionando y nos exige dedicarle atención e irlo renovando. Eso es natural. Lo importante es que ella te ama también. – Sus palabras fluían pacíficamente entre su barba recortada.
- Sí, lo sé, pero me desconcierta, como que no me ama con la misma intensidad con que yo la amo, o sí, o más incluso, no sé... me da la impresión de que su amor pendiera siempre de un hilo.
- ¿Tú crees que ella te podría abandonar en cualquier momento?
- No. No es eso lo que me preocupa, sino la pasión que por ella me nubla. Lo que pasa es que yo soy más bien racional y práctico. No soy de poemas, ni de decir frases cliché o ver puestas de sol y esa clase de cursilerías... pero con ella sucede que algo cambia adentro de mí. Si pudiera la abrazaría todo el tiempo, la besaría, le gritaría que la amo, le haría el amor por horas y horas sin ver la luz del sol... ¿Me entiende?. Sé que no es lógico porque ella es una mujer como cualquier otra, pero es como si su presencia y su recuerdo me atraparan hasta ahogarme.
- Probablemente la estás idealizando. Tal vez tienes que tomar consciencia de que ella es una persona como cualquier otra, alguien que tiene estados de humor, que se equivoca, que tiene defectos, manías, como todo el mundo. – Afirmó inclinándose un poco hacia atrás en su silla, mientras hacía anotaciones en un cuaderno.
- Así es, pero pareciera que cada defecto terminara transformándose en una virtud. No sé si me explico. Por ejemplo, si se pone a roncar y no me deja dormir, al principio me incomoda el despertarme, pero después la veo durmiendo, contemplo su cabello largo como un mar oscuro derramado sobre la almohada, su cuello hermoso, su espalda perfectamente desnuda y termino dando gracias a esos ronquidos, porque me arrancaron de las garras de un sopor insulso para poder contemplar ese espectáculo.
- Pero Cristian, si son así de gratificantes las sensaciones que ella provoca en ti... ¿Qué es lo que te complica?
- Lo que me complica es poder entenderla y aceptarla... es que ella es artista, cantante para ser preciso y yo soy de los que tienen los pies puestos en la tierra. Si me pregunta cómo resolver un problema de soporte estructural versus resistencia de materiales, lo puedo hacer sin problemas, me basta hacer los cálculos con los modelos matemáticos correspondientes. Pero si me pide que me resista a su sonrisa, que no me den ganas de estar con ella y de hundirme para siempre en su mirada, es algo que se me hace muchísimo más difícil, incluso doloroso.
- Tal vez no tienes que tratar de entenderla, sino amarla tal como es.
- La amo tal como es. – Dijo con confianza.
- ¿Y crees que eso no es suficiente para que puedan estar juntos?
- Es que ella pareciera vivir también otras vidas y se distancia de mí.
- ¿Qué clase de vidas?
- Mire doctor, lo que pasa es que ella es casada... Y eso no es tanto lo que me complica, porque sé que si está conmigo es porque en el fondo me ama y puedo asimilar también que se dedique a sus expresiones artísticas como cantante y tenga a tipos babeando tras ella y todo eso. Sé que de una forma u otra, a pesar de todos los inconvenientes que existen, terminamos estando juntos y somos felices.
- ¿Y cómo te gustaría que fueran las cosas Cristian? Me dices que a pesar de las complicaciones sociales que planteas, que por lo demás no tienen nada de extraño en los días en que vivimos, aún así esa relación resulta especial, pero a la vez difícil para ti.
- Lo que pasa doctor, es que me siento tan arrastrado por ella, tan poseído por algo indeterminado, que quisiera alejarme. No quiero dejar de amarla porque soy consciente de que eso es imposible, pero me gustaría verla con otros ojos. Verla como una mujer por la que siento amor, pero que vive su vida mientras yo vivo la mía sin estar pendiente de ella a cada rato. Sin estarme preguntando por las mañanas qué estará haciendo e imaginar que la abrazo todos los días, que mi espíritu la sigue adondequiera que vaya y que la voy a acurrucar por las noches. Tengo miedo, siento que ella tiene una especie de poder sobre mi y podría destruirme si lo quisiera.
- Comprendo... para tu caso Cristian se ha inventado un nuevo fármaco, que permite controlar el proceso de ansiedad que me describes. Funciona de manera muy simple, actúa a nivel neurológico contrarrestando las sensaciones que nos producen estrés, agobio y toda esa clase de situaciones que son propias de cuadros tensionales.
- ¿Y qué efectos prácticos hará con ella en mi cabeza? – Preguntó con cierto temor a la respuesta.
- Hará que la olvides, pero de a poco, hasta transformarla en una especie de recuerdo bonito y agradable, que no te bloquea emocionalmente en el presente. Pasará como con esas pololas antiguas de las que uno estuvo enamorado por completo, pero por las que en la actualidad no siente más que un afecto especial basado en los momentos vivenciados y les desea lo mejor en sus vidas cuando esporádicamente se acuerda de ellas, pero sin estar pendientes de su actuar o imaginándolas. La otra opción es que sigas aferrado a esa situación inestable que me planteas, pero como doctor te puedo decir que hay que evitar los vínculos que nos generan inestabilidad, porque terminan dañándonos. Después de todo, está lleno de mujeres bellas por todas partes...
- Pero no como ella. – Susurró.
- Eso es lo que te hace creer tu cerebro, lo que en psiquiatría llamamos fijación obsesiva con condicionamiento emocional. Suena grave pero es muy común, es lo que le pasa a un niño cuando se enamora de un cachorro y lo siente irreemplazable, pero después le pasas otro y se vuelve a enamorar.
- Sé que me estoy comportando como un niño.
- No quise decir eso Cristian. Simplemente eres alguien que se deja bloquear por sus emociones y se siente sobrepasado, lo cual es muy humano, pero si estás aquí es porque eso produce efectos perjudiciales en tu salud, te altera.
- Tiene razón doctor, lo que más me preocupa es que, cada vez estoy más convencido de que ella está perdiendo la cordura, ya sabe, por eso de la bohemia y el tener diferentes vidas. La verdad es que no quiero estar involucrado con ella cuando termine desconectándose de la realidad. Como le dije, a mi me gustan las cosas ordenadas y claras, actuar con la cabeza fría.
- Bueno mi amigo, entonces te recomiendo empezar lo antes posible con el tratamiento. – Aseveró mirándolo con un aire cordial.

Abrió el cajón de su escritorio y sacó un frasco sin rotular repleto de pastillas blancas. Le extendió amistosamente una de ellas y le sirvió un vaso de agua que tenía a mano. Cristian tomó la pastilla, la miró unos segundos en la palma de su mano, como si fuera un pasaje sin retorno y pensó en que jamás quiso llegar a esos extremos para tener que componer las cosas. Sin que pudiera evitarlo, sus ojos se pusieron llorosos al tragarse la pastilla ayudado por el agua.
Cristian sacó de su bolsillo una fotografía de ella, se sujetó su cabello rojizo y arremolinado con una mano mientras la miraba cariñosamente por última vez, antes de dejarla con cuidado sobre el escritorio.

- Será mejor que usted se quede con esto.
- No te preocupes Cristian todo saldrá bien. El enfermero te conducirá de vuelta a tu habitación y recuerda que de ahora en adelante no debes poner problemas cuando quieran darte los medicamentos para que puedas olvidar.
- Sabe doctor, podrá parecerle todo esto una especie de locura... mi cabeza entiende que tengo que olvidarla, que no es lógico amar a alguien sin que ese amor parezca posible y razonable, pero mi cuerpo la seguirá recordando haga lo que haga, anhelando sus caricias, y yo seguiré sintiendo su sonrisa en lo más profundo de mi ser aún cuando la olvide.
- Tranquilo Cristian, ya se acabó la sesión. – Concluyó, cerrándose a seguir dialogando.

El enfermero lo tomó del brazo y se lo llevó de vuelta a la pieza de reclusión mientras el doctor sonreía con cortesía. Una vez que los hombres estuvieron fuera de su oficina, suspiró aburrido. Estaba cansado de lidiar con locos, sabía que en términos profesionales eran pacientes que necesitaban ayuda, pero para sus adentros muchas veces no eran más que insanos frágiles, burdos y desadaptados.
Guardó la fotografía de Carla Bruni y el frasco sin rotular lleno de aspirinas adentro de un cajón. Pastillas para el olvido pensó, que ridiculez, había que estar al menos medio loco para creer eso o muy desesperado.
Lo que más le irritaba hasta cierto punto, era ese discurso de sentir cosas maravillosas justificándolo con el amor. El amor no era más que una quimera del hombre, para poder evadir su inherente sentimiento de soledad y desarraigo. Una fantasía romántica, para adornar y justificar el que una pareja se reuniera para acompañarse. Ahí tenía a Elsa, doctora como él, con la que compartía un polvo de vez en cuando para relajar el cuerpo, discutían artículos, vacacionaban juntos, iban al teatro, dividían gastos y se daban las cuotas de afecto necesarias para aguantarse. Eso era en verdad el amor, una sociedad sin más magia que la conveniencia mutua.
Esa tarde se encontró con una mujer en la calle, bien constituida, con sus curvas puestas donde debían estar como solía bromear. No pudo explicarse por qué se fijó en su sonrisa y sintió que ese gesto le arrancaba un suspiro, algo mucho más peligroso, indescriptible y desconocido para él, que los múltiples pensamientos lujuriosos que podían surgir desde su mente. Tal vez la locura sea contagiosa.

FIN

lunes, 4 de octubre de 2010

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