viernes, 24 de septiembre de 2010

LA PUERTA


- Jefe, hay un viejo loco que está impidiendo el avance de la cuadrilla y exige hablar con usted.

Levantó los ojos del plano y miró al capataz. El hombre estaba sudando porque sabía muy bien cuanto odiaba que lo interrumpieran y más aún todo aquello que pudiera significar un retraso en las obras.
Una parte de él disfrutaba sintiéndose temido y respetado por los sujetos con los que trabajaba, aunque sabía que en el fondo lo odiaban. Le daba lo mismo, lo importante era que él tenía el poder y podía controlar sus vidas, despidiendo a quién se atreviera a molestarlo. El personal era siempre un recurso reemplazable. Después de todo él era el jefe máximo, tenía estudios de ingeniería y provenía de una buena familia, acostumbrada a lidiar con los brutos maleducados y llenos de mañas, que eran necesarios para sacar adelante los proyectos de construcción.

- Dígame dónde está y no se quede mirándome con cara de idiota.- Respondió con sequedad, mientras dejaba a un lado el plano y se ponía su casco plateado que lo identificaba como el líder a cargo.

Avanzó con su porte autoritario bajo el sol abrasante del desierto. Los hombres del campamento lo miraban de reojo esperando verlo estallar con el primero que se cruzara en su camino. Su camisa a rayas y sus pantalones pinzados de ejecutivo, impecablemente prolijos ambos, contrastaban con las ropas mugrientas de los obreros. El desierto y las faenas no hacían más que levantar una polvareda endemoniada, como si las palas mecánicas, las grúas y los camiones fueran animales revolcándose en la tierra en medio de una pelea interminable.
La salitrera abandonada no dejaba de ser un lugar sumamente curioso dónde construir un casino y centro comercial, pero los inversores tenían una opinión distinta, sacaban cuentas alegres imaginando un circuito de alto nivel a apenas cuarenta minutos de la ciudad más próxima. Un lugar paradisíaco en medio del desierto, así como fue en un comienzo las Vegas, un verdadero magneto para las clases más adineradas, que los estudios de mercadotecnia indicaban sumamente interesadas en esa exclusividad, con apenas un tres porciento de margen de error.
Los sobornos correspondientes para obtener los permisos habían resultado apenas un trámite. El grupo de inversionistas estaba preparado para lidiar con tiburones del más alto calibre y las pequeñas pirañas de los municipios rurales les resultaban mucho más fáciles de convencer. Contra todos los pronósticos la descabellada idea ya era un proyecto en marcha, que se había adjudicado su constructora, por lo que su futuro económico y su reputación estaban en juego con ese negocio y no admitiría errores.

Miró de arriba abajo al anciano a través de sus lentes de sol importados. Era un hombre de piel oscura y agrietada, maltratada por la exposición a los rayos ultravioleta y la aridez del lugar. Estaba vestido con harapos, usaba un palo como bastón y tenía una barba larga que más que barba parecía un nido de infecciones. El perfecto vagabundo lunático que a veces se obsesiona con proteger el basural en el que vive, pensó.

- Dígame hombre: ¿Qué es lo que quiere? Yo estoy a cargo de todo esto.- Le dijo con voz de mando, dejando en claro que no tenía el tiempo ni la disposición para escuchar una respuesta larga. De hecho si fuera por él ni siquiera lo escucharía, pero nunca faltaba el viejo que salía con títulos de propiedad a último minuto y que no hacía más que entrampar las cosas.

- Por favor caballero, detenga todo esto, no pueden tocar la capilla... – Suplicó el hombre arrojándose a sus pies con desesperación.- ¡Usted no sabe lo que están haciendo!

El ingeniero se echó para atrás inmediatamente. Sus casi cincuenta años le habían enseñado a no confiar en la gente. Afortunadamente los dos roperos que había contratado como guardias, a pesar de sus dudosos antecedentes, reaccionaron a tiempo y sujetaron al viejo uno de cada brazo.

- Mire abuelo. Tenemos los permisos legales para demoler hasta la última piedra de este sitio abandonado y construir un palacio sobre él.
- ¡Pero en la capilla está la puerta sagrada! ¿No lo entiende?... ¿Es usted católico?
- Mi religión no es asunto suyo y este lugar está muerto, ya nadie vive en él aparte de usted.
- Es que yo la cuido según lo que me encargó el Señor... Por favor, se lo ruego.... ¡Líbrenos de enfrentar nuestros pecados y de la ira de Dios!– Los ojos del viejo se abrieron de par en par como si pidiera por su existencia, con un brillo propio de una demencia senil incontrolable.
- Mire no puedo hacer nada por usted salvo pedirle que se vaya.

Les hizo una seña a los guardias que arrastraron consigo al anciano. Como un poseso el hombre empezó a largar alaridos y a gritar a viva voz sus súplicas. Parecía como si lo estuvieran llevando al matadero. A los guardias, a pesar de sus portes considerables, les costó una enormidad subirlo a la camioneta para trasladarlo a la comisaría más cercana.
Algunas frases del anciano quedaron dando vueltas en su cabeza durante toda la tarde; “¡La puerta sagrada!” “¡Líbrenos de enfrentar nuestros pecados y de la ira de Dios!” ¿A qué se refería el viejo?. Para acrecentar su inquietud se acordó de un dicho que tenía el tata Ismael, el forjador de la prosperidad familiar que había gozado desde niño: “Sólo existen dos clases de hombres que casi siempre tienen la razón, los viejos y los locos.”
Esa misma tarde, una vez que empezó el turno de las siete, decidió darse una vuelta por la capilla abandonada. Alumbrado por una linterna entró al edificio descascarado, que seguramente en un tiempo remoto tuvo una buena congregación de fieles.
En su juventud había estudiado en un colegio de curas y quizá por eso mismo le tenía aversión a todo lo religioso. Demasiados traumas con la estrictez sacerdotal y el que trataran de imponerle a la fuerza la palabra de Dios, constantemente, lo que no consiguió más que aburrirlo y alejarlo de todo tipo de creencias, como si fueran una peste.
Después de deambular un poco entre los púlpitos destrozados por el paso de los años, llegó hasta la sacristía donde encontró una zona particularmente cuidada, sin tierra y con restos de velas que parecían relativamente recientes.
En una muralla, tras una cortina que se caía a pedazos, estaba la puerta a la que seguramente se refería el vagabundo. Un rectángulo de madera seca y simplona, con un pedazo de hierro medio oxidado como manilla. Su acceso estaba bloqueado por unas tablas entrelazadas, puestas a propósito seguramente por el anciano, para que nadie pasara. La puerta parecía cualquier cosa, menos sagrada, no habían placas de oro ni joyas preciosas, simplemente madera vieja y apolillada.
En vez de tratar de abrirla decidió rodearla, para así ver las dimensiones del cuarto al que se accedía a través de ella, una costumbre de constructor habituado a la labor de destruir. Para su sorpresa atrás de ella no había nada... Aparentemente la puerta estaba enclavada en un muro que daba a un pasillo, como si fuera un cuadro o una especie de broma pegada a la pared.
Pudo haber dejado todo hasta ahí, como los delirios de un anciano loco. No necesitaba ensuciarse las manos corriendo los tablones que bloqueaban el paso, pero algo le impedía irse. “¿Es usted católico?”. ¿Qué tenía que ver esa puerta miserable con la ostentación propia de la religión católica?
Colocó la linterna alumbrando en dirección a la puerta y corrió los pedazos de madera que resultaron ser más pesados de lo que creía. Podría haber llamado a unos tipos para que hicieran el trabajo, pero prefería la emoción de ser el exclusivo descubridor de esa farsa con forma de portal. Se molestó al mancharse un poco la ropa, pero no era tan grave, tenía bastante de recambio en su trailer de lujo.
Una vez que la puerta ya podía ser abierta, volvió a tomar la linterna y la sujetó firme con una mano mientras con la otra tomaba la manilla, que estaba inusualmente fría imitando la sensación térmica de un pedazo de hielo. Tuvo que jalar de ella con bastante fuerza para poder abrirla, en un comienzo parecía que sus bisagras estaban endurecidas por el óxido, pero al empezar a abrirse extrañamente se fue ablandando como si hubiera cobrado vida propia y deseara ser abierta.
Cuando la puerta estuvo completamente abierta iluminó su interior, pero no había nada, sólo oscuridad. No era la pared en sí, sino que parecía haber una negrura absoluta y flotante, que la linterna no podía aclarar al dirigir contra ella su luz. Una abertura no sólida, con aspecto de pasadizo pintado de sombra sobre el cual el haz de la ampolleta no tenía efecto.
Sintió el ruido de unos truenos que retumbaban afuera, como si fueran verdaderas explosiones, con una furia que nunca antes había oído. Ni siquiera en las peores tormentas que le había tocado vivir en el sur. Un destello de luz pareció cobrar vida adentro de la densa oscuridad que quedaba expuesta tras la puerta abierta. Algo luminoso que iba aclarando toda la capilla con su poder, se aproximaba. El cuerpo se le puso duro como piedra y su vejiga soltó toda la orina que tenía adentro, en una reacción inconsciente que nunca imaginó que podría llegar a tener un ser humano.
De la puerta vio surgir una figura de unos tres metros de alto, un hombre parecido al David de Miguel Angel, de proporciones anatómicamente colosales contenidas apenas por una especie de túnica blanca. En su mano llevaba una espada dorada que flameaba un fuego azulino como jamás había visto. La piel de ese ser resplandecía de tal forma que hacía que sus ojos se enceguecieran con lágrimas salidas de lo más profundo de su alma.
Toda su vida pasó por su corazón en un instante y se sintió arrepentido, avergonzado de haber estafado y dejado en la ruina a su ex socio, de haber olvidado a su madre en un asilo de ancianos, de no haber amado a ninguna de sus amantes y menos a su esposa, de haberle mentido a mucha gente, incluso a sus hijos. Se arrepintió de tantas cosas a la vez y sintió miedo, el miedo que debe sentir un bebé al nacer durante el parto.
Poco antes de que su cuerpo fuera reducido a cenizas bajo la mirada de ese ser supremo, en una fracción de segundos se repitieron en su cerebro varios padrenuestro y las palabras del versículo 15:1 del libro del Apocalipsis que una vez leyó en el colegio: “Vi en el cielo otra señal, grande y admirable: siete ángeles que tenían las siete plagas postreras; porque en ellas se consumaba la ira de Dios”.

FIN

domingo, 19 de septiembre de 2010

SONRIE


Sonríe
tan sólo sonríe
con el entusiasmo de los niños
cuando empiece tu día
sonríe
muchas personas te quieren
y hay quienes te aman...
al respirar
tienes todas las oportunidades
del mundo
no importa
si está nublado o hay sol
el paisaje que puedes ver
y disfrutar
es el mejor paisaje
por eso sonríe
cuando camines por las calles
cuando tomes un taxi
cuando tengas noticias
buenas o malas
cuando recuerdes
cuando surjan dudas
sobre el mañana
simplemente sonríe
no hay nada más que hacer
la única gente loca
es la que no sonríe
deja tu adorable huella
en el aire
así como yo lo hago ahora
por ti
la vida es un dilema
para ser resuelto
tan sólo con una sonrisa
y mucho amor
en ella.

jueves, 16 de septiembre de 2010

EL REFLEJO DE LA LUNA SOBRE EL AGUA


El viaje se le había hecho largo, pero valía la pena todo el esfuerzo, porque su mano estaba tomada firmemente por la mano de ella y su cuerpo se apegaba al suyo como dejando en claro que había pasado demasiado tiempo desde la última vez que estuvieron juntos.

Miró sus ojos oscuros y radiantes, de los que colgaba una sonrisa cómplice, mientras sus dedos se deslizaban por su cintura hasta más abajo de la cadera, haciéndola sonreír aún más. El chofer de la van se hacía el ignorante, observando de reojo por el espejo retrovisor, subiéndole el volumen a las rancheras en la radio y siguiendo su trayecto por el camino rural invadido por la lluvia.

Si hubiera sido por él la hubiera tomado ahí mismo, o en el baño del aeropuerto o en la losa de llegada, daba igual, el deseo por ella lo dominaba completamente. Cuando el alma y el cuerpo se confabulan, meditó, resulta casi imposible no dejarse atrapar por un torbellino que te hace sentir vacío sin la presencia del otro.

La van parecía elevarse sobre el camino con cada beso, con cada cariño, y de pronto era como si se condujera sola y no hubieran más pasajeros que ellos. Acarició su cabello, besó sus mejillas y su boca, tratando de calmar su pulso, pero en vez de eso se aceleraba más junto al de ella. Prácticamente no hablaban, embelesados entre sí, sintiendo ese cosquilleo que partía en el pecho, revoloteaba como mariposas en el estómago y exudaba frescura en sus entrepiernas. Sus sensaciones se integraban como dos compuestos químicos que al mezclarse se potencian entre si. La lluvia y el frío del exterior de la van no eran más que decorados hermosos para el calor que inundaba sus cuerpos. Otro beso más, otro abrazo con la felicidad latiendo adentro y el resto del viaje hacia el pueblo, las dudas, así como los problemas del pasado, parecieron desvanecerse.

La señora alemana les entregó las llaves de la cabaña y cerró la puerta al salir con su paraguas. Apenas alcanzaron a tirar los bolsos junto a la cama y a prender la estufa apurados, antes de empezar a abrazarse y besarse mientras sus manos se recorrían mutuamente, ya sin observadores. Revivieron una especie de ritual que consistía en quitarse la ropa con velocidad, pero sin descuidar las caricias, para empezar a hacer el amor de a poco. Estaban viviendo el instante que habían aguardado durante meses. Los mails, las llamadas, los videochat, todo tipo de contacto servía de alguna forma, pero no igualaban el efecto de tocarse, ni siquiera se aproximaban al hecho de poder llenarse el uno con el otro al sentirse cerca. De poder decirse cara a cara cuánto se extrañaban. De susurrarse al oído tendidos en la cama cuánto se aman.

Volver a contemplarse desnudos, frente a frente, le hacía sentir una energía extra. Como que el cuerpo de ella era un lugar maravilloso por redescubrir, un sitio en el que perderse y dejarse llevar tratando de capturar para siempre su textura, sus sabores, su aroma, todo lo que la definía físicamente. Lo que la hacía ser propiamente ella y no otra, hasta alcanzar una especie de embriaguez en esa entrega, que ningún alcohol o droga es capaz de conseguir.

Después de hacer el amor, volvían a hacerlo, en una comunión sin fin, con pausas para descansar en las que él hundía la cabeza en el cuello de ella, pegando el pecho a su espalda mientras la rodeaba con los brazos para acercarla aún más a su piel. Lo que hay afuera no importa, es como si no existiera. Reír y entregarse al ahora tal vez sea una estupidez, piensa, pero que estupidez más hermosa y cálida en la que abandonarse para siempre si se pudiera. Ella siente como que en ese espacio mágico los desacuerdos se resolvieran, aunque sea en forma momentánea, pero no es acaso así la vida, momentánea, se pregunta él sin decirle, mientras acaricia sus piernas.

El lago se puede ver a través de la ventana de la cabaña, ya no llueve, está de noche, aunque pareciera que recién se hubieran encontrado al amanecer. El tiempo definitivamente es un concepto relativo cuando están juntos.

Sobre el cielo hay estrellas de distintos colores y una luna inmensa, inimaginable, reflejándose en las aguas. No hace frío. Salen a caminar tomados de la mano sin fijarse en que no están vestidos, no importa. Cuando se aburren de andar se internan en el lago y vuelven a hacerlo bajo el agua, ni siquiera necesitan respirar. Todo es húmedo y seductor, como si el sudor de sus cuerpos impregnara todo el aire.

Las aguas del lago son las sábanas y las sábanas son el lago. Se levantan entrelazados por la cintura pareciendo una sola criatura pacífica y se ponen a flotar bajo la luna, como si fueran dos plumas que saben volar al unísono y empiezan a ascender atraídas por la luna palpitando en cada uno de sus poros.

Una sacudida hizo que todas esas imágenes se borraran bruscamente de su cabeza. El tren había llegado a la estación. Abrió los ojos confundido, no solía quedarse dormido en el metro y menos aún, tener un sueño de esa clase, sobre un viaje que planearon con ansias, pero que finalmente nunca hicieron. A pesar de que todo estaba arreglado se pelearon unos días antes, por diferencias que hoy resultaban insignificantes, pero que en su momento fueron asuntos de vida o muerte, de dolor y desesperanza. Se arrepentía de cómo se dieron las cosas y de lo que se dijeron enceguecidos por el enojo y el orgullo, más que nada el orgullo, ese orgullo idiota que nada sabe de afectos y que sólo logra encerrar a cada uno en su forma de entender y aislarlo en pensamientos hostiles.

Contra todas las probabilidades, como si fuera un designio irónico del destino, la vio parada como un pasajero más, al fondo del carro. Estuvo a punto de ir a hasta ella y saludarla con un abrazo como el que había fantaseado en su sueño, pero algo lo frenó. Se sintió confundido, como si su cuerpo y su mente no se entendieran, como si uno la recordara y el otro quisiera olvidarla. Comprendió que toda la magia entre ellos ya había pasado, los besos, las caricias, los abrazos, no eran más que asuntos de otro tiempo, un sueño revivido a través de otro sueño en un carro de metro. Algo tan efímero como el reflejo de la luna sobre el agua, pero tan vívido como la existencia misma.

Ella se bajó en la siguiente estación y a él le pareció que lo había divisado de reojo. Lucía un poco distinta, tal vez por los eternos meses que habían trascurrido, pero se veía como más seria que de costumbre. El también tenía que bajarse ahí, pero prefirió quedarse sentado y dejarse llevar por el vagón de metro. Volvió a sentir que la amaba, comprendiendo que una parte suya nunca había dejado de hacerlo, aunque ya fuera demasiado tarde.

Cerró los ojos y trató de soñar una vez más. Los recuerdos podrían ser reales o no, pero siempre tendría en su memoria y en su corazón, la verdad absoluta e irrenunciable de la que fueron parte.

FIN

sábado, 11 de septiembre de 2010

NOTA DE QUIEN FUE ATROPELLADO AL BORDE DEL CAMINO


Cuando conoces el camino
pero le pones más dificultades de las que existen en él
reconsidéralo antes de seguirlo.

Al amar no hay lugar para las indecisiones
con su toque mágico y con paciencia
se puede desatar cualquier clase de nudo
pero así no lo entiende
quien no es dueño de sí mismo.

Si no se es fuerte sin importar las condiciones
no hay caso
la creación se ha comprometido
a encargarse de lo que pidas
pero no es responsable
si es que no sabes qué pedir
o si no tienes la convicción suficiente
para recibir lo que deseas.

En lo que no resulta se suele aprender más
y nadie debiera entregarse
a lo que no cree de verdad
ni experimentar su vida pensándola
porque los pensamientos son ciegos
sin alma
y le buscan explicación a lo que no la tiene
y miden en términos de lo que es favorable o no
asuntos que no son medibles.

Que lástima
que hasta el cuerpo se deje llevar por los pensamientos
y sus ánimos ficticios
que ridículo que hasta para mirar al cielo
se tenga que tener justificación
y que hasta para seguir queriendo activamente
sin verguenza sin arrepentimiento
se tengan que tener garantías
y seguridades a cambio.

Es mejor a veces dejar a los muertos
reposar en la tumba en que han sido encasillados
que se hundan con su gran cariño en el limbo
y que el órden sea paz
equilibrio
y triste razón de vivir.


miércoles, 8 de septiembre de 2010

POEMA PARA DESINTEGRARSE DURANTE LA TARDE


Si me conociera más podría esperar
ser paciente como un grano de arena
aguardando a ser transportado por la corriente
hacia ese horizonte que parece inalcanzable
tendría la delicadeza del alba la claridad del loto
y no la ebullición de la borrasca
si tan sólo no hubieran tantas hojas por escribir
y mitos a los que desentrañarles sus misterios
me quedaría sentado mirando fotografías
imaginándome a mi mismo tomando el sol de la tarde
y yéndome en cada rayo hasta mi origen
sin creer en nada que sea distinto a lo que hay
pero en vez de eso confío plenamente en la independencia
para levantar las velas del corazón
y en la libertad para soplarlas
y en la sangre para impregnar con ardor lo que se hace
y si tal vez estuvieran los que no están
si se pudiera apagar el presente en un abrir y cerrar de ojos
o ponerle pausa a esta rueda antes de que llegue el final del día
dejaría de llamar a la muerte por su nombre
y si tal vez no entendiera que las latitudes no miden el trayecto real
y que los dilemas internos se van resolviendo
de una u otra forma aunque en apariencia queden inconclusos
tal vez entonces podría conformarme sólo con soñar
pero por lo pronto ya no estoy para quien no viene a buscarme
ni para ser víctima de las circunstancias
porque; ¿Qué vida se vive sin sorpresas?
sin tomar riesgos aunque no haya riesgos
cuando se obra con auténtico amor
que hambre se sacia sin abrazar lo desconocido
perdiéndose en su fiebre lúbrica hasta irse
así como el hombre se extravía en el útero del cosmos...
pero que ganas de subirme a un ascensor invisible
para luego bajarme en un piso que no existe
buscando algo que no está en ninguna parte
sin saber dónde habré de acabar y decir basta
como que ya es tiempo de inscribirme
en la lista de los que no siguen esperando
y tener lo único que necesito en soledad
y cubrirme con una levedad en la que todo desaparece
como las marcas de las gotas en el agua
y desintegrarme para después reconstituirme
como un reflejo de mi mismo renacido
y terminar preguntándome si alguna vez en el pasado
estuve aquí.
clocks for websitecontadores web