miércoles, 11 de agosto de 2010

EL COMPAÑERO


Los rituales me indican que alguien viene esta noche. Ella anda como acelerada. Su corazón late más rápido. Corre de un lado para otro del departamento. Busca algo para ponerse encima, revuelve los cajones y después se mira con la ropa puesta frente al espejo. Finalmente pasa a mi lado, me guiña un ojo y se mete al baño. Reviso lo que seleccionó. Un colaless rojo diminuto y un vestido nuevo que trajo hace poco.
Escucho el ruido de la ducha y después el olor inconfundible de las cremas y perfumes extraños que se rocía en el cuerpo. Me cargan, hacen que me pique la nariz. Prefiero su sudor natural, mientras más marcado mejor. Como que me da mayor seguridad el sentirla cerca.
Canta una canción mientras se viste. Yo la miro callado. Me gustaría poder entenderla. Como que a veces está pero generalmente pareciera ida. Imaginándose cosas o acordándose de lo que le ha pasado. Qué extraño. No sé por qué lo hace. Podría comer e irse a acostar como la mayoría de las noches. Estaríamos tranquilos y relajados.
Suena el timbre y me pongo inquieto. Ella abre la puerta sonriendo, no sin mirarse antes en el espejo otra vez. Ahí está él. Es el tipo de la otra ocasión. No me gusta para nada. Se que miente cuando le habla. Lo puedo notar en su mirada y en sus poros cuando respira. Lo que sale de su boca no representa lo que su cuerpo realmente afirma. Si fuera por mí lo sacaría arrastrando para afuera, a pesar de que es más grande que yo. Es un invasor. Pero ella es la dueña del departamento. Ella es la que paga las cuentas y mi opinión importa poco.
Cenan y beben como si tuvieran demasiada sed. ¿Para qué toman alcohol? No hace más que empiecen a reírse como locos y transpirar. Es peligroso. Como que se pusieran fuera de sí y se volvieran más primitivos que de costumbre. Me iría a dormir pero prefiero permanecer alerta.
En un determinado momento el sujeto le coloca la mano en la pierna y me da suficientes motivos para estar nervioso. Reconozco lo que está pasando en ella. Su sexo se prepara como despertando de un sueño. Su cuerpo se vuelve más húmedo. Ya antes la he sorprendido con otros en cosas sexuales, incluso estando yo en la pieza contigua.
El le susurra cosas en la oreja que no comprendo y se le acerca. Definitivamente es una amenaza. Tengo que protegerla. Sobre todo porque después de intercambiar unas caricias se levantan de la mesa y se encaminan al dormitorio. Yo por supuesto que los sigo. Esto no me lo pierdo, aunque hagan como si no estuviera aquí. No puedo dejar que pase de nuevo lo mismo o al menos trataré de vigilarlos para detenerlos cuando llegue el momento.
Ella se empieza a desnudar y no puedo callarme más. Le digo lo que opino, pero ella no me escucha. Prefiere ignorarme al comienzo y cuando creo que al fin me hace caso, me grita molesta que me vaya de la habitación. Mis instintos no fallan. Siento que tras la sonrisa de él hay una violencia indeterminada esperando a asomarse con el tiempo. Una especie de suciedad que las personas suelen llamar maldad. Pero ella no es capaz de razonar con mis argumentos.
Ya estoy harto. Primero anda de mal genio. Después se entusiasma con algún extraño y se pone alegre. Pero luego de un día para otro anda triste. No entiendo. Y cuando trato de aconsejarla no me toma en cuenta, no obstante, frecuentemente es cariñosa conmigo, me acaricia y me demuestra que me quiere. Que complicada es. ¿Serán todas así?
La ventana del living está abierta y yo estoy enrabiado, así que salto del segundo piso y me interno en la noche. Nunca antes había salido más que a pasear con ella. El aroma de la libertad inunda mis sentidos. Se siente bien. La oscuridad me asusta, pero por otra parte me atrae, porque pareciera estar llena de oportunidades. Quizá me encuentre con otros de mi especie. Alguna hembra que me permita saciar mis ansias. Sin complicaciones. Total, solo se vive ahora. ¡Aprovecharé de correr sin una correa sujetando mi collar! No sé si podré recordar el camino de vuelta a casa, pero esas son cosas que a nosotros no nos preocupan. Al olfatear el tronco de un gran ciprés ya estoy en el cielo.

FIN

3 comentarios:

  1. jajajajaja cai redondita,yo pensaba que era el gato!

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  2. Me ha gustado bastante. Sí. La historia, como intuyes la mente animal, como la cuentas... Sí, me gustó. Lo que implica irme del ciber place feliz de no haber desperdiciado mi tiempo.
    Hasta la próxima entrega, guapetón.

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  3. yo tb crei que era un gato!!!..jajjajj

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