viernes, 20 de agosto de 2010

DOS HOJAS QUE DISFRUTAN DEL SOL (Parte 1 de 2)


- ¿En qué te puedo ayudar? – Preguntó Michel, con su amabilidad habitual.
- Teniendo sexo conmigo... – Respondió Jo.

Jo:
“Desde chica mi mamá insistía en tratarme como una pequeña princesita. Me vestía con unos vestidos propios de una muñeca y no me dejaba jugar con los otros niños del barrio, para que no me ensuciara y porque los juegos de hombres no eran propios de una damita. Tal vez ahí le agarré odio a los vestiditos y cosas por el estilo y empezó a despertar cada vez más mi curiosidad lo que hacían los niños, su libertad para correr, saltar, patear una pelota y trepar los árboles como si no hubiera ningún convencionalismo que pudiera detenerlos. Yo no quería ser alguien que peina una muñeca y juega con tacitas, pudiendo desbarrancar un camión de juguete cerro abajo o atrapar arañas en frascos para asustar a las niñitas sonsas.”

- Me halagas. ¿Pero qué te hace creer que querría tener relaciones contigo?
- No lo sé. Tal vez porque todos me consideran linda, muy entretenida y quiero probar con alguien como tú.
- ¿Pero tú sabes como soy? – Dijo Michel, sin poder esconder su sonrisa cálida.
- ¿Alguien muy especial? – Arguyó Jo, con una sonrisa aún mayor.

Michel:
“Nadie entendió nada. De un día para otro ya no me bastó con tener el pelo largo y mantener mi cuerpo esbelto, sino que aparte de eso me empecé a vestir como mujer y a asimilar sus modos de ser. Para mi fue una especie de liberación, una manera de dejar atrás el pasado. Lo que fue una curiosidad infantil se transformó en un placer, en una forma de afrontar la vida y de sentir. Cambié mi nombre de Miguel a Michel y me embarqué en una aventura por reencontrarme conmigo misma. Esa era yo, bella y radiante, diciendo mírenme, se acabaron las tristezas, las inseguridades, acéptenme y quiéranme tal cual soy.”.

- Por si te di esa impresión... no vendo mi cuerpo – Afirmó Michel, con esa forma de ser profundamente amena que tenía y que hacía que hasta las palabras más duras sonaran con suavidad en su boca.
- Sé que no lo haces. Por eso es que me decidí a venir hasta ti... Una amiga conoce a un amigo tuyo. No soy una loca por si lo piensas, o siquiera no soy una loca rematada y furiosa. También me gustó tu aspecto, no eres de esas que parecen hombres disfrazados, si hasta tu voz tiene algo de femenino...
- Jaja, es que soy femenina. Aunque no me he operado si a eso es a lo que quieres llegar. Me siento completa como estoy.
- ¡Y es por eso que quiero que lo hagamos! Quiero sentir tu parte de hombre en mi cuerpo de mujer - Finalizó Jo.

Jo y el sexo:
“Aunque nunca me atrajeron los hombres en sí y no los veía más que como mis pares, de quienes envidiaba su protagonismo, tuve mi primer pololo a los dieciséis años. Influyeron mucho las presiones sociales de mis compañeras del colegio de monjas y a pesar de que tenía varios pretendientes, me resultaba más seductora una compañera que iba un curso más arriba. Con ese pololo tuve la peor experiencia de mi vida en lo que a sexo se refiere. Creo que me quitó la virginidad poniendo su cosa inexperta bruscamente adentro de mi, no hubo ni la ternura ni la delicadeza que imaginaba al pensar en lo sexual y la verdad es que nunca más quise volver a ver ese horrible pedazo de carne caliente colgando y goteando como un animal estúpido y baboso.”

- Para lo que quieres basta con que levantes una piedra y encontrarás a un montón de sujetos deseosos por satisfacerte.
- Lo sé. Pero no me gustan los hombres en general y menos aún los sujetos salidos de abajo de piedras.
- Si no te gustan los hombres... ¿Por qué deseas que te lo haga como uno?
- Porque quiero superar un trauma del pasado y estar en paz conmigo misma. ¿Nunca lo has hecho con una mujer?

Michel y el sexo:
“Ni hombres ni mujeres, creo que uno se enamora de personas y el sexo es un reflejo de ese amor. A veces sufrido, a veces alegre, pero siempre intenso e íntimo. Tal vez debido a las hormonas que me empecé a administrar y los cambios que generaron en mi cuerpo, mi líbido se volvió más difuso, como una especie de respuesta a un estímulo emocional más que algo meramente físico en sí. Antes de cambiar y asumirme como tal, tuve experiencias pero ninguna de ellas gratificantes, lo que incluso me hizo pensar que el sexo estaba sobrevalorado. Después, con mi cuerpo renovado, diría que me liberé de ese prejuicio, pude gozar más y me di cuenta de que los únicos límites son los que se pone una misma.”

- Sí lo he hecho con mujeres, pero ninguna de ellas era una desconocida como tú. – Afirmó mirando sus ojos verdes y llamativos.
- Eso lo puedo arreglar en un momento. Me llamo Josefina, pero mis amistades me dicen Jo, no sé si por lo jocosa o por lo jodida. Estudio agronomía, me encanta la naturaleza, cabalgar yeguas porfiadas como yo y tomar aire libre. Vengo de una familia tradicional que me tilda de loca inadaptada y liberal, con una madre que cada vez que me ve me pregunta si encontré novio y no entiende por qué no tengo. Me gusta beber cerveza de la botella, lo simple como la hoja de un árbol y disfrutar la vida. Mi sueño es poder irme mochileando hasta las ruinas de Machu Pichu y gritar desde la cima; ¡Soy libreee!


(continuará...)

1 comentario:

  1. magnifico!!! es increible como puedes ser tan certero y hasta cierto punto brutal y a la vez ser delicado. el relato es increíblemente honesto y transparente y a su vez tiene una suavidad en su estilo única.

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