martes, 31 de agosto de 2010

TRINOMIO PARA APROXIMARSE A LA ILUSION DEL TIEMPO


Para el AYER
el agradecimiento
por lo vivido.
El perdón
en las enseñanzas
disfrazadas de errores
y sufrimiento.
El memorial
de los buenos recuerdos
a los que honrar
sin echarlos de menos,
sin lamentar
lo que pudo ser
y el olvido más dulce
para dejar lo que ya pasó.
**
Para el MAÑANA
deseos liberados
como pájaros
sin aferrarse a ellos
para que puedan volar
su propia ruta.
Tenerlo en consideración
pero sin mirarlo con temores
como si su presencia
fuera una amenaza,
dándole sólo un saludo eventual
como de una seña a lo lejos
a un desconocido simpático
pero sin llegar a abrazarlo
ni poniéndose a dormir a cada rato
para soñar con él.
**
Para el AHORA
el ímpetu de estar,
el alma concentrada
en cualquier acto,
el calor de la sangre
en cada respiración.
El impulso de saberse
parte de todo.
El pálpito que guíe
cada fibra de este cuerpo
deslizándose
sobre el filo del hoy,
pulsando el único tiempo
y lugar donde realmente
cobran vida las cosas
y se puede amar.

viernes, 27 de agosto de 2010

lunes, 23 de agosto de 2010

DOS HOJAS QUE DISFRUTAN DEL SOL (Parte 2 de 2)


Jo según los otros:
“Ella es pura energía. Nos conocemos desde las monjas y somos muy amigas, respeto su opción sexual, pero nunca ha habido onda entre nosotros, a mi me gustan los hombres (y mientras más brutos mejor). Para la Jo ha sido difícil encajar, los tipos siempre se quedan pegados con ella y tratan de seducirla, pero ella sólo se burla de los pobres. Yo he conocido a algunas de sus pololas, pero ha mantenido con su familia todo para callado y yo creo que eso al final la afecta.”
“Que no te engañen sus ojitos esmeralda y su aspecto de modelo medio hippie. Detrás de esa sonrisa adorable se esconde una persona más bien triste e insegura. En el tiempo en que salimos juntas yo le enseñé muchas cosas, porque ella era ingenua con el sexo, como que le gustaba que la tocaran pero no se atrevía a tomar la iniciativa. Cuando terminamos hubo un show con gritos, lágrimas y botellas rotas, pero al poco tiempo ella andaba de fiesta en fiesta como dando todo por superado. Es así.”
“La Jo, es la Jo, de las que entrar a un lugar y todos la miran. Nos conocemos desde chicos, cuando jugábamos fútbol en mi casa, fue como el hermano que no tuve. Si no fuera mi prima y bueno, lo otro que ya saben, jaja... Igual a veces la hago pasar por mi polola para impresionar a la gente. Entiendo que le gusten las mujeres porque son una delicia, pero ha tenido mala suerte con ellas, nada estable. Yo le he dicho que debiera intentar con un hombre para variar un poco, pero no me hace caso.”

- ¿Qué dices ahora que me conoces?
- Que estás un poco loca...
- Eso ya te lo había advertido – Aseveró haciendo parpadear con sensualidad sus largas pestañas.
- De todas formas, más que tu locura, admiro tu sinceridad.

Michel según los otros:
“¿Qué te podría decir de ella? Es toda delicadeza, de esas personas que poseen una elegancia natural y cómo que siempre supieran mantener la compostura, el equilibrio. Pareciera que gozara con la soledad y costara llegar a ella, algunos la ven como lejana y cerrada, pero en verdad tiene un sol ardiendo en el corazón, lo difícil es alcanzarlo. En todo el tiempo que estuvimos juntos creo que nunca pude descifrarla bien, pero si tengo muchos recuerdos bonitos y la alegría de haber compartido con ella un aprendizaje sexual inolvidable.”
“Ella es bien amable, siempre me saluda con una sonrisa cuando llega al edificio. Un conserje que estaba antes me dijo que había un rumor de que era hombre, pero no creo, siempre hay gente malintencionada que inventa cosas. En todo caso se ve harto rica como para que fuera hombre. Quizá porque tiene una voz especial la gente se pasó esa película. Es re tranquila la señorita, no hace fiesta ni escándalos como otros inquilinos.”
“Michel se ocupa de las escenografías desde hace tres años y nunca hemos tenido problemas. Es súper profesional en lo que hace, con mucha sensibilidad artística y su sexualidad es cosa de ella. Si bien no es muy buena para conversar y receptiva, le gusta apoyar a los actores. Salió por harto tiempo con uno que era medio raro, pero no sé mucho de eso, porque es bastante discreta con su vida privada, como que evita hablar de eso. Terminaron y desde esa vez no le he conocido a nadie, como que disfrutara más haciendo su trabajo que dedicándose a cosas sociales.”

Se miraron a los ojos y sonrieron.

- ¿Crees en las casualidades Jo?
- Creo en que la vida nos da posibilidades y de nosotros depende lo que hagamos con ellas.
- ¿Sería lo suficientemente sexual para ti besarnos?
- Un beso sería un buen comienzo.- Dijo acercándose como un fantasma.

Jo según Michel:
“No sé de dónde salió, pero cuando conversé con ella me pareció muy familiar. Más que nada sentí que debajo de toda ese energía explosiva estaba alguien que quería cariño y que la quisieran tal como es. Si bien suelo ser reservada y desconfiada con la gente, había algo en ella que me hacía florecer, una exhalación que penetraba mis barreras. Una especie de deseo que iba más allá de lo meramente físico. Después de conocerla más, me di cuenta de que las intuiciones no fallan y ese brillo cuando se cruzaron nuestras miradas y nos besamos, con el tiempo se transformaría en la confianza y la seguridad de amar y sentirse amada.”

- ¿Te pasó algo con el beso?
- Puede ser... mi entrepierna no es la misma que antes del beso – Afirmó con cierta vergüenza Michel.
- Es una buena señal – Respondió Jo, que inexplicablemente se sentía radiante mientras su corazón latía más rapido. - ¿Qué haremos ahora?
- Caminar, conversar de la vida y de ahí vemos
- De ahí vemos... me gustan esas tres palabras.

Michel según Jo:
“Era cierto lo que me habían dicho, Michel era una mujer enigmáticamente fascinante, una morenaza de suavidad exquisita. No se podía decir que fuera un hombre aunque tuviera su sexo. Todo empezó casi como un juego, no lo hicimos esa vez cuando yo se lo pedí sin conocerla, pero con el tiempo aprendimos a querernos. El sexo después fue apasionado, como naciendo del alma y con la delicadeza que hubiera querido en mi primera vez. ¡Si hasta me encariñé con su parte masculina! y hoy ese animal baboso es mi mascota regalona que me da placer. Quién iba a decir que un año después estaría en la cima de las ruinas de Machu Pichu, gritando que soy libre, auténticamente libre, mientras mi mano toma su mano y somos felices como dos hojas que disfrutan del sol.”

FIN

viernes, 20 de agosto de 2010

DOS HOJAS QUE DISFRUTAN DEL SOL (Parte 1 de 2)


- ¿En qué te puedo ayudar? – Preguntó Michel, con su amabilidad habitual.
- Teniendo sexo conmigo... – Respondió Jo.

Jo:
“Desde chica mi mamá insistía en tratarme como una pequeña princesita. Me vestía con unos vestidos propios de una muñeca y no me dejaba jugar con los otros niños del barrio, para que no me ensuciara y porque los juegos de hombres no eran propios de una damita. Tal vez ahí le agarré odio a los vestiditos y cosas por el estilo y empezó a despertar cada vez más mi curiosidad lo que hacían los niños, su libertad para correr, saltar, patear una pelota y trepar los árboles como si no hubiera ningún convencionalismo que pudiera detenerlos. Yo no quería ser alguien que peina una muñeca y juega con tacitas, pudiendo desbarrancar un camión de juguete cerro abajo o atrapar arañas en frascos para asustar a las niñitas sonsas.”

- Me halagas. ¿Pero qué te hace creer que querría tener relaciones contigo?
- No lo sé. Tal vez porque todos me consideran linda, muy entretenida y quiero probar con alguien como tú.
- ¿Pero tú sabes como soy? – Dijo Michel, sin poder esconder su sonrisa cálida.
- ¿Alguien muy especial? – Arguyó Jo, con una sonrisa aún mayor.

Michel:
“Nadie entendió nada. De un día para otro ya no me bastó con tener el pelo largo y mantener mi cuerpo esbelto, sino que aparte de eso me empecé a vestir como mujer y a asimilar sus modos de ser. Para mi fue una especie de liberación, una manera de dejar atrás el pasado. Lo que fue una curiosidad infantil se transformó en un placer, en una forma de afrontar la vida y de sentir. Cambié mi nombre de Miguel a Michel y me embarqué en una aventura por reencontrarme conmigo misma. Esa era yo, bella y radiante, diciendo mírenme, se acabaron las tristezas, las inseguridades, acéptenme y quiéranme tal cual soy.”.

- Por si te di esa impresión... no vendo mi cuerpo – Afirmó Michel, con esa forma de ser profundamente amena que tenía y que hacía que hasta las palabras más duras sonaran con suavidad en su boca.
- Sé que no lo haces. Por eso es que me decidí a venir hasta ti... Una amiga conoce a un amigo tuyo. No soy una loca por si lo piensas, o siquiera no soy una loca rematada y furiosa. También me gustó tu aspecto, no eres de esas que parecen hombres disfrazados, si hasta tu voz tiene algo de femenino...
- Jaja, es que soy femenina. Aunque no me he operado si a eso es a lo que quieres llegar. Me siento completa como estoy.
- ¡Y es por eso que quiero que lo hagamos! Quiero sentir tu parte de hombre en mi cuerpo de mujer - Finalizó Jo.

Jo y el sexo:
“Aunque nunca me atrajeron los hombres en sí y no los veía más que como mis pares, de quienes envidiaba su protagonismo, tuve mi primer pololo a los dieciséis años. Influyeron mucho las presiones sociales de mis compañeras del colegio de monjas y a pesar de que tenía varios pretendientes, me resultaba más seductora una compañera que iba un curso más arriba. Con ese pololo tuve la peor experiencia de mi vida en lo que a sexo se refiere. Creo que me quitó la virginidad poniendo su cosa inexperta bruscamente adentro de mi, no hubo ni la ternura ni la delicadeza que imaginaba al pensar en lo sexual y la verdad es que nunca más quise volver a ver ese horrible pedazo de carne caliente colgando y goteando como un animal estúpido y baboso.”

- Para lo que quieres basta con que levantes una piedra y encontrarás a un montón de sujetos deseosos por satisfacerte.
- Lo sé. Pero no me gustan los hombres en general y menos aún los sujetos salidos de abajo de piedras.
- Si no te gustan los hombres... ¿Por qué deseas que te lo haga como uno?
- Porque quiero superar un trauma del pasado y estar en paz conmigo misma. ¿Nunca lo has hecho con una mujer?

Michel y el sexo:
“Ni hombres ni mujeres, creo que uno se enamora de personas y el sexo es un reflejo de ese amor. A veces sufrido, a veces alegre, pero siempre intenso e íntimo. Tal vez debido a las hormonas que me empecé a administrar y los cambios que generaron en mi cuerpo, mi líbido se volvió más difuso, como una especie de respuesta a un estímulo emocional más que algo meramente físico en sí. Antes de cambiar y asumirme como tal, tuve experiencias pero ninguna de ellas gratificantes, lo que incluso me hizo pensar que el sexo estaba sobrevalorado. Después, con mi cuerpo renovado, diría que me liberé de ese prejuicio, pude gozar más y me di cuenta de que los únicos límites son los que se pone una misma.”

- Sí lo he hecho con mujeres, pero ninguna de ellas era una desconocida como tú. – Afirmó mirando sus ojos verdes y llamativos.
- Eso lo puedo arreglar en un momento. Me llamo Josefina, pero mis amistades me dicen Jo, no sé si por lo jocosa o por lo jodida. Estudio agronomía, me encanta la naturaleza, cabalgar yeguas porfiadas como yo y tomar aire libre. Vengo de una familia tradicional que me tilda de loca inadaptada y liberal, con una madre que cada vez que me ve me pregunta si encontré novio y no entiende por qué no tengo. Me gusta beber cerveza de la botella, lo simple como la hoja de un árbol y disfrutar la vida. Mi sueño es poder irme mochileando hasta las ruinas de Machu Pichu y gritar desde la cima; ¡Soy libreee!


(continuará...)

miércoles, 11 de agosto de 2010

EL COMPAÑERO


Los rituales me indican que alguien viene esta noche. Ella anda como acelerada. Su corazón late más rápido. Corre de un lado para otro del departamento. Busca algo para ponerse encima, revuelve los cajones y después se mira con la ropa puesta frente al espejo. Finalmente pasa a mi lado, me guiña un ojo y se mete al baño. Reviso lo que seleccionó. Un colaless rojo diminuto y un vestido nuevo que trajo hace poco.
Escucho el ruido de la ducha y después el olor inconfundible de las cremas y perfumes extraños que se rocía en el cuerpo. Me cargan, hacen que me pique la nariz. Prefiero su sudor natural, mientras más marcado mejor. Como que me da mayor seguridad el sentirla cerca.
Canta una canción mientras se viste. Yo la miro callado. Me gustaría poder entenderla. Como que a veces está pero generalmente pareciera ida. Imaginándose cosas o acordándose de lo que le ha pasado. Qué extraño. No sé por qué lo hace. Podría comer e irse a acostar como la mayoría de las noches. Estaríamos tranquilos y relajados.
Suena el timbre y me pongo inquieto. Ella abre la puerta sonriendo, no sin mirarse antes en el espejo otra vez. Ahí está él. Es el tipo de la otra ocasión. No me gusta para nada. Se que miente cuando le habla. Lo puedo notar en su mirada y en sus poros cuando respira. Lo que sale de su boca no representa lo que su cuerpo realmente afirma. Si fuera por mí lo sacaría arrastrando para afuera, a pesar de que es más grande que yo. Es un invasor. Pero ella es la dueña del departamento. Ella es la que paga las cuentas y mi opinión importa poco.
Cenan y beben como si tuvieran demasiada sed. ¿Para qué toman alcohol? No hace más que empiecen a reírse como locos y transpirar. Es peligroso. Como que se pusieran fuera de sí y se volvieran más primitivos que de costumbre. Me iría a dormir pero prefiero permanecer alerta.
En un determinado momento el sujeto le coloca la mano en la pierna y me da suficientes motivos para estar nervioso. Reconozco lo que está pasando en ella. Su sexo se prepara como despertando de un sueño. Su cuerpo se vuelve más húmedo. Ya antes la he sorprendido con otros en cosas sexuales, incluso estando yo en la pieza contigua.
El le susurra cosas en la oreja que no comprendo y se le acerca. Definitivamente es una amenaza. Tengo que protegerla. Sobre todo porque después de intercambiar unas caricias se levantan de la mesa y se encaminan al dormitorio. Yo por supuesto que los sigo. Esto no me lo pierdo, aunque hagan como si no estuviera aquí. No puedo dejar que pase de nuevo lo mismo o al menos trataré de vigilarlos para detenerlos cuando llegue el momento.
Ella se empieza a desnudar y no puedo callarme más. Le digo lo que opino, pero ella no me escucha. Prefiere ignorarme al comienzo y cuando creo que al fin me hace caso, me grita molesta que me vaya de la habitación. Mis instintos no fallan. Siento que tras la sonrisa de él hay una violencia indeterminada esperando a asomarse con el tiempo. Una especie de suciedad que las personas suelen llamar maldad. Pero ella no es capaz de razonar con mis argumentos.
Ya estoy harto. Primero anda de mal genio. Después se entusiasma con algún extraño y se pone alegre. Pero luego de un día para otro anda triste. No entiendo. Y cuando trato de aconsejarla no me toma en cuenta, no obstante, frecuentemente es cariñosa conmigo, me acaricia y me demuestra que me quiere. Que complicada es. ¿Serán todas así?
La ventana del living está abierta y yo estoy enrabiado, así que salto del segundo piso y me interno en la noche. Nunca antes había salido más que a pasear con ella. El aroma de la libertad inunda mis sentidos. Se siente bien. La oscuridad me asusta, pero por otra parte me atrae, porque pareciera estar llena de oportunidades. Quizá me encuentre con otros de mi especie. Alguna hembra que me permita saciar mis ansias. Sin complicaciones. Total, solo se vive ahora. ¡Aprovecharé de correr sin una correa sujetando mi collar! No sé si podré recordar el camino de vuelta a casa, pero esas son cosas que a nosotros no nos preocupan. Al olfatear el tronco de un gran ciprés ya estoy en el cielo.

FIN

lunes, 2 de agosto de 2010

UN FANTASMA DE POSIBILIDADES INFINITAS


Se despertó sobresaltado en medio de la noche. Todavía podía sentir los dedos de ella tocando su cara y su risa bajita como si estuviera haciendo una travesura de la que no se pudiera aguantar. La cama a su lado permanecía tibia como si hubiera estado tendida junto a él hasta hace poco. Incluso tenía esa sensación de haber notado un peso sobre el colchón, poco antes de despertarse al sentir que le daban un beso en la nariz. Pero no había nadie en la habitación.

Desayunó como todos los días, una taza de café bien negro y un par de tostadas con mantequilla. Un ritual solitario y aburrido, pero necesario para empezar el día. Cuando entró al baño para su ducha matinal, se encontró con que el cuarto estaba lleno de vapor y la regadera tipo teléfono echaba agua furiosa fijada en su sujeción sobre la pared. Corrió la cortina de golpe esperando encontrársela desnuda adentro, pero sólo había agua caliente, cayendo a una temperatura muy alta que él jamás acostumbraba a usar, sólo ella tenía esa manía.

A la hora de almuerzo quiso ir a comer a un restaurante lejos de la oficina y se internó entre varias callecitas poco transitadas hasta perderse en ellas. Su aventura terminó frente a un caserón antiguo de comida exótica, abandonado para el común de la gente que circula por las calles aledañas. Lo reconocía desde el alma. Era el lugar dónde habían cenado esa noche de lluvia en que estaban un poco ebrios. Por más que lo buscaron después no lo habían podido encontrar. Instintivamente se asomó por la ventana y miró la mesa junto a la chimenea donde se sentaron y permanecieron hasta cuando los echaron de madrugada. Su pulso se aceleró al verla de espaldas leyendo la carta, como si lo estuviera esperando. Entró al sitio y avanzó hasta la mesa, pero allí la mujer era otra, como en un truco de ilusionista. Estaba seguro de que la había visto por la ventana, pero la muchacha sentada era totalmente distinta a ella.

Al regresar a su departamento la televisión estaba prendida. Tal vez había habido un corte de luz, pensó. Coincidentemente sintonizaba un canal que nunca veía, en él transmitían la última película que vieron juntos. Esa cinta inglesa bastante loca, sobre hacerse consciente en los sueños y poder manejarlos al antojo de uno. Justo iba en la parte dónde ella se había puesto llorar, cuando el protagonista decide volver a su vida monótona y tediosa, pero supuestamente real, y renuncia a sus sueños con esa otra mujer gloriosa, pero imaginaria.

Parecía que las cosas en torno a él tomaran vida propia, siempre vinculándose con ella. En el horno encontró un costillar al ajo cocinándose, que nunca puso, su plato preferido. Sonó la salsa que ella solía escuchar en el equipo de sonido, sin que nadie lo prendiera. Había un cocktail de los que ella tomaba, servido en la barra del mini bar. Colillas de cigarrillos en el cenicero como cuando ella fumaba y cantaba. Su olor sexual impregnaba el dormitorio. Eran demasiados estímulos. Se acostó tratando de huir de ese día extraño, cerró los ojos y sintió como las palmas de las manos de ella se posaban en su pecho, haciéndolo agitarse orgásmicamente. Pero al abrir los ojos, no había nadie.

¿De qué se trataba lo que le estaba pasando? Tal vez era una señal de que debía contactarla y preguntarle cómo estaba. Quizá ella tenía una explicación para todos esos incidentes, así que buscó en una vieja agenda su número de teléfono. Era el único dato que tenía y probablemente ya lo habría cambiado después de tantos años. Marcó aún sin saber precisamente qué le iba a decir si es que contestaba. Para su sorpresa ella le respondió con un entusiasta; “¡Hola amor! ¿Cómo has estado?”. Sólo atinó a comentar: “Hola... estoy bien, creo”. No fue necesario que dijera más porque ella le explicó todo.

Lo de los sueños conscientes funciona, partió afirmando alegre. Esta mañana amanecí contigo, luego te invité a que nos ducháramos, pero para variar me dijiste que el agua estaba muy caliente, aunque en la noche me habías prometido que no te separarías de mí, jum, refunfuñó haciéndose la enojada. A la hora de almuerzo fuimos a ese restaurante mágico que encontramos arrancando de la lluvia, después volvimos al departamento, nos tomamos unos tragos y vimos de nuevo la película de los sueños. Bailamos un rato, mientras se preparaba la cena y lo hicimos en la cama hasta desaparecer.

Tú eres parte de mi sueño consciente, afirmó y ya no hay límites para estar unidos. Aunque no sé dónde, cómo, ni con quién estás ahora, te sigo recordando y dando forma tal cual como fuiste para mí una vez. No te preocupes, ya no estarás más solo, cuenta conmigo, te amo. Le susurró antes de colgar mientras cada una de esas palabras llenaba su corazón. Al otro día desayunaron juntos en la cama y en vez de ir a la oficina se fueron a pasear a Paris al mediodía, miraron abrazados la puesta de sol en Tokio e hicieron el amor en una playa de Tahití. Curiosamente aunque se sabía imaginario, se sentía como un fantasma de posibilidades infinitas.

FIN
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