viernes, 25 de junio de 2010

"DOS CAROLINAS" (parte 3 de 3)


- ¿Tu piensas entonces que en la fiesta conociste a esa otra Carolina que te derramó el trago encima y con ella viniste al motel hoy?
- Algo así. – Argumentó con cierta timidez.
- ¿Y a mi como que no me conocerías?-
- No. Te conozco, pero como la amiga de Jorge a la que he visto un par de veces... no más que eso.-
- Ahhhh como amiga... –

Las palabras entraron por sus oídos como una corriente eléctrica. Detuvo su labor de vestirse y fue hasta su cartera de dónde sacó su celular.

- Entonces me puedes decir, señor desmemoriado. ¿Qué significan esas fotos?-

Le mostró fotos en las que aparecían juntos, algunas de ellas de su propio cumpleaños, mientras Gustavo se preguntaba cómo era posible. El no recordaba ninguna de esas fotografías. En su cumpleaños había estado sólo con su familia, la otra Carolina, con quién ya tenía algo, ni siquiera lo había podido llamar para saludarlo.
Tal vez se trataba de un trucaje fotográfico, pero el sabía de esas cosas y las fotografías tenían muy buena definición. Perfectas. Había también unas de un paseo a la playa y otras más que nunca había visto. Algo estaba fallando. Todo eso era una locura, probablemente se había equivocado de habitación y ya. Quizá esa otra Carolina estaba media loca. Debía averiguar que diablos estaba pasando.

- ¡Espera! No te vayas.- La detuvo cuando ya estaba arreglada y lista para marcharse por la puerta.
- No me vengas con que ahora tienes ganas, mira que ya todo se enfrió...–
- Por favor espérame un rato sentada acá... Yo vuelvo en seguida y conversamos.- Afirmó tratando de apaciguar su ánimo.
- Es el colmo, ya te fuiste una vez dejándome sola y ahora quieres irte de nuevo.-
- Tengo que ver algo de la tarjeta de crédito... ahora que me acuerdo parece que hubo un error en el cobro.- Inventó sin mucho poder de convencimiento.

Después de un largo suspiro, Carolina se sentó en la silla junto a la mesita con el cenicero, sacó un cigarrillo de su cartera y lo prendió.

- Bueno. Anda. Pero cuando termine mi cigarrillo me voy.- Amenazó.
- Gracias.- Respondió nervioso y salió de la habitación.

Una vez afuera de la pieza se encontró con la mucama en el pasillo, como si la mujer lo hubiera estado esperando.

- Perdóneme señor, pero usted no puede estar en dos lugares alternativos al mismo tiempo.-
- Entonces me equivoqué de pieza... ¿Verdad? Eso es todo.
- No. La pieza es la correcta, pero las señoritas no pueden coexistir simultáneamente. Usted debe decidir con cuál se queda o si no se produce una duplicidad que no debe darse.
- No le entiendo.- Dijo el hombre confundido y algo sobrepasado por las circunstancias.
- Es muy simple. Usted tiene que decidir quién estará detrás de la puerta. Al parecer la noche de la tormenta se produjo una alteración en su destino, que aún no ha concluido. Si le pide bailar a la Carolina del trago será ella la que esté adentro, desnuda, tendida en la cama, si no le pide bailar y se encuentra después en la fiesta con la otra Carolina, será ella la que se encuentre adentro fumándose un cigarrillo. No podemos actuar lógicamente sobre ese punto de inflexión temporal ya transcurrido, por lo que no queda más opción de que lo haga ahora.
- Esto no puede estar pasando...
- No debe, ni siquiera trate de entenderlo, pero si puede ocurrir debido a lo que usted y el resto de la gente piensan que fue una tormenta.
- ¿Quién es usted?
- Alguien enviado para ayudarle.- Sonrió la mujer, sin poder inspirarle confianza.

Gustavo en vez elegir al abrir la puerta, decidió huir. Corrió por el pasillo y subió las escaleras a toda velocidad, como si la mucama lo fuera a perseguir entre las sombras, algo que nunca ocurrió.
Al llegar al lobby la mujer gorda le preguntó si deseaba marcharse y él respondió que sí, cobardemente, con la respiración agitada, imaginando que una o las dos Carolinas seguían adentro aguardando por él. Pero todo era demasiado extraño y prefería no seguir hundiéndose en ese desquicio de tiempos y espacios alternativos.
Luego de activar con un dispositivo eléctrico la puerta de hierro forjado, la mujer gorda desde su puesto sentenció: “Ha sido su decisión”.
Pasó raudo por el acceso que estaba dividido en dos vías, mediante una cortina gruesa y pesada, hasta llegar a la puerta de acceso que daba a la avenida principal. Ya afuera el sol en lo alto lo encandiló durante unos segundos, dejándolo confundido, considerando que había llegado de madrugada. La avenida lucía distinta, más ancha y moderna de lo que recordaba. Se sentía un poco mareado y desconectado.
Se preguntó que estaba haciendo allí. Trató de recapitular la historia de los últimos minutos en su mente y recordó que se había quedado mirando ese viejo edificio donde antes funcionaba un motel y que estaba pronto a ser demolido. Se acordó que alguna vez cuando joven fue allá. Pero eso había sido hace muchos años, más de treinta, cuando aún le interesaba el sexo
Cuando se marchaba recibió una video-llamada de su hija mayor, Carolina. Es curioso, que después de hablar con ella, se pusiera a reflexionar por qué había querido bautizarla con ese nombre, Carolina, siendo que nunca tuvo una pareja o una persona querida que se llamará así.

FIN

6 comentarios:

  1. bueno, como todo artista, tienes cosas buenísimas y cosas malísimas, lo siento, bienvenido al mundo humano...

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  2. .....y claro está que ésta es una de las malísimas.

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  3. Malisimo el final!!! tal vez deberias tomarte vacaciones...

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  4. sinceramente: HEDIONDO

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  5. que tristes comentarios, huelen a alguien sediento del don de la escritura, amigo anonimo, la envidia te corroé.

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  6. A mi me gustó y BASTANTE!!!....porque todo tiene que ser tan predecible siempre?...porque hay que seguir una estructura?
    Las criticas son buenas siempre que tengan argumentos válidos, sin descalificaciones...no merece ni un descargo de mi parte tu comentario.

    Me sorprendiste Mauricio con el desenlace, no me lo esperaba así :P

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