martes, 22 de junio de 2010

"DOS CAROLINAS" (parte 2 de 3)


Ya bien vestido, siguió a la mucama de vuelta al lobby del edificio, a través del pasillo fantasmagórico. Cuando llegaron la mucama lo dejó con la recepcionista, una mujer mayor y gorda, sin cara de buenos amigos, que tomó su tarjeta de crédito y la pasó en la máquina con desgano, pensando seguramente en que a esa hora de la madrugada, podría estar durmiendo en su cama en vez de estar cobrando por camas ajenas.
Finalizada la transacción, Gustavo se dirigió de vuelta a la pieza, pero esta vez no estaba la mucama para acompañarlo. De hecho cuando llegaron tuvieron que esperar bastante rato en una especie de confesionario, escondidos tras una cortina negra. Daba la impresión de que no hubiera personal. Seguramente ante la ausencia del dueño del lugar los empleados, todas mujeres al parecer, aprovechaban de pegar unas cabeceaditas.
Cruzó el salón con la chimenea de piedra y el reloj de péndulo que rompía el silencio, con un tic-tac salido de hace siglos. El edificio debió haber sido un verdadero palacio en su época de esplendor y en él aún se visualizaban signos de grandeza, a pesar del maltrato de los años y del constante ir y venir de clientes ansiosos por encuentros furtivos.
Bajó las escaleras de concreto hasta llegar al subterráneo. En el camino estaba colgado un cuadro que probablemente tenía un par de décadas, con una mujer rubia cabalgando desnuda, arriba de un caballo blanco en la orilla del mar.
Una vez en el pasillo caminó calculando entre las penumbras la ubicación de la pieza, pero le parecía que todas las puertas eran iguales. Sabía que era más o menos al medio del pasillo y a la izquierda, pero al menos había tres puertas que podrían ser.
Se paró frente a las puertas y se imaginó las opciones divertidas (pero incómodas), si elegía una incorrecta. Finalmente seleccionó la que intuía que era. Dio unos toquecitos con los nudillos, pero no tuvo respuesta. Adentro se escuchaba música. Seguramente ella había prendido la radio con CD que estaba adosada a la muralla, junto a la entrada. Aplicó un poco de presión a la puerta y esta cedió abriéndose.
Entró con cierto recelo, no había nadie en la cama, las sábanas estaban tiradas hacia la parte baja y su chaqueta seguía puesta sobre la silla dónde la había dejado antes de salir, por lo que, para su fortuna, no se había equivocado de cuarto.
La voz de ella se escuchó de fondo a la canción que sonaba en la radio, diciéndole que estaba esperándolo en la tina. Gustavo volvió a quitarse la ropa entusiasmado, esta vez toda y se apresuró en ir al baño, pensando en que ya había perdido el suficiente tiempo y llegaba la hora de que viniera lo bueno. El vidrio voyeurista estaba empañado, pero aún así podía ver su silueta. Al entrar se encontró con Carolina desnuda, cobijada en el agua caliente de la tina.
Se quedó estático en el baño. Efectivamente era Carolina, pero no la Carolina con la que había llegado, sino otra Carolina que también conocía, pero con la que nunca había intimado.

- ¿Qué pasó que te demoraste tanto? – Le dijo ella desenredando las puntas de su pelo ondulado y rubio.
- Hola... – Balbuceó complicado – No te asustes, pero creo que me equivoqué de pieza. –
- ¿Cómo que te equivocaste de pieza? ¿A qué te refieres?–
- Es que yo vine con Carolina.–
- Obvio, si viniste conmigo... Carolina.– Respondió sonriendo sin comprender, divertida pensando que él bromeaba, pero como que no le encontraba la gracias al chiste.- ¿Te pasa algo?
- A ver, lo que pasa es que yo vine con otra Carolina... no entiendo esto.-
- ¿De qué otra Carolina me estás hablando? – Le preguntó tirándole un poco del agua de la tina.- En serio, me estás empezando a preocupar Gustavo.

Gustavo se preguntaba cómo había llegado su chaqueta a la habitación, si no era la suya... estaba claro que se trataba del mismo cuarto, pero qué pasó entonces. Tal vez las dos estaban confabuladas y le estaban tomando el pelo. Eso debía ser se dijo, aunque lo raro era que ellas no se conocían entre sí. A esta Carolina se la había presentado un amigo en común y la había visto en un par de eventos sociales, pero nunca había conversado con ella mucho más allá de saludarse.
A pesar de todo, estaba el hecho tentador de que tenía a una mujer bonita desnuda en la tina, al parecer dispuesta a tener relaciones con él. Sin embargo esa noche era la primera vez que lo haría con la otra Carolina, algo que también había esperado con ansias.
Optó por averiguar más del extraño asunto.

- Ayúdame a aclararme... cuéntame: ¿Cómo nos conocimos supuestamente y llegamos hasta acá?-
- ¿Te golpeaste la cabeza?- Dijo mirándolo con incertidumbre.
- No... por favor dime.-
- Realmente sales con cosas muy extrañas a veces Gustavo, no sé cómo te he aguantado todo este tiempo.- Exclamó molesta mientras salía de la tina y se secaba con una toalla. – Tú sabes que nos conocimos a través de Jorge y la primera vez que pasó algo fue en una fiesta, la noche en que hubo esa tormenta famosa. Estabas enojado porque una mujer te había derramado su trago en la camisa y yo porque me habían hecho una cita a ciegas con un sujeto horrible. Aproveché que te ubicaba de antes para escaparme contigo. Ahí nos conocimos más y empezaron a pasar cosas.-
- Ajá... – Replicó triunfante. – No fue así, la mujer que me derramó el trago, que también se llama Carolina, después que ella me pidiera disculpas, yo le propuse que bailara conmigo y así fue como la conocí.-
- ¿De qué estás hablando? – Vociferó ya directamente molesta.- No bailaste con ella, yo me encontré contigo al poco rato desde que te derramó el trago encima y sinceramente no sé a que viene toda esta estupidez. Venimos a pasarlo bien, a tirar como corresponde y tú me sales con todas estas tonteras juntas.-

Carolina se envolvió una toalla en el cuerpo y buscó la ropa para vestirse. Gustavo aprovechó de ponerse la ropa también, mientras especulaba con que todo era fingido y que efectivamente ella debía estar de acuerdo con la otra Carolina para gastarle una broma. No obstante su actuación era tan real, que no sabía que decir.
Mientras se vestía, ella trató de calmarse un poco y aclarar todo ese enredo. Gustavo podía ser medio extravagante para algunas cosas, pero era buena persona y quizá efectivamente algo le había afectado la memoria.

(Continuará...)

2 comentarios:

  1. Estamos en la parte 2 y el cristiano aun no logra su cometido (remojar el cochayuyo)... por la máquina! Que primero lo remoje y que despues piense en desatar el enigma, si no, se nos va quedar tieso el tio, o peor aun, pegandose un polvo con la gorda de la recepcion, y a ver si le resulta (uno nunca sabes con las guatonas), o, lo otro, recurriendo a la siempre fiel y digna Manuela Salvatore Palma.

    Que te sigo, Manolo

    ResponderEliminar
  2. Va entretenido el cuento... espero que su desenlace no sea como me lo estoy imaginando.

    ResponderEliminar

clocks for websitecontadores web