viernes, 18 de junio de 2010

"DOS CAROLINAS" (parte 1 de 3)


Caminaron de la mano a través del pasillo del subterráneo siguiendo a la mucama. Unas lámparas anaranjadas que simulaban antorchas, iluminaban el pasaje largo y recto cubierto por una gastada alfombra roja. El sitio era bastante lóbrego y silencioso, pero pintoresco y a un precio razonable, aunque no invitaba a imaginarse que pasaría en caso de un terremoto o un incendio. A ambos costados del pasillo había un sinfin de puertas, todas idénticas, que daban paso a las habitaciones clonadas entre sí tras las paredes.
La mucama se detuvo frente a la puerta de una de ellas, sacó un manojo de llaves de su delantal y la abrió.

- Esta es la pieza que tenemos disponible.- Dijo poniéndose a un lado de la puerta, para que la pareja observara el interior del recinto.

En el centro del cuarto había una cama antigua de dos plazas, con mástiles tallados en madera en sus cuatro extremos, que sujetaban sobre ella una especie de toldo victoriano. A los costados dos veladores cuadrados recubiertos con placas de vidrio, para evitar manchas seguramente y un teléfono gris que parecía sacado de un catálogo de los años sesenta.
El resto de la habitación era un pequeño sofá antiguo, que no lucía muy cómodo (aunque eso no importara), y una mesita redonda con dos sillas y un cenicero de vidrio encima. El baño por su parte contaba con una tina grande tipo jacuzzi empotrada a un rincón, que quedaba expuesta a través de una pared con vidrio. Como en todas las habitaciones también había un espejo largo ocupando una de las murallas, que permitía observarse acostado en la cama, pero no alcanzaba a reflejar a alguien en pie.

- ¿Te gusta? – Le preguntó Gustavo a la muchacha, esperando que dijera que sí, ya que un no significaba irse a otro lugar, sacrificando preciosos minutos de tiempo amatorio en una nueva búsqueda.

Carolina asintió con la cabeza y luego añadió un escueto: “Está bien”, mientras recordaba un motel lujoso dónde la llevaba su ex, que superaba con creces a ese castillo a medio mal traer, sacado de una película de horror. Pero ya no estaba con él y prefería un lugar discreto. Aunque no tenía nada que ocultarle a nadie, inconscientemente optaba por algo oscuro y no habitual, como si se estuviera escondiendo de sí misma y de los sentimientos que trataba de dejar en el pasado.
La mucama les preguntó sobre las bebidas querían servirse, que terminaron siendo un agua mineral sin gas para ella (con gas no tenían) y una cerveza nacional para él. Una vez que la mujer abandonó la habitación, Gustavo cerró el seguro de la puerta. La miró sonriendo con una picardía que daba a entender que por fin estaban solos, un momento que esperaba desde que la conoció y empezaron a estar en contacto hacía ya tres meses. Sin embargo todo ese tiempo habían mantenido una relación más bien amistosa, por teléfono, chat y algunas salidas a pasear. Se conocieron en una fiesta a mediados de semana, en una noche en que hubo una tormenta memorable, cuando ella derramó por casualidad su trago en la camisa de él.
Carolina estaba ya decidida a pasar un buen rato, sin compromisos ni exigencias, no daría pie atrás a pesar de que se sentía un poco incómoda. Gustavo era un tipo agradable con el que le gustaba conversar y le parecía atractivo, pero en ningún caso llegaba a su corazón. Y eso era mejor, ya que no se sentía comprometida ni obligada a nada. Si todo terminaba ahí seguirían tan seudo amigos como antes.
Ella se sacó una a una sus prendas hasta quedar sólo en ropa interior, un conjunto blanco bordado y coqueto para la ocasión. A Gustavo le agradó su iniciativa y resolución, aunque le pareció tal vez demasiado práctica, incluso algo fría la situación, acostumbrado a mujeres que les pedían que las besaran un rato antes de que les quitaran la ropa.
Se le acercó, puso ambas manos en su cintura y la besó apasionadamente en la boca y en el cuello, aprovechando a la vez de deslizar sus dedos al interior del calzón y tantear sus partes más íntimas. Ella se separó de su cuerpo, que ya empezaba a transpirar de excitación y le preguntó si estaba seguro de que la puerta había quedado bien cerrada. A pesar de que respondió afirmativamente igual fue hasta la puerta y la jaló para evidenciarle que estaba todo ok. Mientras tanto ella abrió la cama, tirando la ropa para la parte baja de ésta y se tendió de espaldas sacándose el sujetador y los calzones levantando ambas piernas juntas, quedando completamente desnuda.
Gustavo se apresuró a quitarse la ropa, mientras la miraba sonriendo embelesado y repasaba con los ojos su cuerpo. Tendría cerca de treinta años, pero se veía un poco menor, alta casi como él y curvilínea, con el pelo oscuro, liso y largo.
Con unos boxers negros puestos y sus calcetines celestes de la suerte, se recostó sobre ella en la cama. Carolina abrió sus piernas para recibirlo y su vagina se asomó entre sus muslos. Gustavo se apoyó sobre su cuerpo haciendo contacto con su sexo, sujetando ambas rodillas a los costados de su torso, mientras besaba sus hombros y la estrechaba con calidez. Luego de unos movimientos encima, se dispuso a bajar sus boxers para penetrarla cuando tocaron a la puerta.... ¿Por qué siempre tenían que elegir ese preciso momento?, pensó.
Automáticamente Carolina se lo sacó de encima, como si fuera una adolescente cuyo padre golpea a la puerta de su habitación y se metió adentro de la cama cubriéndose con las sábanas. Gustavo por su parte se puso en pie y se colocó los pantalones rápidamente, a pesar de su erección que dificultaba el proceso. Caminó hasta la puerta y le abrió a la mucama que entró con una bandeja con las bebidas.
Luego de dejar todo sobre la mesa la mujer le dijo:

- Me tiene que cancelar la habitación... –

Gustavo buscó en la billetera de su pantalón, pero no contaba con que los veinte mil pesos que tenía originalmente para el motel, se los había gastado en el pub al que habían ido antes.

- ¿Se puede pagar con tarjeta de crédito verdad? – Inquirió.
- Sí. Pero me tiene que acompañar al lobby.- Le respondió la mucama.
- ¿Al lobby?-
- Sí. Porque no tenemos red acá.-

Gustavo dudó unos instantes, pero las alternativas eran pedirle el dinero a ella, lo cual no resultaría muy caballeroso que digamos o irse de la pieza, lo cual arruinaría el momento.

- Me espera un poco afuera.- Respondió finalmente.
- Por supuesto.- Dijo la mucama saliendo de la pieza.

Gustavo se acercó a la cama donde Carolina ya asomaba la cabeza sobre las sábanas.

- Ya escuché... No te demores o voy a tener que empezar sola.-
- Te prometo que subo y vuelvo enseguida.- Aseguró dándole un beso cariñoso en la frente mientras su mano acariciaba su pecho izquierdo por debajo de la sábana.
(Continuará...)

6 comentarios:

  1. Jajajaja está bueno!! Dale, te sigo, pero no tardes demasiado por favor si no quieres que yo empiece sola, a especular................

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  2. demasiada obvia tu historia comun para empezar,eres versatil para escribir pero me gusta mas cuando te conviertes en poeta....Pam

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  3. Quiero que publiques la segunda y tercera parta yaaa... muy buena, el final? debe ser interesante

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  4. jajaja me gusto pero mas me gusto tu poema creo que ese es tu lado...........interesante.

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  5. A parte de ser guapisimo y Chileno, escribes con el alma....me encanta.....
    Felicitaciones

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  6. Muy excitante . siento su nerviosismo como ...si estuviera alli

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