lunes, 28 de junio de 2010

TE PERDISTE TU FUNERAL EL OTRO DIA


Te perdiste tu funeral el otro día 
estuvo tan entretenido que te hubiera gustado estar 
había unos tapaditos de queso 
varias piezas de sushi harto maní 
y unos panqueques de acelga 
para los golosos 
tus amigos hicieron una colecta 
para ir a comprar más vino cuando se acabó 
y tus amigas dijeron que estabas 
regia y pálida como siempre 
con tu vestido blanco tu sortija en el dedo 
y ese collar pintoresco adentro del puño 
unos profesores hablaron 
de lo talentosa y responsable que eras 
como en todo buen sepelio 
de vez en cuando 
los niños se asomaban adentro de tu caja 
y sonreían haciéndote musarañas 
mientras un viejo medio ciego 
cantaba con un acordeón una canción de amor 
llegó gente desde muy lejos 
e hizo harto frío ese día 
así que mantenían prendida la chimenea 
tirándole hojas con poemas pasados de moda 
tus papeles con apuntes, tus fotos y tus recuerdos 
alguien contó un chiste 
sobre un burro, una avestruz y un plumero 
e hizo reír a muchos 
y un tío que no te veía hace tiempo 
se puso a hacer un asado en el patio 
por su parte tus familiares no se explicaban 
qué había pasado 
si el día antes aún tenías tus alas bien puestas 
los vecinos te habían saludado 
y habías seguido tu rutina habitual paso a paso 
pero así es la vida 
todo pasa tan rápido 
que ahí estaba yo 
frente a un curita al que no se le entendía mucho 
leyendo en el responso 
una carta que habías escrito varios días atrás 
en la que decías que pasara lo que pasara 
todo iba a estar bien... 
al cierre de la ceremonia 
pusieron música bailable 
y algunos se subieron arriba de las sillas 
a aplaudir 
y todos bailaron a tu alrededor menos yo 
que sin que nadie se diera cuenta 
derramé un par de lágrimas y besé el ataúd 
justo antes de que una carreta de bueyes 
se lo llevara para tirarlo al mar del abandono 
dónde terminaría por hundirse 
para siempre. 

viernes, 25 de junio de 2010

"DOS CAROLINAS" (parte 3 de 3)


- ¿Tu piensas entonces que en la fiesta conociste a esa otra Carolina que te derramó el trago encima y con ella viniste al motel hoy?
- Algo así. – Argumentó con cierta timidez.
- ¿Y a mi como que no me conocerías?-
- No. Te conozco, pero como la amiga de Jorge a la que he visto un par de veces... no más que eso.-
- Ahhhh como amiga... –

Las palabras entraron por sus oídos como una corriente eléctrica. Detuvo su labor de vestirse y fue hasta su cartera de dónde sacó su celular.

- Entonces me puedes decir, señor desmemoriado. ¿Qué significan esas fotos?-

Le mostró fotos en las que aparecían juntos, algunas de ellas de su propio cumpleaños, mientras Gustavo se preguntaba cómo era posible. El no recordaba ninguna de esas fotografías. En su cumpleaños había estado sólo con su familia, la otra Carolina, con quién ya tenía algo, ni siquiera lo había podido llamar para saludarlo.
Tal vez se trataba de un trucaje fotográfico, pero el sabía de esas cosas y las fotografías tenían muy buena definición. Perfectas. Había también unas de un paseo a la playa y otras más que nunca había visto. Algo estaba fallando. Todo eso era una locura, probablemente se había equivocado de habitación y ya. Quizá esa otra Carolina estaba media loca. Debía averiguar que diablos estaba pasando.

- ¡Espera! No te vayas.- La detuvo cuando ya estaba arreglada y lista para marcharse por la puerta.
- No me vengas con que ahora tienes ganas, mira que ya todo se enfrió...–
- Por favor espérame un rato sentada acá... Yo vuelvo en seguida y conversamos.- Afirmó tratando de apaciguar su ánimo.
- Es el colmo, ya te fuiste una vez dejándome sola y ahora quieres irte de nuevo.-
- Tengo que ver algo de la tarjeta de crédito... ahora que me acuerdo parece que hubo un error en el cobro.- Inventó sin mucho poder de convencimiento.

Después de un largo suspiro, Carolina se sentó en la silla junto a la mesita con el cenicero, sacó un cigarrillo de su cartera y lo prendió.

- Bueno. Anda. Pero cuando termine mi cigarrillo me voy.- Amenazó.
- Gracias.- Respondió nervioso y salió de la habitación.

Una vez afuera de la pieza se encontró con la mucama en el pasillo, como si la mujer lo hubiera estado esperando.

- Perdóneme señor, pero usted no puede estar en dos lugares alternativos al mismo tiempo.-
- Entonces me equivoqué de pieza... ¿Verdad? Eso es todo.
- No. La pieza es la correcta, pero las señoritas no pueden coexistir simultáneamente. Usted debe decidir con cuál se queda o si no se produce una duplicidad que no debe darse.
- No le entiendo.- Dijo el hombre confundido y algo sobrepasado por las circunstancias.
- Es muy simple. Usted tiene que decidir quién estará detrás de la puerta. Al parecer la noche de la tormenta se produjo una alteración en su destino, que aún no ha concluido. Si le pide bailar a la Carolina del trago será ella la que esté adentro, desnuda, tendida en la cama, si no le pide bailar y se encuentra después en la fiesta con la otra Carolina, será ella la que se encuentre adentro fumándose un cigarrillo. No podemos actuar lógicamente sobre ese punto de inflexión temporal ya transcurrido, por lo que no queda más opción de que lo haga ahora.
- Esto no puede estar pasando...
- No debe, ni siquiera trate de entenderlo, pero si puede ocurrir debido a lo que usted y el resto de la gente piensan que fue una tormenta.
- ¿Quién es usted?
- Alguien enviado para ayudarle.- Sonrió la mujer, sin poder inspirarle confianza.

Gustavo en vez elegir al abrir la puerta, decidió huir. Corrió por el pasillo y subió las escaleras a toda velocidad, como si la mucama lo fuera a perseguir entre las sombras, algo que nunca ocurrió.
Al llegar al lobby la mujer gorda le preguntó si deseaba marcharse y él respondió que sí, cobardemente, con la respiración agitada, imaginando que una o las dos Carolinas seguían adentro aguardando por él. Pero todo era demasiado extraño y prefería no seguir hundiéndose en ese desquicio de tiempos y espacios alternativos.
Luego de activar con un dispositivo eléctrico la puerta de hierro forjado, la mujer gorda desde su puesto sentenció: “Ha sido su decisión”.
Pasó raudo por el acceso que estaba dividido en dos vías, mediante una cortina gruesa y pesada, hasta llegar a la puerta de acceso que daba a la avenida principal. Ya afuera el sol en lo alto lo encandiló durante unos segundos, dejándolo confundido, considerando que había llegado de madrugada. La avenida lucía distinta, más ancha y moderna de lo que recordaba. Se sentía un poco mareado y desconectado.
Se preguntó que estaba haciendo allí. Trató de recapitular la historia de los últimos minutos en su mente y recordó que se había quedado mirando ese viejo edificio donde antes funcionaba un motel y que estaba pronto a ser demolido. Se acordó que alguna vez cuando joven fue allá. Pero eso había sido hace muchos años, más de treinta, cuando aún le interesaba el sexo
Cuando se marchaba recibió una video-llamada de su hija mayor, Carolina. Es curioso, que después de hablar con ella, se pusiera a reflexionar por qué había querido bautizarla con ese nombre, Carolina, siendo que nunca tuvo una pareja o una persona querida que se llamará así.

FIN

martes, 22 de junio de 2010

"DOS CAROLINAS" (parte 2 de 3)


Ya bien vestido, siguió a la mucama de vuelta al lobby del edificio, a través del pasillo fantasmagórico. Cuando llegaron la mucama lo dejó con la recepcionista, una mujer mayor y gorda, sin cara de buenos amigos, que tomó su tarjeta de crédito y la pasó en la máquina con desgano, pensando seguramente en que a esa hora de la madrugada, podría estar durmiendo en su cama en vez de estar cobrando por camas ajenas.
Finalizada la transacción, Gustavo se dirigió de vuelta a la pieza, pero esta vez no estaba la mucama para acompañarlo. De hecho cuando llegaron tuvieron que esperar bastante rato en una especie de confesionario, escondidos tras una cortina negra. Daba la impresión de que no hubiera personal. Seguramente ante la ausencia del dueño del lugar los empleados, todas mujeres al parecer, aprovechaban de pegar unas cabeceaditas.
Cruzó el salón con la chimenea de piedra y el reloj de péndulo que rompía el silencio, con un tic-tac salido de hace siglos. El edificio debió haber sido un verdadero palacio en su época de esplendor y en él aún se visualizaban signos de grandeza, a pesar del maltrato de los años y del constante ir y venir de clientes ansiosos por encuentros furtivos.
Bajó las escaleras de concreto hasta llegar al subterráneo. En el camino estaba colgado un cuadro que probablemente tenía un par de décadas, con una mujer rubia cabalgando desnuda, arriba de un caballo blanco en la orilla del mar.
Una vez en el pasillo caminó calculando entre las penumbras la ubicación de la pieza, pero le parecía que todas las puertas eran iguales. Sabía que era más o menos al medio del pasillo y a la izquierda, pero al menos había tres puertas que podrían ser.
Se paró frente a las puertas y se imaginó las opciones divertidas (pero incómodas), si elegía una incorrecta. Finalmente seleccionó la que intuía que era. Dio unos toquecitos con los nudillos, pero no tuvo respuesta. Adentro se escuchaba música. Seguramente ella había prendido la radio con CD que estaba adosada a la muralla, junto a la entrada. Aplicó un poco de presión a la puerta y esta cedió abriéndose.
Entró con cierto recelo, no había nadie en la cama, las sábanas estaban tiradas hacia la parte baja y su chaqueta seguía puesta sobre la silla dónde la había dejado antes de salir, por lo que, para su fortuna, no se había equivocado de cuarto.
La voz de ella se escuchó de fondo a la canción que sonaba en la radio, diciéndole que estaba esperándolo en la tina. Gustavo volvió a quitarse la ropa entusiasmado, esta vez toda y se apresuró en ir al baño, pensando en que ya había perdido el suficiente tiempo y llegaba la hora de que viniera lo bueno. El vidrio voyeurista estaba empañado, pero aún así podía ver su silueta. Al entrar se encontró con Carolina desnuda, cobijada en el agua caliente de la tina.
Se quedó estático en el baño. Efectivamente era Carolina, pero no la Carolina con la que había llegado, sino otra Carolina que también conocía, pero con la que nunca había intimado.

- ¿Qué pasó que te demoraste tanto? – Le dijo ella desenredando las puntas de su pelo ondulado y rubio.
- Hola... – Balbuceó complicado – No te asustes, pero creo que me equivoqué de pieza. –
- ¿Cómo que te equivocaste de pieza? ¿A qué te refieres?–
- Es que yo vine con Carolina.–
- Obvio, si viniste conmigo... Carolina.– Respondió sonriendo sin comprender, divertida pensando que él bromeaba, pero como que no le encontraba la gracias al chiste.- ¿Te pasa algo?
- A ver, lo que pasa es que yo vine con otra Carolina... no entiendo esto.-
- ¿De qué otra Carolina me estás hablando? – Le preguntó tirándole un poco del agua de la tina.- En serio, me estás empezando a preocupar Gustavo.

Gustavo se preguntaba cómo había llegado su chaqueta a la habitación, si no era la suya... estaba claro que se trataba del mismo cuarto, pero qué pasó entonces. Tal vez las dos estaban confabuladas y le estaban tomando el pelo. Eso debía ser se dijo, aunque lo raro era que ellas no se conocían entre sí. A esta Carolina se la había presentado un amigo en común y la había visto en un par de eventos sociales, pero nunca había conversado con ella mucho más allá de saludarse.
A pesar de todo, estaba el hecho tentador de que tenía a una mujer bonita desnuda en la tina, al parecer dispuesta a tener relaciones con él. Sin embargo esa noche era la primera vez que lo haría con la otra Carolina, algo que también había esperado con ansias.
Optó por averiguar más del extraño asunto.

- Ayúdame a aclararme... cuéntame: ¿Cómo nos conocimos supuestamente y llegamos hasta acá?-
- ¿Te golpeaste la cabeza?- Dijo mirándolo con incertidumbre.
- No... por favor dime.-
- Realmente sales con cosas muy extrañas a veces Gustavo, no sé cómo te he aguantado todo este tiempo.- Exclamó molesta mientras salía de la tina y se secaba con una toalla. – Tú sabes que nos conocimos a través de Jorge y la primera vez que pasó algo fue en una fiesta, la noche en que hubo esa tormenta famosa. Estabas enojado porque una mujer te había derramado su trago en la camisa y yo porque me habían hecho una cita a ciegas con un sujeto horrible. Aproveché que te ubicaba de antes para escaparme contigo. Ahí nos conocimos más y empezaron a pasar cosas.-
- Ajá... – Replicó triunfante. – No fue así, la mujer que me derramó el trago, que también se llama Carolina, después que ella me pidiera disculpas, yo le propuse que bailara conmigo y así fue como la conocí.-
- ¿De qué estás hablando? – Vociferó ya directamente molesta.- No bailaste con ella, yo me encontré contigo al poco rato desde que te derramó el trago encima y sinceramente no sé a que viene toda esta estupidez. Venimos a pasarlo bien, a tirar como corresponde y tú me sales con todas estas tonteras juntas.-

Carolina se envolvió una toalla en el cuerpo y buscó la ropa para vestirse. Gustavo aprovechó de ponerse la ropa también, mientras especulaba con que todo era fingido y que efectivamente ella debía estar de acuerdo con la otra Carolina para gastarle una broma. No obstante su actuación era tan real, que no sabía que decir.
Mientras se vestía, ella trató de calmarse un poco y aclarar todo ese enredo. Gustavo podía ser medio extravagante para algunas cosas, pero era buena persona y quizá efectivamente algo le había afectado la memoria.

(Continuará...)

viernes, 18 de junio de 2010

"DOS CAROLINAS" (parte 1 de 3)


Caminaron de la mano a través del pasillo del subterráneo siguiendo a la mucama. Unas lámparas anaranjadas que simulaban antorchas, iluminaban el pasaje largo y recto cubierto por una gastada alfombra roja. El sitio era bastante lóbrego y silencioso, pero pintoresco y a un precio razonable, aunque no invitaba a imaginarse que pasaría en caso de un terremoto o un incendio. A ambos costados del pasillo había un sinfin de puertas, todas idénticas, que daban paso a las habitaciones clonadas entre sí tras las paredes.
La mucama se detuvo frente a la puerta de una de ellas, sacó un manojo de llaves de su delantal y la abrió.

- Esta es la pieza que tenemos disponible.- Dijo poniéndose a un lado de la puerta, para que la pareja observara el interior del recinto.

En el centro del cuarto había una cama antigua de dos plazas, con mástiles tallados en madera en sus cuatro extremos, que sujetaban sobre ella una especie de toldo victoriano. A los costados dos veladores cuadrados recubiertos con placas de vidrio, para evitar manchas seguramente y un teléfono gris que parecía sacado de un catálogo de los años sesenta.
El resto de la habitación era un pequeño sofá antiguo, que no lucía muy cómodo (aunque eso no importara), y una mesita redonda con dos sillas y un cenicero de vidrio encima. El baño por su parte contaba con una tina grande tipo jacuzzi empotrada a un rincón, que quedaba expuesta a través de una pared con vidrio. Como en todas las habitaciones también había un espejo largo ocupando una de las murallas, que permitía observarse acostado en la cama, pero no alcanzaba a reflejar a alguien en pie.

- ¿Te gusta? – Le preguntó Gustavo a la muchacha, esperando que dijera que sí, ya que un no significaba irse a otro lugar, sacrificando preciosos minutos de tiempo amatorio en una nueva búsqueda.

Carolina asintió con la cabeza y luego añadió un escueto: “Está bien”, mientras recordaba un motel lujoso dónde la llevaba su ex, que superaba con creces a ese castillo a medio mal traer, sacado de una película de horror. Pero ya no estaba con él y prefería un lugar discreto. Aunque no tenía nada que ocultarle a nadie, inconscientemente optaba por algo oscuro y no habitual, como si se estuviera escondiendo de sí misma y de los sentimientos que trataba de dejar en el pasado.
La mucama les preguntó sobre las bebidas querían servirse, que terminaron siendo un agua mineral sin gas para ella (con gas no tenían) y una cerveza nacional para él. Una vez que la mujer abandonó la habitación, Gustavo cerró el seguro de la puerta. La miró sonriendo con una picardía que daba a entender que por fin estaban solos, un momento que esperaba desde que la conoció y empezaron a estar en contacto hacía ya tres meses. Sin embargo todo ese tiempo habían mantenido una relación más bien amistosa, por teléfono, chat y algunas salidas a pasear. Se conocieron en una fiesta a mediados de semana, en una noche en que hubo una tormenta memorable, cuando ella derramó por casualidad su trago en la camisa de él.
Carolina estaba ya decidida a pasar un buen rato, sin compromisos ni exigencias, no daría pie atrás a pesar de que se sentía un poco incómoda. Gustavo era un tipo agradable con el que le gustaba conversar y le parecía atractivo, pero en ningún caso llegaba a su corazón. Y eso era mejor, ya que no se sentía comprometida ni obligada a nada. Si todo terminaba ahí seguirían tan seudo amigos como antes.
Ella se sacó una a una sus prendas hasta quedar sólo en ropa interior, un conjunto blanco bordado y coqueto para la ocasión. A Gustavo le agradó su iniciativa y resolución, aunque le pareció tal vez demasiado práctica, incluso algo fría la situación, acostumbrado a mujeres que les pedían que las besaran un rato antes de que les quitaran la ropa.
Se le acercó, puso ambas manos en su cintura y la besó apasionadamente en la boca y en el cuello, aprovechando a la vez de deslizar sus dedos al interior del calzón y tantear sus partes más íntimas. Ella se separó de su cuerpo, que ya empezaba a transpirar de excitación y le preguntó si estaba seguro de que la puerta había quedado bien cerrada. A pesar de que respondió afirmativamente igual fue hasta la puerta y la jaló para evidenciarle que estaba todo ok. Mientras tanto ella abrió la cama, tirando la ropa para la parte baja de ésta y se tendió de espaldas sacándose el sujetador y los calzones levantando ambas piernas juntas, quedando completamente desnuda.
Gustavo se apresuró a quitarse la ropa, mientras la miraba sonriendo embelesado y repasaba con los ojos su cuerpo. Tendría cerca de treinta años, pero se veía un poco menor, alta casi como él y curvilínea, con el pelo oscuro, liso y largo.
Con unos boxers negros puestos y sus calcetines celestes de la suerte, se recostó sobre ella en la cama. Carolina abrió sus piernas para recibirlo y su vagina se asomó entre sus muslos. Gustavo se apoyó sobre su cuerpo haciendo contacto con su sexo, sujetando ambas rodillas a los costados de su torso, mientras besaba sus hombros y la estrechaba con calidez. Luego de unos movimientos encima, se dispuso a bajar sus boxers para penetrarla cuando tocaron a la puerta.... ¿Por qué siempre tenían que elegir ese preciso momento?, pensó.
Automáticamente Carolina se lo sacó de encima, como si fuera una adolescente cuyo padre golpea a la puerta de su habitación y se metió adentro de la cama cubriéndose con las sábanas. Gustavo por su parte se puso en pie y se colocó los pantalones rápidamente, a pesar de su erección que dificultaba el proceso. Caminó hasta la puerta y le abrió a la mucama que entró con una bandeja con las bebidas.
Luego de dejar todo sobre la mesa la mujer le dijo:

- Me tiene que cancelar la habitación... –

Gustavo buscó en la billetera de su pantalón, pero no contaba con que los veinte mil pesos que tenía originalmente para el motel, se los había gastado en el pub al que habían ido antes.

- ¿Se puede pagar con tarjeta de crédito verdad? – Inquirió.
- Sí. Pero me tiene que acompañar al lobby.- Le respondió la mucama.
- ¿Al lobby?-
- Sí. Porque no tenemos red acá.-

Gustavo dudó unos instantes, pero las alternativas eran pedirle el dinero a ella, lo cual no resultaría muy caballeroso que digamos o irse de la pieza, lo cual arruinaría el momento.

- Me espera un poco afuera.- Respondió finalmente.
- Por supuesto.- Dijo la mucama saliendo de la pieza.

Gustavo se acercó a la cama donde Carolina ya asomaba la cabeza sobre las sábanas.

- Ya escuché... No te demores o voy a tener que empezar sola.-
- Te prometo que subo y vuelvo enseguida.- Aseguró dándole un beso cariñoso en la frente mientras su mano acariciaba su pecho izquierdo por debajo de la sábana.
(Continuará...)

lunes, 14 de junio de 2010

LA VIDA DE LOS PAJAROS


No te escribiré
porque sé que te carga...
mis palabras publicadas
te hacen sentir expuesta
mis frases no logran más que
agotarte, aburrirte y confundirte
más de lo que ya estás
mientras que mi silencio
resulta más pacífico y llevadero
como un poco de sol en pleno invierno
por eso ya no te escribiré
mejor me voy a dedicar a contar ovejas
a ver partidos de fútbol
y a descubrir por qué la lluvia
pareciera pronunciar tu nombre a veces...
pero tampoco escribiré sobre la lluvia
no quiero sentir más frío
ni estar cansado al final del día
se ama completamente o no se ama
cuando llegue la hora
de moverse de aquí me pregunto
si habrá algún vuelo sin escalas
hacia la libertad
si la vida de los pájaros
será como la nuestra
si también ellos tienen dudas
al extender sus alas y abandonarlo todo
si sienten nudos en el aire
al tratar de volar
pero tampoco escribiré sobre los pájaros
prefiero escribir que
creo en las emociones auténticas
en lo que se demuestra con ardor
y en que no hay mayor capital
que el ser querido de corazón
cuando se escribe
cualquier día es un buen día para partir
para renunciar a los recelos
y dejar que estas palabras hablen
impresas como canciones
en las gotas de lluvia y en el viento
en las pozas de las calles y en los colectivos
en las pistas de patinaje y de bowling
publicadas en las plumas de los pájaros
en la lana de las ovejas
en las turbinas de los aviones
y en todo lo que aspire a moverse
llevando un sencillo mensaje
y que vayan a dónde vayan
estas letras reunidas con melancolía
incluso hasta el fin del mundo
transporten esta simple frase
que dice que te extraño
no sabes cuánto
antes de esfumarse.

jueves, 10 de junio de 2010

POEMA PARA CUANDO ME TRAIGAS DE VUELTA


Cuando no esté y me traigas de vuelta
me gustaría que fuera con alegría
que la cabeza se de la mano con el corazón
y que mis recuerdos no sean joyas ni libros pesados
sino pequeños caramelos guardados en tu mente
porque siempre quise ser para ti
alguien ligero que pudiera hacerte volar
ser una solución para tus dificultades en vez de un problema
y que cuando pareciera no haber salida
cuando el mundo se te presente como un lugar complejo
monótono, frío y lleno de dudas
sientas que aún hay inspiración y pasión por vivir
en todas partes
y aunque nunca hubieras apostado por mi cariño
ni pensado que estas memorias que escribimos
servirían de algo más que una especie de recreo
nunca me cansé de explorar tu compañía
ni de verte reír con ganas
como a una persona cuya felicidad se transformó
en uno de mis tesoros
en uno de mis placeres
por eso cuando te acuerdes de mi
recuerda que
cada vez que estuvimos juntos sonreímos con picardía
y nos miramos de una forma especial
y nos besamos de manera espontánea
y nos abrazamos con devoción
a pesar de que el tiempo y las convenciones sociales
no estuvieran de nuestro lado
aunque no tuviera ni las respuestas ni las preguntas que esperabas
me fui quedando prendido de tus manos y de tu esencia
de tu forma de ser al acercarte y al alejarte
y te busqué en mis ensoñaciones para acurrucarme a tu lado
hasta que la luz se fuera y sólo quedara la calma
y así a medida que esto se va escapando como un papel en el viento
me tiendo a sentir la brisa en mi cara
sin pensar en que ha llegado el día
en que renuncias al curso por el que íbamos
para volver a centrarte en lo que fuera tu preexistencia
el día en que mis insensateces de ilusionista no tienen más cabida
en tus planes de seguir el que consideras tu verdadero camino
pues finalmente todo es como sientes que tiene que ser...
cerrarás mis párpados con ternura al partir hacia un nuevo comienzo
y cuando me eches de menos
cuando esa senda se te haga dificultosa
tráeme de vuelta para amenizar tus anécdotas
aunque ya no esté presente para darte ánimo
o para acariciarte de a poco con paciencia
búscame en tu memoria
porque a pesar de que ya nada será igual
aún así regresaré de vez en cuando desde el pasado
para musitarte que tú siempre podrás lograr lo que te propongas
que mis abrazos no culminaron en mi cuerpo
que te he dejado mi energía amorosa rodeándote a tu favor
como si fuera un campo de fuerza benigna
para que esa ruta te lleve hacia una dicha bonita y duradera
porque estoy seguro de que en lo que fuera nuestro territorio
(un pedazo de suelo árido sin aspiraciones en el alma
pero intensamente bello)
quedó sembrada la semilla de nuestra independencia al querernos
y de nuestra soltura al estar compenetrados el uno con el otro
y algún día crecerán bosques, brotarán ríos
y habrá todo un ecosistema de afectos
paisajes hermosos donde construirás el hogar
que te albergará hasta que te marches
donde vivirás las historias que has deseado vivenciar
entonces recuerda cuando no esté
que si te sientes desconsolada o desprotegida
podrás asomarte a tu ventana a ver tus jardines bañados por el sol
y sabrás que te amé y que me amaste
y que desde mi ausencia te seguiré extrañando y deseando amarte
que podré ya ser materia del olvido, la crítica y la ignorancia
pero que aunque no esté... estaré de vuelta
con una parte de mi espíritu velando por ti a través de los recuerdos
para que nunca falte en tu vida
el amor algo insensato
pero sincero
que inventáramos
estando juntos.

lunes, 7 de junio de 2010

¿A DONDE PERTENECER?


No pertenezco a esta ciudad 
no sé a dónde ir ni qué hacer 
es como si a veces algo me refrenara 
al no encontrarle sentido a estos ambientes 
no me siento identificado con ningún barrio 
con ninguna moda, tendencia o estilo de estar 
no tengo nada que vender 
ni nada que comprar aquí 
no quiero convencer a nadie 
con ideas, expresiones o ideologías 
no me interesa ser parte de un club 
ni llegar a las multitudes 
para volverme popular

pues no pertenezco a este país 
no le pertenezco a quién me paga un sueldo 
ni siquiera a quienes me criaron con cariño 
para ser un hombre de bien 
ni a los que me educaron para poder subsistir 
o a los que me han acompañado en esta danza 
no soy de quienes me gobiernan 
ni de quienes velan por el mañana 
no me aferro a un único plan de vida 
y aunque por momentos 
pareciera abundar lo falso 
lo efímero y lo desechable 
en estas latitudes 
no me importa

ya que no pertenezco a este mundo 
no le pertenezco al pasado ni al futuro 
ni a nada que no sea mi propio destino 
mi universo es minimalista pero infinito 
no me hago cargo de la historia 
ni de la justicia ni de la razón 
no soy parte de una cultura 
ni de una raza en particular 
no me encasillo en un perfil socioeconómico 
ni en un partido político o religioso o moral 
ni en nada que pudiera definirme 
como un ser humano ubicado en el tiempo 
y en el espacio

soy una especie de injerto 
desmembrado del resto 
sin raíces ni tronco evidente a los que asirme 
una criatura de paso que flota por los años 
sin grandes aspiraciones 
pero aún así 
en mi ignorancia de fantasista 
en mi corazón de labrador 
tan sólo puedo saber
que le pertenezco a tus ojos
cuando me miran 
y a tus labios cuando sonríen 
antes de besarme

y aunque las horas se extiendan 
como una malla que algún día ha de romperse 
aunque te alejes hasta dejarme dormido 
en el fondo de la soledad
a pesar de que parecieras no existir
y de que ni siquiera dieras indicios 
de tu presencia en todo esto 
tan sólo me bastaría 
con imaginarte a mi lado 
para poder regresar a la tierra 
y aunque no hubieran posibilidades de continuar 
igualmente seguiría tratando de dar mi mejor esfuerzo
y volvería a apostar por ti 

y es que mi sitio está en tus brazos 
el resto es sólo circunstancial 
algo tan aparente como un reflejo en el agua 
estar rodeado por tus piernas desnudas 
será mi último destierro 
mi verdadera pertenencia 
sin ataduras ni calificaciones 
y que cuando todo concluya 
que nuestras almas se reúnan 
para fundar sus propias ciudades 
construir sus propios países 
y formar sus propios mundos 
lejos de acá. 
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