lunes, 31 de mayo de 2010

"FRANK Y LOS CERDOS" (parte 3 de 3)


Frank lanzó un alarido de dolor y Ursula le tapó la boca con la mano.

- Shhhh... No estás respetando las reglas del juego Frank, si sigues así vas a perder, recuerda, debes decir la verdad.
Frank se deshizo de su mano moviendo la cabeza a un costado y se puso a vociferarle:
- ¡Esa es la verdad! ¡Nunca me he acostado con ella! ¡Te lo juro!
- Frank... Frank... Frank... ¿Por qué tan mentiroso? No se debe jurar en vano.
- ¡Es verdad! Sólo te quiero a ti, a nadie más... – De sus ojos empezaron a caer lágrimas. Su cara estaba roja como ciruela y un hilo de sangre brotaba de la herida. - ¡Por qué! ¡Por qué me acostaría con ella teniéndote a ti! – Bufó sin articular bien las palabras, salpicando baba por la comisura de sus labios, atemorizado como un animal a punto de ser faenado en el matadero.
- ¿Por qué? ¿Por qué? Esa es una muy buena pregunta.- Reflexionó Ursula irguiendo su cuerpo como un mástil sobre el de Frank. – Lo mismo me he preguntado yo... ¿Por qué mi hermana gemela, si es idéntica a mi? Su cuerpo es prácticamente una copia del mío. ¿Por qué habiendo mujeres por todas partes tenías que elegirla a ella? Primero pensé que se trataba de un desquite por algo que te había hecho, pero no, eso era muy simple, racional. Luego me imaginé que sencillamente lo hiciste porque no debías hacerlo. Tu instinto primitivo de competencia te hizo tratar de tener lo que no podías tener. Pero no, eso sería culpar a tu naturaleza humana y no hay nada humano en esto. Finalmente concluí que no era el instinto del macho inseguro, ni la ambición de un hombre mezquino... La respuesta es mucho más simple... ¿Quieres saber cuál es? – Dijo con sensualidad acercando su boca a la de él, mientras la navaja subía peligrosamente por su cuello.
- ¡¿Quieres saber por qué?! – Le gritó al oído. - ¡Contesta!
- Si... – Musitó balbuceando tímidamente Frank, sintiendo el filo de la hoja haciendo contacto por sobre su yugular.
- ¡Porque eres un cerdo! – Contestó con una gran sonrisa en la cara como si hubiera contado el final de un chiste buenísimo. - ¡Un cerdo Frank! – Volvió a aseverar riéndose a carcajadas mientras la navaja se agitaba amenazante en su mano.
- Te quiero Ursula. – Dijo sollozando. - ¿Por qué me haces esto?
- A los únicos que eres capaz de querer son a tus cerdos favoritos y con ellos te dejaré para te revuelques en el mismo lodo. – Arguyó poniéndose en pie, furiosa como nunca antes la había visto.

Los cerdos de los que hablaba ella, eran Rómulo y Remo. Dos animales de más de ciento veinte kilos de peso cada uno, hermanos, famosos en las ferias agrícolas por su porte descomunal. Pero no sólo por eso. Los cerdos eran semi-salvajes y frecuentemente le daban dolores de cabeza a Frank. Su inteligencia era superior a la de un perro y tenían una predilección por la carne y la sangre, que los hacía enloquecer.
Eran los sobrevivientes de una camada de cerdos proveniente de la famosa chancha Seis, que fue muy querida por la familia de Frank. A pesar de que entre los dos devoraron a la mayoría de sus hermanos, su astucia y buenos resultados en concursos, terminó haciendo que también se ganaran su favoritismo.
Las anécdotas de los hermanos porcinos no eran pocas. El invierno pasado se escaparon del corral, abriendo cuidadosamente un boquete en la cerca metálica. Como consecuencia de la fuga, mataron un caballo del vecino y despedazaron a su perro, por lo que Frank tuvo que compensarlo económicamente en forma muy generosa para comprar su silencio y no tener que sacrificarlos. Se podría decir que estaba encariñado con ellos, sobre todo desde que vivía solo en la casa de campo. Los cuidaba y los protegía como mascotas desde hacía ocho años. Siempre manteniendo las debidas precauciones.
Es un dicho muy conocido en las granjas que cuando un animal prueba la sangre, se hace adicto a ella y así ocurría con Rómulo y Remo. Ellos le agradecían refunfuñando con alegría, el que de vez en cuando les regalara en su jaula una gallina vieja o un conejo molesto.
“La sangre llama a la Sangre”, solía decir su padre.

No había espacio para el remordimiento.
Ursula sujetó el pene de Frank como si fuera una salchicha y le rebanó la punta con dos cortes entrecruzados. El hombre se sacudió ciego de dolor, gritando literalmente como un cerdo siendo sacrificado. Las amarras ya habían dejado laceraciones serias en sus muñecas y talones. De la herida abierta fluyó un chorro de sangre caliente en una especie de eyaculación macabra.

- Acá te dejo amado Frank... pero no te preocupes, pronto tendrás compañía. Dejaré la puerta abierta de la casa y del corral para que tus dos cerditos regalones vengas a visitarte... ¡Oink! ¡Oink! –

Se burló con una última carcajada y lanzó la navaja ensangrentada al suelo, mientras Frank lloraba como un niño a causa del sufrimiento y sentía que las fuerzas se le iban como si fuera a perder el conocimiento.
Ursula se vistió con calma, evitando ser salpicada por la sangre. Cuando terminó salió del dormitorio, tirándole un beso de despedida con la palma de la mano abierta.
Frank transpiraba afiebrado tratando de recuperar la calma. Jadeaba, con la sensación de estar seco y podrido por dentro. Escuchó como el auto arrancaba. Después a los cerdos, con sus gruñidos característicos cuando salen del corral y se sienten libre. Tal vez atacarían en la casa del vecino de nuevo, pero su maldito olfato, era mejor que el de un sabueso.
Un par de minutos después los sintió entrando a la casa, sus pisadas ágiles y resonantes en el piso de madera. Oyó como caía uno de los floreros, debían estar dando vuelta por la sala de estar hacia las escaleras que conducían a los dormitorios.
El gruñido era cada vez más agudo, más hambriento, más embriagado por la intensificación del olor a sangre. Al poco rato los sintió en el pasillo de afuera, respirando con nerviosismo. Se oían sus narices olfateando el aire con ansiedad, expirando con firmeza como pequeñas máquinas de comer.
Un golpe sacudió la pieza del dormitorio y sus patas entraron haciendo ruido al cuarto. Frank podía ver sus lomos robustos rodeando la cama.

- ¡No! ¡Márchense! ¡No es justo! ¡No es justo! – Gritó Frank.

Los animales chillaron y bramaron, como apretando sus dientes preparándose para un festín. Frank recibió de golpe la cabeza pesada de uno de ellos, elevándose sobre la cama, abriendo de par en par su boca para asentarse sobre su miembro bañado en sangre. Lanzó un alarido como nunca antes lo había hecho pero ya era demasiado tarde.

Se incorporó de sopetón sentándose en la cama. Ya había amanecido. Su respiración seguía sobre-revolucionada. Instintivamente levantó la sábana y se miró el pene. Estaba intacto. A su lado en la cama estaba tendida Ursula dándole la espalda. Jamás había tenido una pesadilla tan horrible como esa.
Sería mejor que se levantara, le esperaba un día largo. Desató las amarras de manos y pies del cadáver de Ursula. Su boca se había puesto media púrpura y la lengua, que se le asomaba entre los labios, estaba empezando a adquirir un aspecto amarillento.
Tal vez fue una mala idea dormir un rato junto al cadáver. No repetiría el mismo error en próximas ocasiones. Tenía que apurarse, Rómulo y Remo ya debían estar hambrientos. Tomaba su tiempo descuartizar los cuerpos para darles de comer y no quería llegar atrasado a visitar a Diana.

FIN

1 comentario:

  1. QUIERO PALABRAS DE GEMAS CON AROMAS DE AMOR,PALABRAS QUE TE VUELAN A LUGARES DONDE SOLO ALGUNOS SABEN LLEGAR, SEGUIRE ESPERANDO, UN AFECTUOSO SALUDO AMIGO puedo llamarte asi?
    desde el sur del mundo...................

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