jueves, 27 de mayo de 2010

"FRANK Y LOS CERDOS" (parte 1 de 3)


- Pégame Frank...
- ¿Cómo? – Preguntó Frank jadeante y lleno de estupor.
- ¡Pégame atrás! – Aulló Ursula, mientras restregaba su cuerpo húmedo y desnudo sobre el de él.

Frank le dio un palmetazo tímido, pero ella se quejó excitada diciendo: “¡Más fuerte!”. El la volvió a nalguear, esta vez con más firmeza. El golpe hizo eco en la habitación en penumbras como un latigazo.
Ursula movía sus caderas sobre el sexo de Frank. Cabalgaba con un ímpetu que nunca antes le había demostrado. Giraba su cabeza sacudiendo su cabellera esponjosa y espesa. Su columna se retorcía como un tentáculo electrizado por una energía calórica y sexual.

- Pégame una cachetada... – Musitó después de un gemido prolongado.
- ¿Una cachetada? – Espetó Frank, sintiéndose como si estuviera con otra mujer que se había apoderado de la dulce Ursula.
- Sí... dame una cachetada en la cara. – Repitió con los ojos brillantes y los labios entreabiertos, mojados con saliva.

Frank puso su mano en el costado de su rostro, la separó un par de centímetros y palmoteó su mejilla con mucho cuidado.

- ¡Pégame bien! – Se quejó sonriendo con lujuria.

Para que le quedara claro que hablaba en serio, Ursula apretó sus rodillas contra las costillas de Frank, azuzándolo para que perdiera los estribos y se volviera perversamente salvaje.
Frank le pegó otra cachetada, esta vez más cargada de ímpetu y resonancia. Ella le respondió ampliando su sonrisa y apretando aún más sus piernas jabonosas.
Acomodó su cuerpo escurridizo sobre Frank y aceleró su movimiento pélvico con un ritmo endemoniado, haciendo que el contacto de sus órganos sexuales formara un verdadero horno de secreciones que parecía tener vida propia.
Sus gimoteos fueron en aumento hasta convertirse en aullidos. Frank usaba una de sus manos para azotarle las caderas rítmicamente, como si fuera una fusta, mientras que con la otra le daba bofetadas cortas en las mejillas. Los pechos de Ursula saltaban en todas direcciones como si quisieran abandonar su tronco. Su cabello largo aumentaba de volumen, al encresparse más agitándose al aire, empapado por pequeñas gotas de transpiración.
La espalda de la mujer se puso rígida de improviso, en su boca hizo erupción un lamento ronco y sostenido, que manifestaba guturalmente el orgasmo que le sacudía con contracciones musculares la vagina. Sus uñas pintadas de rojo se clavaron en los brazos de Frank, mientras su humanidad se contraía como un caracol, terminando con su boca babeante posada sobre el hombro de él, en reposo, hasta que en un arranque de pasión oscura lo mordió con todas sus fuerzas.
Frank, que aún sentía las costillas adoloridas, lanzó un alarido y se sacó de encima a Ursula con brusquedad. Su hombro tenía pequeñas marcas rojizas de sus dientes, en torno a la cual, se empezó a extender un manchón morado.

- ¡Pero qué diablos te pasa! – Se quejó Frank poniéndose en pie, habiendo perdido cualquier atisbo de erección drásticamente.

Ursula soltó una carcajada y se tendió de espaldas en la cama, completamente exhausta.

- No seas mojigato... Pensé que te gustaba.
- Una cosa es ser mojigato y otra es terminar así. – Argumentó mientras se revisaba el moretón con las huellas de dientes frente al espejo.
- Vamos Frank, no seas un bebé. En un par de días esa pequeña marca de amor habrá desaparecido.- Afirmó girándose sobre la cama, quedando de guata con los pies desnudos entrecruzados sobre su culo perfectamente redondo y reluciente con el sudor.
- Además, así te acordará de mi cuando te mires al espejo por las mañanas. – Agregó.
- Preferiría acordarme de ti de otras maneras.
- Pero Frank... – Dijo con tono de niña traviesa, incorporándose para sentarse con las piernas entrecruzadas. - ¿No te parece emocionante hacer algo distinto para escapar a la rutina en la cama?
- Tal vez, pero no sé si ésta sea la forma – Refutó señalando la mordida.
- Todos necesitamos hacer cosas diferentes de vez en cuando, para mantener el interés. Aparte que unos golpecitos, una mordida, un arañazo, es algo sumamente común. Mucho más de lo que imaginas.
- Pues no te imaginaba a ti haciendo esas cosas...
- ¿No? ¿Y quién crees que las hace?
- Parejas de adolescentes de esos que andan todos vestidos de negro o gente que ve mucha pornografía... que se yo, personas distintas a nosotros.
- ¿Ah sí?... Para que sepas mi hermana también lo hace.
- ¿Diana? – Preguntó incrédulo Frank. Imaginándose a la hermana gemela de Ursula recibiendo cachetadas de un tipo robusto y mal parecido.
- Sí. Diana.
- Bueno, pero ella siempre ha sido más liberal que tú.
- ¿O sea que crees que yo no soy capaz de disfrutar las misma cosas que ella? – Dijo con cierto enfado en el rostro.
- No. No, me refiero a eso, quiero decir que ustedes son iguales físicamente pero son muy distintas en la forma de ser.- Aseveró tratando de enmendarse, a sabiendas de que no le convenía proseguir ese camino que llevaba a una discusión segura.
- ¿O sea que yo no puedo ser audaz como ella?
- Claro que puedes y si quieres podemos probar formas nuevas... – Se excusó, tratando de bajar el tono al debate.
- Muy bien. Entonces me gustaría probar algo.

(Continuará...)

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