jueves, 1 de abril de 2010

CONVERSACIONES INVISIBLES V: "La compañía de Teresa"


Abrázame
en este día
en este raíl...
este instante
es un presente
al que rasgarle el papel.

No puedo
estoy cansado de historias
necesito equilibrio
concentrarme en mi
tú sólo me ofreces cosas imposibles de tener.

Todo imposible
está en la imposibilidad
que adoptes
como propia
argumentaste sonriendo como niña
con una expresión
capaz de hacer florecer los campos.

Necesito
encontrar tranquilidad
como la planta
necesita luz y agua para crecer.

La tranquilidad no se encuentra
se tiene y se lleva con uno
a cualquier parte
o no se tiene
como en el pez que bucea con pasión
hacia donde quiera ir
sin necesidad de encontrarse
con el nado.

Preciosa y memorable como el laurel
haciendo desaparecer y aparecer
paisajes
con sólo parpadear
me indicaste;
conozcamos a Teresa.

Teresa caminaba con determinación
en una calle junto al mar
Teresa intensa como una noche fría
Teresa cubierta de esperanza
dispuesta a besar la vida
si ésta le da el beso de vuelta
Teresa yendo siempre
urgentemente hacia adelante.

Pero Teresa no iba
sola
en su pasar
gente en blanco y negro
la acompañaba...
adondequiera que fuera
iba

LA COMPAÑIA DE TERESA

Personas no presentes
que le hablaban
la monja del colegio la amiga
que le decía:
“No confíes en los hombres”
el ex-pololo
que se reía al contarle al oído:
“Te van a hacer sufrir
igual que yo lo hice”.

Muchos opinaban
y ella misma en blanco y negro
los comandaba
y Teresa se protegía
y entre tantas personas en forma de eco
se sentía más segura
escudada para que no se le aproximaran mucho.

Teresa perdida
tratando de controlar
su ejército de criaturas
parlantes
Teresa desnuda sin ellos
desprotegida como el aire.

Pero el espíritu de Teresa
era vital como una ventisca
divertido como los techos de colores
que bailan con la lluvia.

Un día Teresa
se encontró con un hombre ciego
que no podía ver a sus acompañantes
y conversando con ella
imaginando su sonrisa real
adivinando su alma
el hombre ciego
se enamoró de Teresa.

El trató de llegar
al corazón de Teresa
pero el corazón de Teresa
no era accesible
esa multitud de sombras en blanco y negro
ponían puertas pasadores
pestillos de raciocinios
candados de pensamientos e interpretaciones retorcidas
para que nadie los alejara de Teresa.

“Yo no pongo condiciones
a la naturaleza
soy ciego a los problemas del mundo
al amarte
tengo apenas un pozo sin fondo
de cariño sincero
para ofrecerte
mi amor no tiene expectativas
es una hoja
flotando en los abismos de la vida
que va con alegría
dónde su soplo divino
lo mande”

El hombre ciego
amó a Teresa
agudamente
aunque nunca pudo conocerla bien
ciego de lágrimas
ciego de tristezas
por momentos creyó
que su corazón tocaba
pero no fue así.

El ciego terminó hundiéndose en el mar
con su amor por Teresa
y el océano entero amó a Teresa
y los ríos tomaron ese amor
y lo llevaron a las montañas
y al nevar
por toda la tierra
se esparció el amor
por Teresa.

Teresa como la savia de los arbustos frutales
Teresa como los lagos que en invierno se congelan.

Teresa reía con seguridad
tras sus multitudes
pero su corazón
no podía respirar con calma
su corazón
(que también era ciego)
sufría porque se sentía mudo
cuando no lo escuchaba.

Mira lo que pasa
cuando sus acompañantes desaparecen
dijiste
y arqueaste una de tus cejas
haciendo que cada identidad alrededor de Teresa
desapareciera.

Entonces Teresa
se dio cuenta de todo el amor
que se había difuminado rodeándola
y sonrió de corazón
pero no pudo moverse
pues la otra Teresa desde adentro
(donde se había escondido)
seguía sujetándola
y sintió miedo al ver tanto esplendor
y buscó excusas para no tener que aventurarse
y de a poco volvió a cubrirse
y a huir con sus sombras.

¿Por qué no se libera? te pregunté.

Porque hay quienes protegen tanto
su corazón
que prefieren encerrarlo y mantenerlo inmaculado
respondiste.

Una ola llegó hasta los pies de Teresa
como tratando de besarlos con amor
y acabó borrando sus huellas en la arena.

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