jueves, 25 de marzo de 2010

CONVERSACIONES INVISIBLES I: "El hombre de la mesita redonda"


Ven
deja atrás el pasado y acompáñame
dijiste
con tu voz de música.

Estoy en todas partes
y en ninguna
tanto en la mujer que delira
como en la que está
profundamente dormida.

Soy como la luna que no deja de ser luna
por el hecho de estar distante
y así
al igual que la luna
podrás verme
adondequiera que vayas.

Damos vuelta a la esquina
y llegamos a un café oculto
donde un hombre está sentado solo
bañado de sombras
en una mesa redonda y pequeña
(como si estuviera esperando a alguien).

EL HOMBRE DE LA MESITA REDONDA

Escribe en una servilleta
y nos asomamos sobre su hombro
para poder leer lo que escribe
el no sabe
o no se da cuenta
de que es parte de este relato
y probablemente no existe
(o quizá somos nosotros
los que
no existimos para él).

Lees en voz alta
sus anotaciones
con tu voz de canción nostálgica:

“Un guiño tuyo
es un poema rápido
una mirada de reojo
una sonrisa sincera
son odas sin necesidad
de palabras
algo que se desliza con suavidad
por el clítoris de la vida
la espuma del oleaje
al recogerse
los granitos de arena
que se van volando con un soplido”

No entiendo...
te dije.

Besaste el hombro de ese hombre
que podría haber sido yo.

No hay nada que entender
respondiste.

Y el hombre alzó su cabeza
tras tu beso
se levantó de la mesa
guardó su servilleta en el bolsillo de su chaqueta
y se dio cuenta de que a su alrededor
estaba lleno de mesas individuales
con gente sentada sola
escribiendo sobre servilletas
eran tantas mesas
que se perdían en el horizonte antes de poder terminar
de contarlas.

El hombre caminó entre las mesas
y nosotros lo seguimos
sin que se diera cuenta.

Allí estaba el conserje
la profesora de inglés
el cajero del banco
una ex-compañera de clase
el borracho de la población de más abajo
el ministro de obras públicas que salía a veces en la televisión
inaugurando puentes
jóvenes
adultos
ancianos
personajes de todo tipo.

El hombre miró con curiosidad
lo que escribían en sus servilletas las personas que estaban a su alrededor
algunos hacían listas
con asuntos que tenían que hacer
otros sacaban cálculos
de asuntos que tenían que pagar
otros escribían acerca de los asuntos
que les habían pasado en el día
otros escribían
por el puro hecho de escribir
sobre los asuntos de otros
o simplemente ponían orden
en los asuntos que salían de sus pensamientos.

En una mesita cuadrada
más allá
estaba la polola que había tenido
antes
no mucho antes...
Andrea
Andrea como la aurora
Andrea como la risa de los niños que juegan
Andrea, la que con un guiño detenía su aliento.

El hombre se acercó a Andrea
quiso tomar su mano pero no se atrevió.

¡Vamos!
¡Dile algo!
¡Interrúmpela!
Le grité al hombre
aunque no podía escucharme
mientras mi acompañante
observaba desde lejos
como una luna invisible.

Andrea ya no está
escribe
saca cuentas
planifica los asuntos del día
sigue igual de linda que antes
pero está muy ocupada
entre tantos asuntos que atender
y en eso se le va la vida
Andrea como la brisa
Andrea como las estrellas que sonríen en la noche.

El hombre sacó su servilleta del bolsillo de su chaqueta
la dobló con un cuidado
y un cariño nunca antes visto
y la dejó como si fuera algo santo
en la mesita cuadrada
de Andrea.

Antes de marcharse
la abrazó
sin que ella
se diera cuenta
como quién abraza la vida misma
como quien sostiene en sus brazos
la aurora.

Después tomó su mesita redonda
a cuestas
y se fue hasta perderse con ella
entre las mesas que se perdían
en ese gran horizonte
lleno de mesas
perdidas bajo las estrellas.

¿A dónde va?
te pregunté.

A ninguna parte
dijiste
con tu voz de canción de cuna y arrullo
y tus ojos llenos de cielo.

Nadie se va
nadie se queda
recuerda que estamos en todas partes
y en ninguna.

jueves, 11 de marzo de 2010

¿CÓMO SE PUEDE LLEGAR A PERDER LO QUE NO SE TIENE?


Hay un sentido de urgencia
en lo que hacemos
una sensación de angustia
como si se nos estuviera escapando algo
siendo que el corazón
puede latir más rápido
pero no se le puede apurar.

Hay sensaciones
que nos interpretan mejor
de lo que podemos expresar con el idioma
respiraciones que nos van llevando
tras cada exhalación
miradas que son más determinantes
que las palabras
detalles que van haciendo historia.

Hay un sentido de término
en esta prisa por abrazar lo insostenible
por retener hasta el último instante
de esta vida compartida con efusión
una especie de apuro
por no desperdiciar las gotas de realidad
que hay en lo que podría pasar el día de hoy.

Hay un sentimiento de soledad
que complementa la jornada que transcurre
sin que estés presente
una ausencia que quiere dejar de ser
para poder volver a sentir la piel erizándose
volver a reír a través de una nueva vivencia
y dejarse seducir perdidamente por el ahora.

Hay veces en que quisiéramos
poder huir como el aire huye
por las ventanas abiertas
detener el paso de las horas
para poder irnos a descansar en paz
marcharnos lejos y a la vez quedarnos
y mientras no estamos seguir viviendo
en los recuerdos de quienes nos aman.
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