domingo, 26 de diciembre de 2010

POEMA PARA TRANSFORMAR LA RABIA Y EL ODIO

En esta vida
como galletita de la fortuna sin papelito adentro
mejor fabricarse uno y escribirlo como uno quiera.


Si sentimos odio por alguien
si sentimos rabia por algo
la estamos sintiendo por nosotros mismos
a través de otro o de algo que nos ha pasado
si sentimos eso por nosotros mismos
es porque creemos habernos equivocado
o porque nos sentimos perjudicados
(heridos en nuestro orgulloso ego)
si creemos habernos equivocado o ser perjudicados
es porque tenemos una visión limitada al respecto
es porque estamos divididos
y cuando estamos divididos
el universo pone situaciones y personas
en nuestro camino
para tener la oportunidad de unificarnos con él
nos otorga la ocasión de indagar en nosotros mismos
más allá de los pensamientos
de enfrentar nuestros temores pasados
y resolverlos de la única forma posible
confiando en la vida y en lo que verdaderamente
significa el amor.


Así que cuando tengas rabia y odio
aprovecha toda esa energía despilfarrada negativamente
para transformarla en amor y gratitud
por lo que has aprendido
recuerda que no hay culpas ni culpables ni víctimas
por lo que elegiste vivir sin siquiera asumir de que fue así
para poder aprender a amar mejor.

jueves, 23 de diciembre de 2010

TALLERES de VERANO 2011


TALLER DE (RE) CREACION LITERARIA
Dictado por Mauricio Smith
Lugar: Santiago
Horario y lugar por definir
Objetivos:
· Generar un espacio de diálogo sobre obras de interés.
· Desarrollar la creatividad mediante ejercicios de creación literaria.
· Reflexionar sobre temas presentes en la literatura.
· Identificar constantes narrativas incorporadas en otros géneros (cine, música, teatro, etc).
· Facilitar la expresión personal a través de la escritura.


TALLER DE ACTUACION
Dictado por Walter Kliche
Lugar: Viña del Mar
Horario y lugar por definir
Objetivos:
· Revisar históricamente el oficio del actor.
· Aprender técnicas de actuación.
· Mejorar la expresión oral y el énfasis interpretativo de textos.
· Reflexionar sobre la experiencia actoral en teatro, cine y televisión.


Costo mensual: $25.000.- (4 clases)

Interesados(as) escribir a:
tallercreativo2011@hotmail.com

miércoles, 22 de diciembre de 2010

LA TUMBA DE CLARA KOONTZMANN


Le subió el volumen a la radio y prendió un cigarrillo con el encendedor de la camioneta. Era una molestia conducir en medio de una lluvia de aquellas, esas en las que el cielo pareciera ser un saco gris lleno de agua, rajado por una fuerza invisible. No obstante, internamente sentía que tenía que hacerlo, a pesar del largo trayecto que lo separaba de su destino. Aunque era noche buena y dentro de unas cuantas horas llegaría la navidad, resultaba impostergable que ajustara cuentas con el pasado.
Si sus colegas supieran lo que estaba a punto de hacer, él, uno de los miembros más premiados de la Comunidad cognitiva. El mismo que participaba en simposios y charlas sobre la sanación de la psiquis humana, llenando auditorios a dónde iba. Con varios libros a su haber y un respeto ganado a base de trabajo arduo. Manejando con prisa en plena tormenta, irresponsablemente, a cientos de kilómetros de la metrópolis donde reside, acompañado de una botella de ginebra, una pala, unos fósforos y alcohol inflamable. Con una idea casi desquiciada, alimentando su cerebro.
A su lado le parecía escuchar cómo la botella de ginebra lo llamaba, tentándolo a darle un pequeño sorbo, como un breve beso sin mala intención alguna, que seguramente se convertiría en un arrebato que no cesaría hasta vaciarla. En vez de ceder a ese llamado, prefirió dejar que los recuerdos fluyeran en su cabeza. Clara Koontzmann, la mujer de apellido rimbombante pero de origen humilde, esa que evitó a toda costa, pero cuya sombra no pudo quitarse de encima, fue su copiloto invisible durante el resto del viaje.

Clara, su madre, se hizo cargo sola de su hermana menor y de él, cuando su padre, un mecánico recién titulado, murió en una explosión en la industria en la que trabajaba. Justo en vísperas de navidad. Clara tenía apenas veinte años y el mundo que parecía difícil en ese entonces, después de un embarazo adolescente no deseado y un matrimonio apresurado, se volvió aún más cuesta arriba. La primera navidad de la que tiene memoria, fue con su madre destrozando el árbol, los adornos y algunos muebles de la casa, en un arranque de furia y angustia al quedarse sola, abandonada. Ese sería el inicio de muchos ataques de descontrol total que vendrían después, especialmente en esa época del año.

El agua seguía rebotando a chorros en el limpia parabrisas. Ya casi había olvidado el clima que había en esa zona del país. El mismo clima inclemente que pobló su infancia. Comprendía por qué su hermana se había ido a vivir al extranjero, para dejar todo ese mundo atrás y empezar desde cero. Incluso él se había convertido en parte de ese pasado oscuro sin desearlo y aunque siempre fueron muy unidos, con los años se fueron distanciando, como si el uno al otro se evitaran para no revivir los malos momentos compartidos.

Clara no era intrínsecamente una mala mujer, aunque la mayoría de la gente pensaba que sí. Si bien, tenía pocos recuerdos, relacionados con ella, que podría calificar de buenos, cuando estaba alegre solía ser una mujer de una sonrisa amplia y encantadora. Una especie de hippie transgresora, que podía llegar a ser muy divertida cuando se lo proponía. Antes de que el alcohol la deteriorara paulatinamente, a veces sonreía, con una complicidad propia de la niña que no pudo terminar de ser y tenía algunos gestos de cariño con ellos. Gestos que parecían desaparecer por completo, en ocasiones como aquella navidad en la que simplemente desapareció y los dejó abandonados durante un par de días. Hechos como ese forjarían su carácter, lo harían madurar antes de tiempo y sembrarían en lo más profundo de su alma la semilla del rencor.
Tal vez todo habría sido distinto si hubieran tenido más familia en la que ampararse, pero no fue así. Tanto su padre como su madre provenían de hogares solitarios y destruidos. Por eso hasta el día de hoy se siente incómodo compartiendo con mucha gente, no hablándoles él, desde lo discursivo, algo a lo que estaba acostumbrado en su profesión, sino que al interactuar a un nivel más personal.
Una opción que lo atemorizó desde pequeño, fue que terminaran con su hermana en un hogar de menores. Esa era la peor pesadilla que podía imaginar. La amenaza externa que hacía que ocultara todos los abusos de Clara, los gritos, los golpes que estoicamente soportó aguantándose las ganas de matarla. Lentamente ella se transformó en un monstruo en su vida, la clase de seres que se comportan de una forma que pareciera no ser humana. Aún sentía, por ejemplo, la quemadura de cigarrillo en la oreja. Más que el dolor físico, era incapaz de soportar el dolor emocional, el dolor de sentir que la persona que supuestamente más debiera amarlo en el mundo, lo tratara de esa forma. Eso lo motivó a estudiar la mente humana y qué ocurría ahí adentro, para que alguien llegara a esos arranques de extrema violencia contra su propia sangre.
Clara no se volvió a casar, sólo tuvo convivientes pasajeros, la mayoría de ellos sujetos de mal vivir que reforzaban sus vicios. Se vio obligado a crecer convirtiéndose en el ángel protector de su hermana, que en más de un par de ocasiones, recibió el acoso de esos hombres que veían en ella más que a una niña. Su madre desestimaba esas acusaciones, como si no le importara, afortunadamente sus relaciones nunca duraban. Cuando por casualidad encontraba a un hombre que parecía quererla de verdad, lo terminaba ahuyentando al poco tiempo, con sus arranques de ira. Su rabia por no haber tenido una vida propia, por haber quedado embarazada cuando aún no sabía mucho del mundo, por tener que ganarse el sustento como vendedora cuando podía, ya que la pensión de viudez no le alcanzaba para nada.
Con el tiempo los lapsus en los que no estaba poseída por sus demonios internos, se hicieron cada vez más esporádicos.

Ya llegaba a su destino. La lluvia no daba su brazo a torcer y pronto la negrura de la noche caería.

Curiosamente hay remembranzas que entremezclan lo dulce y lo amargo.
Ana apareció en su vida cuando consiguió la beca para ir a la universidad. Sus esfuerzos habían dado frutos y para él representaban la forma más digna de huir del hogar, de escapar del influjo maligno de Clara. Ana era todo lo contrario, de carácter fuerte pero dulce, sincera pero respetuosa, sin esa capacidad cruel que tenía su madre de romperle el corazón cada vez que podía. Pero algo poseían en común las dos, una sonrisa fresca y luminosa que parecía contagiar alegría.
Ana se volvió un sol en su vida y todo tendía a mejorar. Sin embargo, esa navidad fue la última navidad de Clara. Se embriagó, como siempre, pero él con su hermana ya no estaban en casa para soportar sus desvaríos, habían preferido pasar las fiestas afuera. Cuando volvió, la encontró colgada de una viga, sin nota de despedida ni nada.
Lo peor del suicidio de Clara, fue que él internamente deseó muchas veces que muriera, disfrutaba con la sola idea. Luego de su muerte sólo sintió rabia, más rabia que antes, rabia por su cobardía, por no haberle dado tiempo para titularse y desquitarse con ella, demostrándole que a pesar de todos sus malos tratos él era más fuerte, que podía humillarla. También sintió ira contra sí mismo, con su falta de sensibilidad, por ser incapaz de sentir pena con la muerte de Clara. Se aisló, se obsesionó con sus estudios, como si todo lo demás no tuviera cabida en su vida. Se fue a la gran ciudad y ahí se volvió un ermitaño que no quería volver por nada del mundo a su pueblo natal. Que todas sus raíces se pudrieran en el olvido. Y así, antes de darse cuenta siquiera, perdió también a Ana, la única que lo hacía reír con facilidad cuando estaba triste.

Había llegado. El cementerio municipal. Apagó el motor de la camioneta y miró a su lado la botella de ginebra. Después de beberse sin dificultades una botella todos los días, hacía cinco años que no probaba alcohol. Cinco años en los que su carrera tuvo un ascenso exponencial alejándose del fantasma de Clara, aunque sin poder deshacerse completamente de él, ni de ese enojo interno que parecía haberle heredado, sobre todo durante el período de navidad, con su fiesta multicolor.
Le pagó una suculenta suma de dinero al guardia, para que le permitiera entrar fuera del horario y lo dejara tranquilo. Ni siquiera se molestó en preguntarle para qué llevaba una pala y el resto de las cosas. La adrenalina fluía por sus venas como no lo hacía desde la muerte de ella. Fueron tantas las emociones que se acumularon, que ni siquiera fue capaz de asistir a su funeral, ni de visitar su tumba, ni menos aún de asumir esa herida que no logró ponerle punto final a su pesadilla. Imposibilitado de deshacerse del resentimiento que ella había provocado en él, empezó a beber de a poco. Primero para apaciguar los nervios, para relajarse y después como una forma de sobreponerse a sí mismo, de diluir el odio y tal vez secretamente, de hermanar su alma con la de ella, con la persona que curiosamente más detestaba en su vida.

Ahí estaba, parado frente a esa tumba abandonada, maltratada por el paso del tiempo. La tumba de Clara Koontzmann. El lugar en el que estaban sepultados sus miedos infantiles. Su dolor. El ancla que lo ataba a un pasado pesado e ineludible. La lluvia había empapado sus ropas y las atravesaba con un frío de muerte que descendía hasta lo más profundo de sus huesos. En forma mágica el agua cesó de caer, justo cuando divisó a lo lejos el sepulcro, que lo miraba de vuelta como si lo estuviera esperando desde hacía muchos años. Coincidencias, pensó.
Dio dos caladas a un cigarrillo, lo tiró al suelo y preparó el alcohol inflamable, amparado por una pequeña cornisa junto a la tumba. Qué deteriorada se veía. Ese pequeño espacio no era más que una cruz blanca de madera, de la cual colgaba un cartelito con la pintura deshecha y un cerco de fierro oxidado demarcándola. La última morada de quién no entregó suficiente amor en vida y se quedó atrapado en el olvido. En el desprecio.
En esos instantes quería más que nunca beber un sorbo largo de la botella de ginebra que le hacía compañía. Necesitaba darse valor. El valor que requería para hacer lo que venía a hacer. Finalmente, luego de arreglárselas con la botella encontró la energía necesaria en el fondo de su espíritu.
Esta navidad las cosas cambiarían de manera definitiva. Asió la pala como si fuera un salvavidas en medio de un mar bravío. No se dejaría intimidar por fantasmas. Avanzó con decisión hasta la tumba y clavó una palada en la tierra como si le estuviera clavando una espada en el corazón a una bestia. Tiró la tierra mojada a un costado y volvió a excavar, hasta que una especie de impulso irrefrenable lo recorrió por dentro, haciendo que incluso se doblaran sus rodillas. Arrojó a un costado la pala y se dejó caer en cuclillas hundiendo ambas manos en la gruesa capa de fango, a sólo un par de metros más arriba del ataúd donde estaba ella.
El impulso que le recorría los músculos, como una descarga magnética, hizo cortocircuito en su cara, causando que le saltaran lágrimas en los ojos. Sólo podía hacer una cosa. Abrió su boca y empujó las palabras desde lo más profundo de su ser hasta lograr que salieran, junto con un gemido que parecía expulsar todo el enojo que había sentido hacia ella.

“Perdóname Clara… Perdóname por haberte odiado durante toda mi vida. Por favor perdóname.” Musitó, mientras recordaba por qué estaba ahí.

Hacía unos días había participado de un congreso, donde conoció a un colega que era especialista en regresiones. Un método en el que nunca había creído mucho, más que como otra herramienta usada para oír al subconsciente. Sin embargo algo provocó que se prestara a ser tratado en una sesión por su colega, quién se ofreció amablemente a hacérsela sin costo alguno, en agradecimiento a los aportes que sentía haber recibido de sus libros.
Durante la sesión su colega lo hizo volver hasta antes de nacer, al origen de todo, a lo que algunos suelen llamar, la fuente. Allí una voz le preguntó que quería hacer en su regreso al mundo y él, que no era más que una especie de luz, contestó que quería ayudar a la gente, liberarlos del influjo doloroso de las experiencias, que iban siendo retenidas como huellas en la mente. La voz entonces le dijo que para lograr eso, en su rumbo tendría a una persona que lo marcaría, alguien que lo haría superarse y convertirse en quien quería ser. Se requería que otro espíritu hiciera un sacrificio por él, en un acto de generosidad. El sacrificio de vivir una vida vacía, llena de penas y adicciones, las que serían necesarias para que él pudiera más adelante dar alivio y paz a muchas almas.
Un espíritu conectado al suyo, una alma gemela, que lo amaba como nadie, sabiendo que juntos eran algo muchísimo mayor, se ofreció a hacer ese sacrificio por él y los demás. Así la voz bautizó a ese haz de luz con el nombre de Clara Koontzmann, adoptando su forma mientras sonreía por primera vez antes de transportarse a la tierra.

“Perdóname Clara”. Se oyó decir con claridad mientras sentía un alivio que jamás antes había sentido. Era como si a través de esas palabras se abrazaran y volvieran a ser uno, entendiendo que las diferencias son sólo ilusiones y los motivos superiores del universo, por más que pensemos en ellos, los ignoramos.

Cuando se recuperó, terminó de remover la tierra y sembró en ella unas semillas que traía, convencido de que a pesar de las lluvias frecuentes, pronto habría flores adornando la tumba. Luego le prendió fuego al alcohol adentro de un vaso y dejó que se consumiera junto a la sepultura, en honor a ella. Un pequeño ritual para quemar el dolor del pasado y transformarlo en un punto de encuentro. En una suma de vivencias que se llevan con orgullo, por más negativas que parezcan a veces, porque no sólo lo convirtieron en quién es hoy, sino que además le permiten enfrentar el futuro con esperanza.
Se despidió gozando la renovada paz que llevaba consigo adentro.

Tras manejar por calles que ya había olvidado, llegó hasta la puerta de una casa pequeña de dos pisos. Ya era de noche, no la noche de las grandes ciudades llenas de luces, sino una noche discreta y no cualquier noche, noche buena. Buena, mejor que nunca.
Un niño le abrió la puerta, el hijo de Ana. Ella no podía creer que estuviera ahí, aún cuando la llamó hace un par de días, después de muchos años, diciéndole que un día de estos iría a visitarla. Con su amabilidad habitual, lo invitó a cenar junto a su familia. Estaba separada, con un hijo, pero aunque hubiera estado casada no le hubiera importado, todo con tal de ver esa enorme sonrisa que le remecía el cuerpo y le recordaba lo mejor de Clara y de estar vivo.
Para cooperar con la cena navideña, le entregó la botella de ginebra intacta, sin abrir, deshaciéndose de otro peso de encima. Más tarde quizá le daría su obsequio navideño, nada caro como podría haber sido, sino algo simple, pero que tenía en sí el valor inigualable de la verdad. Un pequeño pedazo de papel amarillento. El único poema que había escrito en su vida, cuando ella era lo más importante, algo tan importante que no había sido capaz de retener, por un constante temor a no saber si podrían ser felices juntos. Un recuerdo sin valor aparente, sin título siquiera, más que un poema, solamente unas cuantas líneas:

Perdóname por no haber sujetado tu mano / para mantenerte en mi vida / ya ves / mientras más inteligentes nos creemos / más idiotas somos en el fondo / ya tarde me di cuenta / de que tu risa era el mejor sinónimo de la felicidad / que pude encontrar / y aunque quisiera gritarte lo que siento / en vez de eso lo escribo y callo / pidiéndote disculpas / por no haberte podido expresar con suficiente claridad / cuánto te amo.

Durante la cena, casi por casualidad, tomó su mano y se sintió tan feliz, como si fuera un hombre recién nacido con la existencia por delante. Tan contento, como ya ni siquiera recordaba que fuera posible. Cuando brindó con bebida, deseó de corazón que durante esa navidad todos pudieran sentirse, en algún momento, tan llenos de amor cómo él se sentía en ese instante.

FIN

martes, 7 de diciembre de 2010

TRANQUILIDAD



“¿Cómo es posible que quien uno siente más cercano que a nadie en el mundo, puede a la vez estar tan lejano?”

Filtró sus mails en la bandeja de entrada, los seleccionó y los borró. Luego procedió a eliminarlos de los elementos borrados, dando fin a la tentación de recuperarlos. Ahí desparecieron las fotografías de los viajes, los saludos de buenos días, los mails para subirle el ánimo cuando le faltaban las ganas, los párrafos extensos discutiendo temas que les afectaban a ambos, las tarjetas virtuales con besos, las propuestas eróticas, las frases llenas de un amor exquisito, todas las emociones volcadas a través de palabras en correos electrónicos, desaparecieron. La vida sigue su curso.

“Es como si no bastara con el amor que se tiene si el intercambio no pareciera ser ventajoso. Cuando las condiciones no son las mejores o las cosas no se han hecho de la forma en que uno imaginó. Cuando incluso los que no tienen ni idea del asunto, no están conformes y opinan en contra aún sin saber nada. Hay que asumir la realidad con seriedad porque ésta nos presiona a cada rato.”

Buscó la carpeta que había creado aparte. Para alguien que resulta muy especial es mejor juntar sus recuerdos digitales. Echó un vistazo rápido, ahí habían más fotos apegados el uno al otro, un par de canciones románticas, más textos en los que se decían cosas en las buenas, en las malas y en las que fuera. El amor no distingue. Un currículum corregido, las reglas de juegos para quitarse la ropa, cartas de agradecimiento y un sinfín de indicios que transportan a momentos donde la felicidad parecía adueñarse del corazón. Dudó. Dudó porque las sensaciones grises nos nublan a ratos y actuamos por impulso. Impulso o no, al final seleccionó todo y apretó la tecla “Supr”. Después fue hasta la papelera y la vació, sin poder evitar que sus ojos se pusieran llorosos al completarse la franja de descarga, mientras esos monitos de papelitos virtuales se apretujaban emitiendo un crujido doloroso.

“Siempre es posible encontrar a alguien más, se dijo. Cuando queremos parcialmente, aceptando sólo lo que nos agrada del otro, claro que es posible, se respondió en forma majadera. Afectos se pueden construir en todas partes, todos somos reemplazables con el tiempo, aunque cuando llegamos a amar en profundidad a alguien ese alguien perdura para siempre... Hay que recurrir al sentido común, como el común de la gente, por muy especial que haya sido lo nuestro. Cualquier vínculo humano puede resumirse. Sin embargo los resúmenes engañan, porque no hay forma de reflejar la pasión cotidiana en ellos. De experimentarlo como fue.”

La parte que venía era más difícil. Destruir la evidencia física. Pararse a contemplar cómo las llamas consumen las notas multicolores de buenos deseos, los poemas dedicados de puño y letra, la boleta de ese restaurant, por ejemplo, en el que se embriagaron y terminaron muertos de la risa haciendo el amor adentro de un closet. La evidencia material de múltiples historias... Pero las llamas no entienden de sentimientos ni de nostalgia y todo lo devoran con la misma dedicación. Incluso el pequeño animalito de adorno, que tanto simbolizaba, ahora se retuerce y chisporrotea entremedio de las llamas mientras se deshace.
El resto de los objetos se fueron a la basura. Sin mirar atrás. Se deshizo de los libros, las prendas, los accesorios. Podría regalárselos a un pariente o a alguna amistad, pero quizá llegaría la ocasión en que se encontraría con ellos de nuevo y volvería a sentir esa sensación que algunos califican como un nudo en el estómago o siendo más dramáticos, el corazón partiéndose a pedazos.

“¿Por qué es tan difícil amar sólo en el ahora? Paso a paso ¿Por qué insistir en amar en función de lo que pueda pasar mañana, según cuánto se llega a entender y cómo se piensa que funcionan o debieran funcionar las cosas? Al final nadie tiene la razón, pero aún así, el derecho a criticar constantemente pareciera ser privilegio de todos. Nadie está preparado para matar una parte de sí. Pero el amor no basta, hay que repetir hasta en una de esas, llegar a creérselo, como si pudieran existir otros motivos. El cariño no avala nada.”

Número de celular cambiado. Bloqueadas las cuentas sociales de chat y mensajería. Dirección y paradero desconocido. ¿Qué más? Si tan sólo se pudiera borrar una sonrisa de la memoria. El sonido de una voz entusiasta diciendo algo tan básico como “te amo”. La emoción de un abrazo apretado que nos provoca cosquillas en el espíritu y nos hace sentir a salvo.
Sentirse bien. Tranquilidad. Eso es lo que importa. Tranquilidad como la de una piedra. Tener la seguridad de ahorrarse problemas, de no estar siendo víctima de una estafa amorosa, de un cuento sin garantías. No sucumbir ante la incertidumbre respecto a lo que pueda pasar. Tener integridad, cordura y mantener el orgullo bien en alto para no quedar mal ante sí mismo, aunque sin los riesgos del amor no haya nada que pueda darle paz al alma.
Sin saber por qué, se acordó de una historia que había escuchado sobre un pájaro, durante su niñez. Un pájaro que se quejaba del viento, del frío, de la altura, de los peligros de caer y para ahorrarse esos problemas finalmente se arranca las alas. Qué historia más tonta, pero lo que es más tonto aún, es que cuando no se ocupa de otras muchas cosas para distraerse, le vuelven a dar ganas de volar.

FIN

Posdata:


miércoles, 3 de noviembre de 2010

miércoles, 27 de octubre de 2010

HOY ES UN BUEN DIA PARA EMPEZAR



Solo me queda una moneda de cien pesos y un caramelo en el bolsillo y todo el resto del día (y lo que me resta de vida) por delante. Con sus posibilidades magníficas.
Así que creo que voy a respirar profundo y a hacer dedo para irme a Viña. Ojalá con alguien que le guste escuchar a los Pixies mientras maneja, alguien que no pregunte mucho y no tenga problemas con que cante a ratos.
En Viña voy a ir a mojarme los pies en la orilla de la playa El Sol. Jugaré a burlar las olas. A desafiar las redes de Neptuno aunque seguramente terminarán alcanzando tarde o temprano mis pantalones arremangados.
Sentiré la arena húmeda y acuosa como si fuera un niño que recién la está conociendo y no se pierde ni un solo detalle al caminar sobre ella.
Cuando empiece a hundirse el sol en el horizonte como una pelota de playa amarilla tragada por un charco de plata... buscaré una cabina telefónica y en medio del clímax del atardecer te llamaré usando la moneda de cien pesos y en esos sesenta segundos de comunicación, te diré que:



video



"He muerto el día de hoy
pero no estés triste porque por fortuna he vuelto a nacer
y tengo la sensación de libertad que debería haber tenido a los quince
pues el agua salada me bautizó
como la luz del astro rey bautiza cada mañana a esta parte de la tierra
y si bien ya no soy yo
porque la espuma del mar se llevó mis miedos
y lavó todas mis culpas y deseos
soy más yo de lo que nunca he sido
pero sin ataduras ni nada que perder
y me sigo acordando del balcón de tu casa
donde se veía la luna como si se pudiera tocar estirando la mano
de las rosas deshojándose en el jardín
de tus manos rozando mi pierna debajo de la frazada
mientras tu madre cabeceaba viendo televisión
y me sigo acordando sobre todo de tus ojos chispeantes
y de tu lengua asomándose entre tus labios junto a una sonrisa
y de lo que no se deja atrapar y engullir fácilmente por el olvido
y hace tiritar el corazón
y me hace seguir sintiendo que te sigo..."

Se acaban los sesenta segundos, como ocurre con cualquier cosa en la existencia y sólo permanece en el aire el tono monocorde del teléfono, repitiéndose sin misericordia adentro de la bocina, como queriendo decir que ya es tarde.
Prácticamente es de noche, una noche llena de paz en movimiento, de colores renovados. Una noche que es mi primera noche desde hoy... así que me iré mejor a jugar al Casino (colándome por la puerta posterior). Juro que no saldré con una mano adelante y una atrás. Mejor llevarlas siempre levantadas enfrentando la tarea de estar, tanteando el presente o buscando algo que hacer...
En una de esas tengo suerte y puedo cambiar el caramelo por una ficha de poker y multiplicarla como se multiplican los conejos en el campo (y los sueños en la ciudad). Convertir un puñado de fichas en una barra de chocolate para no pasar hambre y una cerveza bien helada que se suba rápido a la cabeza y aunque ya no hago planes de ningún tipo, nada de mal me vendría un pasaje para poder ir a verte por sorpresa este fin de semana (caminando me demoraré más, pero igual llegaré)
y te repetiré al oído
mirándote como se mira una puesta de sol con lágrimas en los ojos
una a una las mismas palabras incluyendo el “amando” que no alcancé a decir al final de la llamada
pero que gracias a ti no le ha faltado a mi vida.

Definitivamente hoy es un buen día para empezar.
**




viernes, 22 de octubre de 2010

jueves, 14 de octubre de 2010

jueves, 7 de octubre de 2010

miércoles, 6 de octubre de 2010

EL AMOR, LA LOCURA Y EL OLVIDO


- ¿Qué me recomienda usted para poder olvidar a esa mujer doctor?
- Vayamos al origen del problema, Cristian. ¿Por qué quieres olvidarla?

Hizo una pausa antes de responder. Le costaba expresar sus sentimientos a alguien que era prácticamente un desconocido, pero le habían dicho que él podía ayudarlo y no perdería nada probando.

- Quiero olvidarla porque la amo completamente.
- ¿Y ella te ama?
- Yo creo que sí... aunque pareciera que algunas veces más que otras.
- Bueno, pero todos los seres humanos vivimos así la experiencia del amor, no puede ser una constante en el tiempo, sino que es más bien un estado que se construye, va evolucionando y nos exige dedicarle atención e irlo renovando. Eso es natural. Lo importante es que ella te ama también. – Sus palabras fluían pacíficamente entre su barba recortada.
- Sí, lo sé, pero me desconcierta, como que no me ama con la misma intensidad con que yo la amo, o sí, o más incluso, no sé... me da la impresión de que su amor pendiera siempre de un hilo.
- ¿Tú crees que ella te podría abandonar en cualquier momento?
- No. No es eso lo que me preocupa, sino la pasión que por ella me nubla. Lo que pasa es que yo soy más bien racional y práctico. No soy de poemas, ni de decir frases cliché o ver puestas de sol y esa clase de cursilerías... pero con ella sucede que algo cambia adentro de mí. Si pudiera la abrazaría todo el tiempo, la besaría, le gritaría que la amo, le haría el amor por horas y horas sin ver la luz del sol... ¿Me entiende?. Sé que no es lógico porque ella es una mujer como cualquier otra, pero es como si su presencia y su recuerdo me atraparan hasta ahogarme.
- Probablemente la estás idealizando. Tal vez tienes que tomar consciencia de que ella es una persona como cualquier otra, alguien que tiene estados de humor, que se equivoca, que tiene defectos, manías, como todo el mundo. – Afirmó inclinándose un poco hacia atrás en su silla, mientras hacía anotaciones en un cuaderno.
- Así es, pero pareciera que cada defecto terminara transformándose en una virtud. No sé si me explico. Por ejemplo, si se pone a roncar y no me deja dormir, al principio me incomoda el despertarme, pero después la veo durmiendo, contemplo su cabello largo como un mar oscuro derramado sobre la almohada, su cuello hermoso, su espalda perfectamente desnuda y termino dando gracias a esos ronquidos, porque me arrancaron de las garras de un sopor insulso para poder contemplar ese espectáculo.
- Pero Cristian, si son así de gratificantes las sensaciones que ella provoca en ti... ¿Qué es lo que te complica?
- Lo que me complica es poder entenderla y aceptarla... es que ella es artista, cantante para ser preciso y yo soy de los que tienen los pies puestos en la tierra. Si me pregunta cómo resolver un problema de soporte estructural versus resistencia de materiales, lo puedo hacer sin problemas, me basta hacer los cálculos con los modelos matemáticos correspondientes. Pero si me pide que me resista a su sonrisa, que no me den ganas de estar con ella y de hundirme para siempre en su mirada, es algo que se me hace muchísimo más difícil, incluso doloroso.
- Tal vez no tienes que tratar de entenderla, sino amarla tal como es.
- La amo tal como es. – Dijo con confianza.
- ¿Y crees que eso no es suficiente para que puedan estar juntos?
- Es que ella pareciera vivir también otras vidas y se distancia de mí.
- ¿Qué clase de vidas?
- Mire doctor, lo que pasa es que ella es casada... Y eso no es tanto lo que me complica, porque sé que si está conmigo es porque en el fondo me ama y puedo asimilar también que se dedique a sus expresiones artísticas como cantante y tenga a tipos babeando tras ella y todo eso. Sé que de una forma u otra, a pesar de todos los inconvenientes que existen, terminamos estando juntos y somos felices.
- ¿Y cómo te gustaría que fueran las cosas Cristian? Me dices que a pesar de las complicaciones sociales que planteas, que por lo demás no tienen nada de extraño en los días en que vivimos, aún así esa relación resulta especial, pero a la vez difícil para ti.
- Lo que pasa doctor, es que me siento tan arrastrado por ella, tan poseído por algo indeterminado, que quisiera alejarme. No quiero dejar de amarla porque soy consciente de que eso es imposible, pero me gustaría verla con otros ojos. Verla como una mujer por la que siento amor, pero que vive su vida mientras yo vivo la mía sin estar pendiente de ella a cada rato. Sin estarme preguntando por las mañanas qué estará haciendo e imaginar que la abrazo todos los días, que mi espíritu la sigue adondequiera que vaya y que la voy a acurrucar por las noches. Tengo miedo, siento que ella tiene una especie de poder sobre mi y podría destruirme si lo quisiera.
- Comprendo... para tu caso Cristian se ha inventado un nuevo fármaco, que permite controlar el proceso de ansiedad que me describes. Funciona de manera muy simple, actúa a nivel neurológico contrarrestando las sensaciones que nos producen estrés, agobio y toda esa clase de situaciones que son propias de cuadros tensionales.
- ¿Y qué efectos prácticos hará con ella en mi cabeza? – Preguntó con cierto temor a la respuesta.
- Hará que la olvides, pero de a poco, hasta transformarla en una especie de recuerdo bonito y agradable, que no te bloquea emocionalmente en el presente. Pasará como con esas pololas antiguas de las que uno estuvo enamorado por completo, pero por las que en la actualidad no siente más que un afecto especial basado en los momentos vivenciados y les desea lo mejor en sus vidas cuando esporádicamente se acuerda de ellas, pero sin estar pendientes de su actuar o imaginándolas. La otra opción es que sigas aferrado a esa situación inestable que me planteas, pero como doctor te puedo decir que hay que evitar los vínculos que nos generan inestabilidad, porque terminan dañándonos. Después de todo, está lleno de mujeres bellas por todas partes...
- Pero no como ella. – Susurró.
- Eso es lo que te hace creer tu cerebro, lo que en psiquiatría llamamos fijación obsesiva con condicionamiento emocional. Suena grave pero es muy común, es lo que le pasa a un niño cuando se enamora de un cachorro y lo siente irreemplazable, pero después le pasas otro y se vuelve a enamorar.
- Sé que me estoy comportando como un niño.
- No quise decir eso Cristian. Simplemente eres alguien que se deja bloquear por sus emociones y se siente sobrepasado, lo cual es muy humano, pero si estás aquí es porque eso produce efectos perjudiciales en tu salud, te altera.
- Tiene razón doctor, lo que más me preocupa es que, cada vez estoy más convencido de que ella está perdiendo la cordura, ya sabe, por eso de la bohemia y el tener diferentes vidas. La verdad es que no quiero estar involucrado con ella cuando termine desconectándose de la realidad. Como le dije, a mi me gustan las cosas ordenadas y claras, actuar con la cabeza fría.
- Bueno mi amigo, entonces te recomiendo empezar lo antes posible con el tratamiento. – Aseveró mirándolo con un aire cordial.

Abrió el cajón de su escritorio y sacó un frasco sin rotular repleto de pastillas blancas. Le extendió amistosamente una de ellas y le sirvió un vaso de agua que tenía a mano. Cristian tomó la pastilla, la miró unos segundos en la palma de su mano, como si fuera un pasaje sin retorno y pensó en que jamás quiso llegar a esos extremos para tener que componer las cosas. Sin que pudiera evitarlo, sus ojos se pusieron llorosos al tragarse la pastilla ayudado por el agua.
Cristian sacó de su bolsillo una fotografía de ella, se sujetó su cabello rojizo y arremolinado con una mano mientras la miraba cariñosamente por última vez, antes de dejarla con cuidado sobre el escritorio.

- Será mejor que usted se quede con esto.
- No te preocupes Cristian todo saldrá bien. El enfermero te conducirá de vuelta a tu habitación y recuerda que de ahora en adelante no debes poner problemas cuando quieran darte los medicamentos para que puedas olvidar.
- Sabe doctor, podrá parecerle todo esto una especie de locura... mi cabeza entiende que tengo que olvidarla, que no es lógico amar a alguien sin que ese amor parezca posible y razonable, pero mi cuerpo la seguirá recordando haga lo que haga, anhelando sus caricias, y yo seguiré sintiendo su sonrisa en lo más profundo de mi ser aún cuando la olvide.
- Tranquilo Cristian, ya se acabó la sesión. – Concluyó, cerrándose a seguir dialogando.

El enfermero lo tomó del brazo y se lo llevó de vuelta a la pieza de reclusión mientras el doctor sonreía con cortesía. Una vez que los hombres estuvieron fuera de su oficina, suspiró aburrido. Estaba cansado de lidiar con locos, sabía que en términos profesionales eran pacientes que necesitaban ayuda, pero para sus adentros muchas veces no eran más que insanos frágiles, burdos y desadaptados.
Guardó la fotografía de Carla Bruni y el frasco sin rotular lleno de aspirinas adentro de un cajón. Pastillas para el olvido pensó, que ridiculez, había que estar al menos medio loco para creer eso o muy desesperado.
Lo que más le irritaba hasta cierto punto, era ese discurso de sentir cosas maravillosas justificándolo con el amor. El amor no era más que una quimera del hombre, para poder evadir su inherente sentimiento de soledad y desarraigo. Una fantasía romántica, para adornar y justificar el que una pareja se reuniera para acompañarse. Ahí tenía a Elsa, doctora como él, con la que compartía un polvo de vez en cuando para relajar el cuerpo, discutían artículos, vacacionaban juntos, iban al teatro, dividían gastos y se daban las cuotas de afecto necesarias para aguantarse. Eso era en verdad el amor, una sociedad sin más magia que la conveniencia mutua.
Esa tarde se encontró con una mujer en la calle, bien constituida, con sus curvas puestas donde debían estar como solía bromear. No pudo explicarse por qué se fijó en su sonrisa y sintió que ese gesto le arrancaba un suspiro, algo mucho más peligroso, indescriptible y desconocido para él, que los múltiples pensamientos lujuriosos que podían surgir desde su mente. Tal vez la locura sea contagiosa.

FIN

lunes, 4 de octubre de 2010

viernes, 24 de septiembre de 2010

LA PUERTA


- Jefe, hay un viejo loco que está impidiendo el avance de la cuadrilla y exige hablar con usted.

Levantó los ojos del plano y miró al capataz. El hombre estaba sudando porque sabía muy bien cuanto odiaba que lo interrumpieran y más aún todo aquello que pudiera significar un retraso en las obras.
Una parte de él disfrutaba sintiéndose temido y respetado por los sujetos con los que trabajaba, aunque sabía que en el fondo lo odiaban. Le daba lo mismo, lo importante era que él tenía el poder y podía controlar sus vidas, despidiendo a quién se atreviera a molestarlo. El personal era siempre un recurso reemplazable. Después de todo él era el jefe máximo, tenía estudios de ingeniería y provenía de una buena familia, acostumbrada a lidiar con los brutos maleducados y llenos de mañas, que eran necesarios para sacar adelante los proyectos de construcción.

- Dígame dónde está y no se quede mirándome con cara de idiota.- Respondió con sequedad, mientras dejaba a un lado el plano y se ponía su casco plateado que lo identificaba como el líder a cargo.

Avanzó con su porte autoritario bajo el sol abrasante del desierto. Los hombres del campamento lo miraban de reojo esperando verlo estallar con el primero que se cruzara en su camino. Su camisa a rayas y sus pantalones pinzados de ejecutivo, impecablemente prolijos ambos, contrastaban con las ropas mugrientas de los obreros. El desierto y las faenas no hacían más que levantar una polvareda endemoniada, como si las palas mecánicas, las grúas y los camiones fueran animales revolcándose en la tierra en medio de una pelea interminable.
La salitrera abandonada no dejaba de ser un lugar sumamente curioso dónde construir un casino y centro comercial, pero los inversores tenían una opinión distinta, sacaban cuentas alegres imaginando un circuito de alto nivel a apenas cuarenta minutos de la ciudad más próxima. Un lugar paradisíaco en medio del desierto, así como fue en un comienzo las Vegas, un verdadero magneto para las clases más adineradas, que los estudios de mercadotecnia indicaban sumamente interesadas en esa exclusividad, con apenas un tres porciento de margen de error.
Los sobornos correspondientes para obtener los permisos habían resultado apenas un trámite. El grupo de inversionistas estaba preparado para lidiar con tiburones del más alto calibre y las pequeñas pirañas de los municipios rurales les resultaban mucho más fáciles de convencer. Contra todos los pronósticos la descabellada idea ya era un proyecto en marcha, que se había adjudicado su constructora, por lo que su futuro económico y su reputación estaban en juego con ese negocio y no admitiría errores.

Miró de arriba abajo al anciano a través de sus lentes de sol importados. Era un hombre de piel oscura y agrietada, maltratada por la exposición a los rayos ultravioleta y la aridez del lugar. Estaba vestido con harapos, usaba un palo como bastón y tenía una barba larga que más que barba parecía un nido de infecciones. El perfecto vagabundo lunático que a veces se obsesiona con proteger el basural en el que vive, pensó.

- Dígame hombre: ¿Qué es lo que quiere? Yo estoy a cargo de todo esto.- Le dijo con voz de mando, dejando en claro que no tenía el tiempo ni la disposición para escuchar una respuesta larga. De hecho si fuera por él ni siquiera lo escucharía, pero nunca faltaba el viejo que salía con títulos de propiedad a último minuto y que no hacía más que entrampar las cosas.

- Por favor caballero, detenga todo esto, no pueden tocar la capilla... – Suplicó el hombre arrojándose a sus pies con desesperación.- ¡Usted no sabe lo que están haciendo!

El ingeniero se echó para atrás inmediatamente. Sus casi cincuenta años le habían enseñado a no confiar en la gente. Afortunadamente los dos roperos que había contratado como guardias, a pesar de sus dudosos antecedentes, reaccionaron a tiempo y sujetaron al viejo uno de cada brazo.

- Mire abuelo. Tenemos los permisos legales para demoler hasta la última piedra de este sitio abandonado y construir un palacio sobre él.
- ¡Pero en la capilla está la puerta sagrada! ¿No lo entiende?... ¿Es usted católico?
- Mi religión no es asunto suyo y este lugar está muerto, ya nadie vive en él aparte de usted.
- Es que yo la cuido según lo que me encargó el Señor... Por favor, se lo ruego.... ¡Líbrenos de enfrentar nuestros pecados y de la ira de Dios!– Los ojos del viejo se abrieron de par en par como si pidiera por su existencia, con un brillo propio de una demencia senil incontrolable.
- Mire no puedo hacer nada por usted salvo pedirle que se vaya.

Les hizo una seña a los guardias que arrastraron consigo al anciano. Como un poseso el hombre empezó a largar alaridos y a gritar a viva voz sus súplicas. Parecía como si lo estuvieran llevando al matadero. A los guardias, a pesar de sus portes considerables, les costó una enormidad subirlo a la camioneta para trasladarlo a la comisaría más cercana.
Algunas frases del anciano quedaron dando vueltas en su cabeza durante toda la tarde; “¡La puerta sagrada!” “¡Líbrenos de enfrentar nuestros pecados y de la ira de Dios!” ¿A qué se refería el viejo?. Para acrecentar su inquietud se acordó de un dicho que tenía el tata Ismael, el forjador de la prosperidad familiar que había gozado desde niño: “Sólo existen dos clases de hombres que casi siempre tienen la razón, los viejos y los locos.”
Esa misma tarde, una vez que empezó el turno de las siete, decidió darse una vuelta por la capilla abandonada. Alumbrado por una linterna entró al edificio descascarado, que seguramente en un tiempo remoto tuvo una buena congregación de fieles.
En su juventud había estudiado en un colegio de curas y quizá por eso mismo le tenía aversión a todo lo religioso. Demasiados traumas con la estrictez sacerdotal y el que trataran de imponerle a la fuerza la palabra de Dios, constantemente, lo que no consiguió más que aburrirlo y alejarlo de todo tipo de creencias, como si fueran una peste.
Después de deambular un poco entre los púlpitos destrozados por el paso de los años, llegó hasta la sacristía donde encontró una zona particularmente cuidada, sin tierra y con restos de velas que parecían relativamente recientes.
En una muralla, tras una cortina que se caía a pedazos, estaba la puerta a la que seguramente se refería el vagabundo. Un rectángulo de madera seca y simplona, con un pedazo de hierro medio oxidado como manilla. Su acceso estaba bloqueado por unas tablas entrelazadas, puestas a propósito seguramente por el anciano, para que nadie pasara. La puerta parecía cualquier cosa, menos sagrada, no habían placas de oro ni joyas preciosas, simplemente madera vieja y apolillada.
En vez de tratar de abrirla decidió rodearla, para así ver las dimensiones del cuarto al que se accedía a través de ella, una costumbre de constructor habituado a la labor de destruir. Para su sorpresa atrás de ella no había nada... Aparentemente la puerta estaba enclavada en un muro que daba a un pasillo, como si fuera un cuadro o una especie de broma pegada a la pared.
Pudo haber dejado todo hasta ahí, como los delirios de un anciano loco. No necesitaba ensuciarse las manos corriendo los tablones que bloqueaban el paso, pero algo le impedía irse. “¿Es usted católico?”. ¿Qué tenía que ver esa puerta miserable con la ostentación propia de la religión católica?
Colocó la linterna alumbrando en dirección a la puerta y corrió los pedazos de madera que resultaron ser más pesados de lo que creía. Podría haber llamado a unos tipos para que hicieran el trabajo, pero prefería la emoción de ser el exclusivo descubridor de esa farsa con forma de portal. Se molestó al mancharse un poco la ropa, pero no era tan grave, tenía bastante de recambio en su trailer de lujo.
Una vez que la puerta ya podía ser abierta, volvió a tomar la linterna y la sujetó firme con una mano mientras con la otra tomaba la manilla, que estaba inusualmente fría imitando la sensación térmica de un pedazo de hielo. Tuvo que jalar de ella con bastante fuerza para poder abrirla, en un comienzo parecía que sus bisagras estaban endurecidas por el óxido, pero al empezar a abrirse extrañamente se fue ablandando como si hubiera cobrado vida propia y deseara ser abierta.
Cuando la puerta estuvo completamente abierta iluminó su interior, pero no había nada, sólo oscuridad. No era la pared en sí, sino que parecía haber una negrura absoluta y flotante, que la linterna no podía aclarar al dirigir contra ella su luz. Una abertura no sólida, con aspecto de pasadizo pintado de sombra sobre el cual el haz de la ampolleta no tenía efecto.
Sintió el ruido de unos truenos que retumbaban afuera, como si fueran verdaderas explosiones, con una furia que nunca antes había oído. Ni siquiera en las peores tormentas que le había tocado vivir en el sur. Un destello de luz pareció cobrar vida adentro de la densa oscuridad que quedaba expuesta tras la puerta abierta. Algo luminoso que iba aclarando toda la capilla con su poder, se aproximaba. El cuerpo se le puso duro como piedra y su vejiga soltó toda la orina que tenía adentro, en una reacción inconsciente que nunca imaginó que podría llegar a tener un ser humano.
De la puerta vio surgir una figura de unos tres metros de alto, un hombre parecido al David de Miguel Angel, de proporciones anatómicamente colosales contenidas apenas por una especie de túnica blanca. En su mano llevaba una espada dorada que flameaba un fuego azulino como jamás había visto. La piel de ese ser resplandecía de tal forma que hacía que sus ojos se enceguecieran con lágrimas salidas de lo más profundo de su alma.
Toda su vida pasó por su corazón en un instante y se sintió arrepentido, avergonzado de haber estafado y dejado en la ruina a su ex socio, de haber olvidado a su madre en un asilo de ancianos, de no haber amado a ninguna de sus amantes y menos a su esposa, de haberle mentido a mucha gente, incluso a sus hijos. Se arrepintió de tantas cosas a la vez y sintió miedo, el miedo que debe sentir un bebé al nacer durante el parto.
Poco antes de que su cuerpo fuera reducido a cenizas bajo la mirada de ese ser supremo, en una fracción de segundos se repitieron en su cerebro varios padrenuestro y las palabras del versículo 15:1 del libro del Apocalipsis que una vez leyó en el colegio: “Vi en el cielo otra señal, grande y admirable: siete ángeles que tenían las siete plagas postreras; porque en ellas se consumaba la ira de Dios”.

FIN

domingo, 19 de septiembre de 2010

SONRIE


Sonríe
tan sólo sonríe
con el entusiasmo de los niños
cuando empiece tu día
sonríe
muchas personas te quieren
y hay quienes te aman...
al respirar
tienes todas las oportunidades
del mundo
no importa
si está nublado o hay sol
el paisaje que puedes ver
y disfrutar
es el mejor paisaje
por eso sonríe
cuando camines por las calles
cuando tomes un taxi
cuando tengas noticias
buenas o malas
cuando recuerdes
cuando surjan dudas
sobre el mañana
simplemente sonríe
no hay nada más que hacer
la única gente loca
es la que no sonríe
deja tu adorable huella
en el aire
así como yo lo hago ahora
por ti
la vida es un dilema
para ser resuelto
tan sólo con una sonrisa
y mucho amor
en ella.

jueves, 16 de septiembre de 2010

EL REFLEJO DE LA LUNA SOBRE EL AGUA


El viaje se le había hecho largo, pero valía la pena todo el esfuerzo, porque su mano estaba tomada firmemente por la mano de ella y su cuerpo se apegaba al suyo como dejando en claro que había pasado demasiado tiempo desde la última vez que estuvieron juntos.

Miró sus ojos oscuros y radiantes, de los que colgaba una sonrisa cómplice, mientras sus dedos se deslizaban por su cintura hasta más abajo de la cadera, haciéndola sonreír aún más. El chofer de la van se hacía el ignorante, observando de reojo por el espejo retrovisor, subiéndole el volumen a las rancheras en la radio y siguiendo su trayecto por el camino rural invadido por la lluvia.

Si hubiera sido por él la hubiera tomado ahí mismo, o en el baño del aeropuerto o en la losa de llegada, daba igual, el deseo por ella lo dominaba completamente. Cuando el alma y el cuerpo se confabulan, meditó, resulta casi imposible no dejarse atrapar por un torbellino que te hace sentir vacío sin la presencia del otro.

La van parecía elevarse sobre el camino con cada beso, con cada cariño, y de pronto era como si se condujera sola y no hubieran más pasajeros que ellos. Acarició su cabello, besó sus mejillas y su boca, tratando de calmar su pulso, pero en vez de eso se aceleraba más junto al de ella. Prácticamente no hablaban, embelesados entre sí, sintiendo ese cosquilleo que partía en el pecho, revoloteaba como mariposas en el estómago y exudaba frescura en sus entrepiernas. Sus sensaciones se integraban como dos compuestos químicos que al mezclarse se potencian entre si. La lluvia y el frío del exterior de la van no eran más que decorados hermosos para el calor que inundaba sus cuerpos. Otro beso más, otro abrazo con la felicidad latiendo adentro y el resto del viaje hacia el pueblo, las dudas, así como los problemas del pasado, parecieron desvanecerse.

La señora alemana les entregó las llaves de la cabaña y cerró la puerta al salir con su paraguas. Apenas alcanzaron a tirar los bolsos junto a la cama y a prender la estufa apurados, antes de empezar a abrazarse y besarse mientras sus manos se recorrían mutuamente, ya sin observadores. Revivieron una especie de ritual que consistía en quitarse la ropa con velocidad, pero sin descuidar las caricias, para empezar a hacer el amor de a poco. Estaban viviendo el instante que habían aguardado durante meses. Los mails, las llamadas, los videochat, todo tipo de contacto servía de alguna forma, pero no igualaban el efecto de tocarse, ni siquiera se aproximaban al hecho de poder llenarse el uno con el otro al sentirse cerca. De poder decirse cara a cara cuánto se extrañaban. De susurrarse al oído tendidos en la cama cuánto se aman.

Volver a contemplarse desnudos, frente a frente, le hacía sentir una energía extra. Como que el cuerpo de ella era un lugar maravilloso por redescubrir, un sitio en el que perderse y dejarse llevar tratando de capturar para siempre su textura, sus sabores, su aroma, todo lo que la definía físicamente. Lo que la hacía ser propiamente ella y no otra, hasta alcanzar una especie de embriaguez en esa entrega, que ningún alcohol o droga es capaz de conseguir.

Después de hacer el amor, volvían a hacerlo, en una comunión sin fin, con pausas para descansar en las que él hundía la cabeza en el cuello de ella, pegando el pecho a su espalda mientras la rodeaba con los brazos para acercarla aún más a su piel. Lo que hay afuera no importa, es como si no existiera. Reír y entregarse al ahora tal vez sea una estupidez, piensa, pero que estupidez más hermosa y cálida en la que abandonarse para siempre si se pudiera. Ella siente como que en ese espacio mágico los desacuerdos se resolvieran, aunque sea en forma momentánea, pero no es acaso así la vida, momentánea, se pregunta él sin decirle, mientras acaricia sus piernas.

El lago se puede ver a través de la ventana de la cabaña, ya no llueve, está de noche, aunque pareciera que recién se hubieran encontrado al amanecer. El tiempo definitivamente es un concepto relativo cuando están juntos.

Sobre el cielo hay estrellas de distintos colores y una luna inmensa, inimaginable, reflejándose en las aguas. No hace frío. Salen a caminar tomados de la mano sin fijarse en que no están vestidos, no importa. Cuando se aburren de andar se internan en el lago y vuelven a hacerlo bajo el agua, ni siquiera necesitan respirar. Todo es húmedo y seductor, como si el sudor de sus cuerpos impregnara todo el aire.

Las aguas del lago son las sábanas y las sábanas son el lago. Se levantan entrelazados por la cintura pareciendo una sola criatura pacífica y se ponen a flotar bajo la luna, como si fueran dos plumas que saben volar al unísono y empiezan a ascender atraídas por la luna palpitando en cada uno de sus poros.

Una sacudida hizo que todas esas imágenes se borraran bruscamente de su cabeza. El tren había llegado a la estación. Abrió los ojos confundido, no solía quedarse dormido en el metro y menos aún, tener un sueño de esa clase, sobre un viaje que planearon con ansias, pero que finalmente nunca hicieron. A pesar de que todo estaba arreglado se pelearon unos días antes, por diferencias que hoy resultaban insignificantes, pero que en su momento fueron asuntos de vida o muerte, de dolor y desesperanza. Se arrepentía de cómo se dieron las cosas y de lo que se dijeron enceguecidos por el enojo y el orgullo, más que nada el orgullo, ese orgullo idiota que nada sabe de afectos y que sólo logra encerrar a cada uno en su forma de entender y aislarlo en pensamientos hostiles.

Contra todas las probabilidades, como si fuera un designio irónico del destino, la vio parada como un pasajero más, al fondo del carro. Estuvo a punto de ir a hasta ella y saludarla con un abrazo como el que había fantaseado en su sueño, pero algo lo frenó. Se sintió confundido, como si su cuerpo y su mente no se entendieran, como si uno la recordara y el otro quisiera olvidarla. Comprendió que toda la magia entre ellos ya había pasado, los besos, las caricias, los abrazos, no eran más que asuntos de otro tiempo, un sueño revivido a través de otro sueño en un carro de metro. Algo tan efímero como el reflejo de la luna sobre el agua, pero tan vívido como la existencia misma.

Ella se bajó en la siguiente estación y a él le pareció que lo había divisado de reojo. Lucía un poco distinta, tal vez por los eternos meses que habían trascurrido, pero se veía como más seria que de costumbre. El también tenía que bajarse ahí, pero prefirió quedarse sentado y dejarse llevar por el vagón de metro. Volvió a sentir que la amaba, comprendiendo que una parte suya nunca había dejado de hacerlo, aunque ya fuera demasiado tarde.

Cerró los ojos y trató de soñar una vez más. Los recuerdos podrían ser reales o no, pero siempre tendría en su memoria y en su corazón, la verdad absoluta e irrenunciable de la que fueron parte.

FIN

sábado, 11 de septiembre de 2010

NOTA DE QUIEN FUE ATROPELLADO AL BORDE DEL CAMINO


Cuando conoces el camino
pero le pones más dificultades de las que existen en él
reconsidéralo antes de seguirlo.

Al amar no hay lugar para las indecisiones
con su toque mágico y con paciencia
se puede desatar cualquier clase de nudo
pero así no lo entiende
quien no es dueño de sí mismo.

Si no se es fuerte sin importar las condiciones
no hay caso
la creación se ha comprometido
a encargarse de lo que pidas
pero no es responsable
si es que no sabes qué pedir
o si no tienes la convicción suficiente
para recibir lo que deseas.

En lo que no resulta se suele aprender más
y nadie debiera entregarse
a lo que no cree de verdad
ni experimentar su vida pensándola
porque los pensamientos son ciegos
sin alma
y le buscan explicación a lo que no la tiene
y miden en términos de lo que es favorable o no
asuntos que no son medibles.

Que lástima
que hasta el cuerpo se deje llevar por los pensamientos
y sus ánimos ficticios
que ridículo que hasta para mirar al cielo
se tenga que tener justificación
y que hasta para seguir queriendo activamente
sin verguenza sin arrepentimiento
se tengan que tener garantías
y seguridades a cambio.

Es mejor a veces dejar a los muertos
reposar en la tumba en que han sido encasillados
que se hundan con su gran cariño en el limbo
y que el órden sea paz
equilibrio
y triste razón de vivir.


miércoles, 8 de septiembre de 2010

POEMA PARA DESINTEGRARSE DURANTE LA TARDE


Si me conociera más podría esperar
ser paciente como un grano de arena
aguardando a ser transportado por la corriente
hacia ese horizonte que parece inalcanzable
tendría la delicadeza del alba la claridad del loto
y no la ebullición de la borrasca
si tan sólo no hubieran tantas hojas por escribir
y mitos a los que desentrañarles sus misterios
me quedaría sentado mirando fotografías
imaginándome a mi mismo tomando el sol de la tarde
y yéndome en cada rayo hasta mi origen
sin creer en nada que sea distinto a lo que hay
pero en vez de eso confío plenamente en la independencia
para levantar las velas del corazón
y en la libertad para soplarlas
y en la sangre para impregnar con ardor lo que se hace
y si tal vez estuvieran los que no están
si se pudiera apagar el presente en un abrir y cerrar de ojos
o ponerle pausa a esta rueda antes de que llegue el final del día
dejaría de llamar a la muerte por su nombre
y si tal vez no entendiera que las latitudes no miden el trayecto real
y que los dilemas internos se van resolviendo
de una u otra forma aunque en apariencia queden inconclusos
tal vez entonces podría conformarme sólo con soñar
pero por lo pronto ya no estoy para quien no viene a buscarme
ni para ser víctima de las circunstancias
porque; ¿Qué vida se vive sin sorpresas?
sin tomar riesgos aunque no haya riesgos
cuando se obra con auténtico amor
que hambre se sacia sin abrazar lo desconocido
perdiéndose en su fiebre lúbrica hasta irse
así como el hombre se extravía en el útero del cosmos...
pero que ganas de subirme a un ascensor invisible
para luego bajarme en un piso que no existe
buscando algo que no está en ninguna parte
sin saber dónde habré de acabar y decir basta
como que ya es tiempo de inscribirme
en la lista de los que no siguen esperando
y tener lo único que necesito en soledad
y cubrirme con una levedad en la que todo desaparece
como las marcas de las gotas en el agua
y desintegrarme para después reconstituirme
como un reflejo de mi mismo renacido
y terminar preguntándome si alguna vez en el pasado
estuve aquí.

martes, 31 de agosto de 2010

TRINOMIO PARA APROXIMARSE A LA ILUSION DEL TIEMPO


Para el AYER
el agradecimiento
por lo vivido.
El perdón
en las enseñanzas
disfrazadas de errores
y sufrimiento.
El memorial
de los buenos recuerdos
a los que honrar
sin echarlos de menos,
sin lamentar
lo que pudo ser
y el olvido más dulce
para dejar lo que ya pasó.
**
Para el MAÑANA
deseos liberados
como pájaros
sin aferrarse a ellos
para que puedan volar
su propia ruta.
Tenerlo en consideración
pero sin mirarlo con temores
como si su presencia
fuera una amenaza,
dándole sólo un saludo eventual
como de una seña a lo lejos
a un desconocido simpático
pero sin llegar a abrazarlo
ni poniéndose a dormir a cada rato
para soñar con él.
**
Para el AHORA
el ímpetu de estar,
el alma concentrada
en cualquier acto,
el calor de la sangre
en cada respiración.
El impulso de saberse
parte de todo.
El pálpito que guíe
cada fibra de este cuerpo
deslizándose
sobre el filo del hoy,
pulsando el único tiempo
y lugar donde realmente
cobran vida las cosas
y se puede amar.

viernes, 27 de agosto de 2010

lunes, 23 de agosto de 2010

DOS HOJAS QUE DISFRUTAN DEL SOL (Parte 2 de 2)


Jo según los otros:
“Ella es pura energía. Nos conocemos desde las monjas y somos muy amigas, respeto su opción sexual, pero nunca ha habido onda entre nosotros, a mi me gustan los hombres (y mientras más brutos mejor). Para la Jo ha sido difícil encajar, los tipos siempre se quedan pegados con ella y tratan de seducirla, pero ella sólo se burla de los pobres. Yo he conocido a algunas de sus pololas, pero ha mantenido con su familia todo para callado y yo creo que eso al final la afecta.”
“Que no te engañen sus ojitos esmeralda y su aspecto de modelo medio hippie. Detrás de esa sonrisa adorable se esconde una persona más bien triste e insegura. En el tiempo en que salimos juntas yo le enseñé muchas cosas, porque ella era ingenua con el sexo, como que le gustaba que la tocaran pero no se atrevía a tomar la iniciativa. Cuando terminamos hubo un show con gritos, lágrimas y botellas rotas, pero al poco tiempo ella andaba de fiesta en fiesta como dando todo por superado. Es así.”
“La Jo, es la Jo, de las que entrar a un lugar y todos la miran. Nos conocemos desde chicos, cuando jugábamos fútbol en mi casa, fue como el hermano que no tuve. Si no fuera mi prima y bueno, lo otro que ya saben, jaja... Igual a veces la hago pasar por mi polola para impresionar a la gente. Entiendo que le gusten las mujeres porque son una delicia, pero ha tenido mala suerte con ellas, nada estable. Yo le he dicho que debiera intentar con un hombre para variar un poco, pero no me hace caso.”

- ¿Qué dices ahora que me conoces?
- Que estás un poco loca...
- Eso ya te lo había advertido – Aseveró haciendo parpadear con sensualidad sus largas pestañas.
- De todas formas, más que tu locura, admiro tu sinceridad.

Michel según los otros:
“¿Qué te podría decir de ella? Es toda delicadeza, de esas personas que poseen una elegancia natural y cómo que siempre supieran mantener la compostura, el equilibrio. Pareciera que gozara con la soledad y costara llegar a ella, algunos la ven como lejana y cerrada, pero en verdad tiene un sol ardiendo en el corazón, lo difícil es alcanzarlo. En todo el tiempo que estuvimos juntos creo que nunca pude descifrarla bien, pero si tengo muchos recuerdos bonitos y la alegría de haber compartido con ella un aprendizaje sexual inolvidable.”
“Ella es bien amable, siempre me saluda con una sonrisa cuando llega al edificio. Un conserje que estaba antes me dijo que había un rumor de que era hombre, pero no creo, siempre hay gente malintencionada que inventa cosas. En todo caso se ve harto rica como para que fuera hombre. Quizá porque tiene una voz especial la gente se pasó esa película. Es re tranquila la señorita, no hace fiesta ni escándalos como otros inquilinos.”
“Michel se ocupa de las escenografías desde hace tres años y nunca hemos tenido problemas. Es súper profesional en lo que hace, con mucha sensibilidad artística y su sexualidad es cosa de ella. Si bien no es muy buena para conversar y receptiva, le gusta apoyar a los actores. Salió por harto tiempo con uno que era medio raro, pero no sé mucho de eso, porque es bastante discreta con su vida privada, como que evita hablar de eso. Terminaron y desde esa vez no le he conocido a nadie, como que disfrutara más haciendo su trabajo que dedicándose a cosas sociales.”

Se miraron a los ojos y sonrieron.

- ¿Crees en las casualidades Jo?
- Creo en que la vida nos da posibilidades y de nosotros depende lo que hagamos con ellas.
- ¿Sería lo suficientemente sexual para ti besarnos?
- Un beso sería un buen comienzo.- Dijo acercándose como un fantasma.

Jo según Michel:
“No sé de dónde salió, pero cuando conversé con ella me pareció muy familiar. Más que nada sentí que debajo de toda ese energía explosiva estaba alguien que quería cariño y que la quisieran tal como es. Si bien suelo ser reservada y desconfiada con la gente, había algo en ella que me hacía florecer, una exhalación que penetraba mis barreras. Una especie de deseo que iba más allá de lo meramente físico. Después de conocerla más, me di cuenta de que las intuiciones no fallan y ese brillo cuando se cruzaron nuestras miradas y nos besamos, con el tiempo se transformaría en la confianza y la seguridad de amar y sentirse amada.”

- ¿Te pasó algo con el beso?
- Puede ser... mi entrepierna no es la misma que antes del beso – Afirmó con cierta vergüenza Michel.
- Es una buena señal – Respondió Jo, que inexplicablemente se sentía radiante mientras su corazón latía más rapido. - ¿Qué haremos ahora?
- Caminar, conversar de la vida y de ahí vemos
- De ahí vemos... me gustan esas tres palabras.

Michel según Jo:
“Era cierto lo que me habían dicho, Michel era una mujer enigmáticamente fascinante, una morenaza de suavidad exquisita. No se podía decir que fuera un hombre aunque tuviera su sexo. Todo empezó casi como un juego, no lo hicimos esa vez cuando yo se lo pedí sin conocerla, pero con el tiempo aprendimos a querernos. El sexo después fue apasionado, como naciendo del alma y con la delicadeza que hubiera querido en mi primera vez. ¡Si hasta me encariñé con su parte masculina! y hoy ese animal baboso es mi mascota regalona que me da placer. Quién iba a decir que un año después estaría en la cima de las ruinas de Machu Pichu, gritando que soy libre, auténticamente libre, mientras mi mano toma su mano y somos felices como dos hojas que disfrutan del sol.”

FIN

viernes, 20 de agosto de 2010

DOS HOJAS QUE DISFRUTAN DEL SOL (Parte 1 de 2)


- ¿En qué te puedo ayudar? – Preguntó Michel, con su amabilidad habitual.
- Teniendo sexo conmigo... – Respondió Jo.

Jo:
“Desde chica mi mamá insistía en tratarme como una pequeña princesita. Me vestía con unos vestidos propios de una muñeca y no me dejaba jugar con los otros niños del barrio, para que no me ensuciara y porque los juegos de hombres no eran propios de una damita. Tal vez ahí le agarré odio a los vestiditos y cosas por el estilo y empezó a despertar cada vez más mi curiosidad lo que hacían los niños, su libertad para correr, saltar, patear una pelota y trepar los árboles como si no hubiera ningún convencionalismo que pudiera detenerlos. Yo no quería ser alguien que peina una muñeca y juega con tacitas, pudiendo desbarrancar un camión de juguete cerro abajo o atrapar arañas en frascos para asustar a las niñitas sonsas.”

- Me halagas. ¿Pero qué te hace creer que querría tener relaciones contigo?
- No lo sé. Tal vez porque todos me consideran linda, muy entretenida y quiero probar con alguien como tú.
- ¿Pero tú sabes como soy? – Dijo Michel, sin poder esconder su sonrisa cálida.
- ¿Alguien muy especial? – Arguyó Jo, con una sonrisa aún mayor.

Michel:
“Nadie entendió nada. De un día para otro ya no me bastó con tener el pelo largo y mantener mi cuerpo esbelto, sino que aparte de eso me empecé a vestir como mujer y a asimilar sus modos de ser. Para mi fue una especie de liberación, una manera de dejar atrás el pasado. Lo que fue una curiosidad infantil se transformó en un placer, en una forma de afrontar la vida y de sentir. Cambié mi nombre de Miguel a Michel y me embarqué en una aventura por reencontrarme conmigo misma. Esa era yo, bella y radiante, diciendo mírenme, se acabaron las tristezas, las inseguridades, acéptenme y quiéranme tal cual soy.”.

- Por si te di esa impresión... no vendo mi cuerpo – Afirmó Michel, con esa forma de ser profundamente amena que tenía y que hacía que hasta las palabras más duras sonaran con suavidad en su boca.
- Sé que no lo haces. Por eso es que me decidí a venir hasta ti... Una amiga conoce a un amigo tuyo. No soy una loca por si lo piensas, o siquiera no soy una loca rematada y furiosa. También me gustó tu aspecto, no eres de esas que parecen hombres disfrazados, si hasta tu voz tiene algo de femenino...
- Jaja, es que soy femenina. Aunque no me he operado si a eso es a lo que quieres llegar. Me siento completa como estoy.
- ¡Y es por eso que quiero que lo hagamos! Quiero sentir tu parte de hombre en mi cuerpo de mujer - Finalizó Jo.

Jo y el sexo:
“Aunque nunca me atrajeron los hombres en sí y no los veía más que como mis pares, de quienes envidiaba su protagonismo, tuve mi primer pololo a los dieciséis años. Influyeron mucho las presiones sociales de mis compañeras del colegio de monjas y a pesar de que tenía varios pretendientes, me resultaba más seductora una compañera que iba un curso más arriba. Con ese pololo tuve la peor experiencia de mi vida en lo que a sexo se refiere. Creo que me quitó la virginidad poniendo su cosa inexperta bruscamente adentro de mi, no hubo ni la ternura ni la delicadeza que imaginaba al pensar en lo sexual y la verdad es que nunca más quise volver a ver ese horrible pedazo de carne caliente colgando y goteando como un animal estúpido y baboso.”

- Para lo que quieres basta con que levantes una piedra y encontrarás a un montón de sujetos deseosos por satisfacerte.
- Lo sé. Pero no me gustan los hombres en general y menos aún los sujetos salidos de abajo de piedras.
- Si no te gustan los hombres... ¿Por qué deseas que te lo haga como uno?
- Porque quiero superar un trauma del pasado y estar en paz conmigo misma. ¿Nunca lo has hecho con una mujer?

Michel y el sexo:
“Ni hombres ni mujeres, creo que uno se enamora de personas y el sexo es un reflejo de ese amor. A veces sufrido, a veces alegre, pero siempre intenso e íntimo. Tal vez debido a las hormonas que me empecé a administrar y los cambios que generaron en mi cuerpo, mi líbido se volvió más difuso, como una especie de respuesta a un estímulo emocional más que algo meramente físico en sí. Antes de cambiar y asumirme como tal, tuve experiencias pero ninguna de ellas gratificantes, lo que incluso me hizo pensar que el sexo estaba sobrevalorado. Después, con mi cuerpo renovado, diría que me liberé de ese prejuicio, pude gozar más y me di cuenta de que los únicos límites son los que se pone una misma.”

- Sí lo he hecho con mujeres, pero ninguna de ellas era una desconocida como tú. – Afirmó mirando sus ojos verdes y llamativos.
- Eso lo puedo arreglar en un momento. Me llamo Josefina, pero mis amistades me dicen Jo, no sé si por lo jocosa o por lo jodida. Estudio agronomía, me encanta la naturaleza, cabalgar yeguas porfiadas como yo y tomar aire libre. Vengo de una familia tradicional que me tilda de loca inadaptada y liberal, con una madre que cada vez que me ve me pregunta si encontré novio y no entiende por qué no tengo. Me gusta beber cerveza de la botella, lo simple como la hoja de un árbol y disfrutar la vida. Mi sueño es poder irme mochileando hasta las ruinas de Machu Pichu y gritar desde la cima; ¡Soy libreee!


(continuará...)

miércoles, 11 de agosto de 2010

EL COMPAÑERO


Los rituales me indican que alguien viene esta noche. Ella anda como acelerada. Su corazón late más rápido. Corre de un lado para otro del departamento. Busca algo para ponerse encima, revuelve los cajones y después se mira con la ropa puesta frente al espejo. Finalmente pasa a mi lado, me guiña un ojo y se mete al baño. Reviso lo que seleccionó. Un colaless rojo diminuto y un vestido nuevo que trajo hace poco.
Escucho el ruido de la ducha y después el olor inconfundible de las cremas y perfumes extraños que se rocía en el cuerpo. Me cargan, hacen que me pique la nariz. Prefiero su sudor natural, mientras más marcado mejor. Como que me da mayor seguridad el sentirla cerca.
Canta una canción mientras se viste. Yo la miro callado. Me gustaría poder entenderla. Como que a veces está pero generalmente pareciera ida. Imaginándose cosas o acordándose de lo que le ha pasado. Qué extraño. No sé por qué lo hace. Podría comer e irse a acostar como la mayoría de las noches. Estaríamos tranquilos y relajados.
Suena el timbre y me pongo inquieto. Ella abre la puerta sonriendo, no sin mirarse antes en el espejo otra vez. Ahí está él. Es el tipo de la otra ocasión. No me gusta para nada. Se que miente cuando le habla. Lo puedo notar en su mirada y en sus poros cuando respira. Lo que sale de su boca no representa lo que su cuerpo realmente afirma. Si fuera por mí lo sacaría arrastrando para afuera, a pesar de que es más grande que yo. Es un invasor. Pero ella es la dueña del departamento. Ella es la que paga las cuentas y mi opinión importa poco.
Cenan y beben como si tuvieran demasiada sed. ¿Para qué toman alcohol? No hace más que empiecen a reírse como locos y transpirar. Es peligroso. Como que se pusieran fuera de sí y se volvieran más primitivos que de costumbre. Me iría a dormir pero prefiero permanecer alerta.
En un determinado momento el sujeto le coloca la mano en la pierna y me da suficientes motivos para estar nervioso. Reconozco lo que está pasando en ella. Su sexo se prepara como despertando de un sueño. Su cuerpo se vuelve más húmedo. Ya antes la he sorprendido con otros en cosas sexuales, incluso estando yo en la pieza contigua.
El le susurra cosas en la oreja que no comprendo y se le acerca. Definitivamente es una amenaza. Tengo que protegerla. Sobre todo porque después de intercambiar unas caricias se levantan de la mesa y se encaminan al dormitorio. Yo por supuesto que los sigo. Esto no me lo pierdo, aunque hagan como si no estuviera aquí. No puedo dejar que pase de nuevo lo mismo o al menos trataré de vigilarlos para detenerlos cuando llegue el momento.
Ella se empieza a desnudar y no puedo callarme más. Le digo lo que opino, pero ella no me escucha. Prefiere ignorarme al comienzo y cuando creo que al fin me hace caso, me grita molesta que me vaya de la habitación. Mis instintos no fallan. Siento que tras la sonrisa de él hay una violencia indeterminada esperando a asomarse con el tiempo. Una especie de suciedad que las personas suelen llamar maldad. Pero ella no es capaz de razonar con mis argumentos.
Ya estoy harto. Primero anda de mal genio. Después se entusiasma con algún extraño y se pone alegre. Pero luego de un día para otro anda triste. No entiendo. Y cuando trato de aconsejarla no me toma en cuenta, no obstante, frecuentemente es cariñosa conmigo, me acaricia y me demuestra que me quiere. Que complicada es. ¿Serán todas así?
La ventana del living está abierta y yo estoy enrabiado, así que salto del segundo piso y me interno en la noche. Nunca antes había salido más que a pasear con ella. El aroma de la libertad inunda mis sentidos. Se siente bien. La oscuridad me asusta, pero por otra parte me atrae, porque pareciera estar llena de oportunidades. Quizá me encuentre con otros de mi especie. Alguna hembra que me permita saciar mis ansias. Sin complicaciones. Total, solo se vive ahora. ¡Aprovecharé de correr sin una correa sujetando mi collar! No sé si podré recordar el camino de vuelta a casa, pero esas son cosas que a nosotros no nos preocupan. Al olfatear el tronco de un gran ciprés ya estoy en el cielo.

FIN
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