lunes, 23 de noviembre de 2009

DISPAROS Y SUSURROS


Los dos disparos paralizaron sus corazones. Anne se aferró a él como si fuera un salvavidas humano. Su cuerpo desnudo y mojado dejó en evidencia sus curvas a través de la toalla.
- ¿Te hizo algo? - Le preguntó Hans.
- No - Respondió ella cobijándose más en él.
- Acompáñeme - Le dijo sin perder tiempo el hombre alto a Isidro y luego le dio instrucciones a Franz para que cuidara de Anne.
Los hombres bajaron presurosos la escalera y se dirigieron a la parte posterior de la casona, desde dónde provenían los disparos. Allá se encontraron con Adolf, que se les acercó excitado como si hubiera sido sobrecargado por un golpe de adrenalina y lo disfrutara profundamente.
- ¡Thomas le disparó! – Exclamó.
- ¿Dónde está? – Inquirió Hans.
- Lo siguieron hasta el bosque con Mathias y Jurgen.
- ¡Llévanos con ellos! – Contestó.
Isidro y Hans siguieron a Adolf varios metros hasta llegar casi al inicio del espesor del bosque. Allí estaba Thomas sentado en el suelo apoyado en su escopeta. Merrill le revisaba el costado de su rodilla, cumpliendo su rol de médico del poblado, aunque se desconocía si tenía realmente los estudios de tal. Thomas tenía el pantalón roto como si hubiera sido rajado por una rama y a través de él se distinguía una marca rojiza sobre su piel blanquecina.
- ¿Qué ocurrió?
- ¡Le disparé al maldito!... Estoy seguro de que le di. Lo vi descolgándose del muro y pasó corriendo junto a mí. Debe estar herido porque a esa distancia no pude haber fallado. – Explicó Thomas entusiasmado.
El sujeto era colorín y si bien seguramente tenía como treinta y tantos años, aún conservaba un cierto aire infantil que no quería borrarse de su rostro, en contradicción con su cuerpo grande de boxeador peso pesado.
- Mathias y Jurgen lo siguieron al bosque para tratar de cazarlo. - Agregó Merill, mientras tanteaba el rasguño rojizo en la pierna.
Ante la mirada inquisitiva de Hans, Thomas les explicó que todo pasó muy rápido, que el ser medía un metro, se movía a una velocidad sobrehumana y había sido capaz de saltar desde lo alto de la pared de la casona como si nada. Sus ojos eran como habían dicho las muchachas, amarillos, brillantes e hipnóticos, como unas joyas preciosas que piden ser contempladas.
Siguió hablando de cómo la criatura dio un giro inesperado luego de una de sus descargas de escopeta y pasó junto a él rasgándole la pierna con su garra encorvada sin que haya alcanzado a lastimarlo, para luego proseguir con su huida y desaparecer entre los árboles.
Isidro supuso que el entusiasmo de Thomas por haberle disparado a la bestia, sintiéndose como un héroe al respecto, pasaba por un tema de ansias de venganza. Había escuchado que su hermano menor nunca volvió del bosque buscando al ser, luego de que éste raptara a su esposa.
El hombre alto le pidió a Merrill que le hiciera las curaciones correspondientes a Thomas y a Isidro le pareció como si con sutileza le hubiera dicho que no lo perdiera de vista. Claramente Hans Fliege era un hombre racional, que no era partidario de los impulsos emocionales a la hora de actuar.
Por su parte el aspecto de Merrill era el de un hombre de acción más que de un médico, su cabello espeso y negro y su porte atlético recordaba a esos gimnastas de películas mudas, con rostro de constante preocupación en el cual parecían pesar los secretos del lugar. Secretos que empezaban e exigir ser descubiertos por alguien, pensó Isidro.

***


Ven a mi / como el amanecer viene tras la noche / con la promesa de disipar las sombras / toma mi alma / y llévala contigo / limpia las heridas de mi cuerpo / hasta que de mi / ya no quede nada.

Se encontró caminando sobre la arena húmeda. El día estaba nublado y el mar parecía estirarse más lento que de costumbre a través de las olas. Ella estaba sentada sobre una roca, mirando el horizonte, con un vestido azul sacado de otra época lejana. Esta vez tenía el cabello rojizo y la piel dorada, sin embargo era ella, solo ella podía acelerar su corazón de esa manera. Solo ella podía constituirse en un atisbo tan rotundo e indefinible de la belleza divina.

Cada vez que te encuentro / no es más que la ilusión de encontrarte / porque eres tu siempre la que me ha encontrado / es el universo entero / el que ha llegado a mi encuentro a través de ti.

Anotó mentalmente las frases venidas de la nada. Los poemas escritos por el silencio, como le gustaba llamarlos y se fue a sentar junto a ella en la roca. Después de unos minutos en calma se atrevió a tocar su rostro, que al tacto era frío como la muerte, pero sin embargo le producía una sensación de calidez interior. Ella sonrió, con una sonrisa que sobrepasa cualquier expresión humana de afecto, haciendo que Isidro se sintiera bendecido y que todas las peculiaridades de su vida volvieran a tener sentido.
Ella se le acercó, como un ángel caído, y le susurró algo al oído, haciendo que todo su cuerpo se estremeciera. En el mismo momento una ola enorme se hizo trizas contra la roca donde estaban sentados, sacudiéndolo con firmeza.
Cuando logró recomponerse ella ya no estaba. Su cuerpo ardía como si la ola lo hubiera quemado y en lo que parecía una respuesta a su ardor, empezó a llover. Una lluvia gélida y desesperanzadora. Su tiempo con ella había terminado por ahora. Sólo le quedaban sus palabras al oído, dándole vueltas en su cabeza.
Volvió a la playa. La lluvia se había transformado en un aguacero que hacía que la arena se convirtiera en arena movediza. Sus pies se hundían y parecía que todo, incluso él, terminaría siendo arrastrado por la lluvia hacia el mar. Se tuvo que esforzar al máximo para poder llegar a unos árboles cerca de la costa, en los que había tierra firme. Una vez a salvo los árboles se multiplicaron a su alrededor formando un bosque espeso. Eran tan altos que casi no permitían ver el cielo. Estaba rodeado por la misma clase de bosque que rodeaba el poblado. El territorio de la bestia.
Caminó durante algunos minutos hasta encontrarse con unas deposiciones amarillentas y fétidas, que cuidó no pisar. Un poco más allá estaban los cuerpos de varias muchachas sin nada de ropa, tendidas de espalda en la tierra como si estuvieran durmiendo plácidamente, esperando ser despertadas por su príncipe encantado. Todas ellas tenían la barriga hinchada, como si fueran a dar a luz dentro de poco.
Unos gemidos dirigieron su atención hacia un rincón sombrío. En él vio a Anne completamente desnuda y de rodillas con los brazos apoyados en el suelo, mirándolo a través de sus ojos ciegos, mientras la criatura la penetraba babeante por atrás.
Las pupilas resplandecientes y biliosas de la bestia parecían girar en sus cuencas. El rostro de dolor de Anne se transfiguró en una mueca de placer, largándose a reír como si fuera un demonio, mientras a su alrededor los vientres de las mujeres eran desgarrados desde adentro por unas garras inhumanas de uñas negras y retorcidas.
Cuando volvió la vista hacia la joven y la criatura, se topó con que ella estaba de pie frente a él, casi rozándolo, sonriendo insinuante con sus pezones alargados apuntando firmemente hacia su pecho. Se llevó la mano hasta su cara y se arrancó de un tirón la piel del rostro, dejando en evidencia una calavera negra.
Despertó gritando en la cama. La puerta de su habitación estaba abierta y le pareció sentir el olor del perfume que usaba Anne. Necesitaba con urgencia un poco de alcohol, pero antes de eso debía ir a hablar con alguien.

2 comentarios:

  1. Gracias a San Isidro, Pancracio, Antonio de Podua, Benito sin Baranda, Pio los pollitos dicen que Ann es flaca y curvilíneas porque lo que soy yo: me enmoré de una mujer robusta, me enamoré de una mujer robusta, me enamoré de una mujer robusta yyyyyy que pongale la música nomas mi cumpa!!

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  2. QUE COMENTARIO MAS EXTRANIO POR FAVOR, QUÉ TIENE QUE VER LA MUJER ROBUSTA CON EL CUENTO DE SMITH, NADA, A LO MEJOR LA PERSONA QUE LO ESCRIBIÓ EMPINABA EL CODO, YSE EMBORRACHÓ Y ASI, Y SE PUSO A WEBEAR (WEB), O A LO MEJOR PRETENDIA SUICIDARSE DE UN DISPARO Y MIENTRAS BUSCABA LAS TECNICAS Y CONSEJOS, GATILLÓ CON EL CUENTO, DEJANDO ESTA LESERA.
    MEJOR SE HUBIERA MATADO...BANG!

    (la gente está cada día más loca, el cielo nos libre)

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