jueves, 22 de octubre de 2009

LAGRIMAS NEGRAS EN OJOS CIEGOS


PROLOGO

 

- ¿Qué es lo que ves?

- El bosque, frío, oscuridad, la bruma abriéndose paso entre los árboles, la tierra rezumando lágrimas, más negra que de costumbre, tristeza, un silencio de cementerio, animales pudriéndose en sus madrigueras...

- ¿Está mi niña? Emma... – Exclamó exaltado un hombre entre lágrimas.

- Shhh – Lo hizo callar el otro – No interrumpas el trance.

- Algo se acerca... – prosiguió ella – Escucho un gruñido inhumano, pasos pesados pero ágiles, ramas rotas... ¡Se acerca! Sopla un viento helado como de desgracia, siento su furia, sabe que estoy merodeando en sus dominios.

- Vuelve antes de que llegue hasta ti – Le dijo el hombre manteniendo la voz calma aunque por dentro el corazón le golpeaba el pecho.

La muchacha se empezó a retorcer sobre en el sillón como si estuviera aprisionada por una telaraña gigante en una pesadilla.

- ¡Tiró un árbol! ¡Puedo sentir su odio! ¡Su rabia! Me observa a través de las sombras... sus ojos amarillentos pasan sobre mi piel como caracoles...

La muchacha se rascó los brazos y los pechos, quitándose unos gusanos imaginarios. El hombre alto no pudo seguir conservando la calma y la zamarreó apretando firmemente sus hombros.

- ¡Despierta Anne! ¡Despierta!

La joven estaba sudando hiel, fácilmente la temperatura de su cuerpo alcanzaba los cuarenta grados. El hombre asustado la remecía cada vez con más fuerza, mientras imploraba en voz baja con un padre nuestro en alemán. Finalmente Anne se incorporó abriendo sus ojos celestes y blanquecinos en forma desorbitada. Tomó una bocanada de aire como si hubiera estado un tiempo considerable debajo del agua y se desmayó en los brazos del hombre alto.

 

- Hans, tenemos que hacer algo o perderemos a todas nuestras hijas y madres... – Dijo con voz suplicante Pedro Armijo, el dueño de la única tienda de víveres del pueblo. Si es que se le podía llamar tienda al cuarto anexado a su casa, en donde intercambiaba o vendía las cosas que compraba cuando iba a la ciudad.

- Mi Emma... - Se lamentó lloriqueando Franz Uber. El encargado del ganado.

El hombre alto, Hans Fliegel, a pesar de tener muchos años encima se mantenía adusto y firme como un roble. Era el líder natural de la villa, desde que la fundara hace muchas décadas.

- Deberíamos tratar de nuevo con el padre Michael – Insinuó Kurt, el encargado de supervisar los arreglos en las construcciones.

- Creo que ya agotamos esa posibilidad... Debemos buscar a la criatura y exterminarla, cueste lo que cueste.- Dijo Hans, con ese tono de mando y determinación que los otros sujetos conocían perfectamente. El respeto hacia su persona era tal, que nadie se atrevía a contradecir sus órdenes.

- No – Dijo enfática Anne, que se había recuperado del desmayo, después de dormir varias horas y se asomaba bajo el arco de la puerta, vestida con un camisón blanco, ante todos los hombres reunidos. – Su poder es inimaginable... si lo buscan no hallarán más que un destino bañado de sangre. Al mal no se le puede combatir con fuerza bruta.- Argumentó la muchacha, y su dulce voz desesperanzada hizo que se erizara la piel de varios de los presentes.

- ¿Que debiéramos hacer? ¿Tuviste una visión? – Le preguntó el hombre alto, con esa comprensión que sólo reservaba para Anne, su adorada hija.

Media hora más tarde los hombres entraron armados con palas y picotas a la capilla. El padre Michael se opuso, pero sólo de palabra y sintiéndose vencido ante el grupo de quince hombres encabezados por Hans Fliege, les entregó su posesión más preciada, la sangre inmaculada y sin coagular por siglos de San Johan de Laar. 

 

Anne dibujó sobre la tumba, con polvo de cal, la figura similar a un pentagrama que había visualizado mientras ardía en fiebre. Esa era la tumba más antigua del pequeño cementerio de la villa (dónde sólo habían trece sepulturas) y curiosamente pertenecía a su abuela.

El cielo estaba amenazante y cargado de nubes negras como la mayor parte del año. Debían de apresurarse antes de que llegara la noche. El hombre alto le pasó el frasco de sangre a la muchacha, ella abrió con cuidado el recipiente y empezó a distribuir la sangre en el centro de la figura, para dolor del padre Michael que miraba la escena un poco más atrás del grupo de hombres. Paganismo, pensaba para sus adentros y le preocupó la idea de que el monstruo estuviera alcanzando con su influencia maléfica a todos los habitantes del lugar, sin que estos se dieran cuenta.

Anne recitó unas palabras en alemán que había escuchado durante su visión y levantó sus brazos hacia las nubes gritando “Amén”, mientras permanecía arrodillada sobre la tumba. En respuesta a su grito las nubes empezaron a gruñir con el estruendo del trueno que precede a la tormenta.

El padre Michael retrocedió unos pasos. El solía ser un hombre religioso tradicional, pero con el paso de los años le tocó ver cosas que escapaban de la mano de Dios. No obstante, nunca había podido asimilar del todo manifestaciones tan extrañas como los poderes de la muchacha.

- Hay que abrir la tumba... La respuesta a nuestra plegaría está adentro del ataúd.- Dijo Anne con absoluta seguridad en sus palabras.

Inmediatamente el grupo de hombres miró a Hans, esperando su aprobación. El hombre alto temía para sus adentros lo que pudieran encontrar, pero por otra parte debía creer en ella. Porque ella nunca lo había defraudado.

Bastó un pequeño movimiento afirmativo de su cabeza, para que cuatro sujetos empezaran a cavar la tierra sobre la tumba. Justo debajo del dibujo ensangrentado.

No les fue difícil completar la excavación hasta llegar al ataúd metálico, gracias a que la tierra se conservaba húmeda y blanda durante todo el año, por las frecuentes lluvias. Lo cual obligaba a descartar la madera para la elaboración de los ataúdes, ya que después de unas semanas se consumían por completo, reblandecidos en el légamo negro como si fueran de cartón.

Una vez descubierto el ataúd metálico, los hombres procedieron a sacarlo de la fosa por medio de cuerdas. Cuando lo arrastraban por el costado de la tumba, Jurgen, el artesano en hierro, saltó espantado vociferando que había sentido algo moverse adentro de él. Los otros hombres miraron atemorizados, pero como siempre Hans impuso la calma:

- Mathias, rompe el sello con la picota.- Sentenció.

Mathias, el agricultor, obedeció y con un golpe seco rompió el engranaje oxidado por la humedad. Esta vez se hizo evidente para todos que algo se movía adentro.

- ¿Qué está pasando? – Preguntó Anne, a un costado del espectáculo, sumida en su mundo de tinieblas, privada del don de la vista desde que nació.

- Nada cariño... – Respondió el hombre alto.

Hans hizo un gesto a Thomas, que alzó su escopeta apuntando hacia el ataúd. Con otra señal le indicó a Adolf, el cazador de la villa, que lo abriera.

Adolf se acercó con temor a la caja y jaló la tapa con fuerza hasta que cayó abierta al otro costado. Del interior del ataúd salió un tremendo cúmulo de polvo como si fuera una neblina, ocultando el interior del mismo.    

Como un fantasma se levantó una figura en medio del polvo. La escopeta temblaba en los brazos de Thomas, mientras le apuntaba, esperando la instrucción para disparar.

Al despejarse el polvo pudieron ver a un hombre delgado con el pelo largo y revuelto, de unos treinta años, vestido como si viniera de la ciudad.

- ¿Quién es usted? – Le preguntó Hans con dureza.

El sujeto se sacudió el polvo de la chaqueta negra de motociclista, y contestó:

- ¿Alguien tiene un trago que me convide?... Mi nombre es Isidro Blanco.

En ese mismo momento se largó a llover.

  

2 comentarios:

  1. Que simpático. Supongo que Isidro es el nuevo personaje, eespero porque me huele muy simpático él, la irreverencia de su afloramiento de la tumba tan impertubable es abacanada, sabia, llena de la sorna de vida de los vivos...
    Creo que terminaré enamorándome de Isidro también. Lo que no es menor ya que en mi lista figuran personajes geniales como por ejemplo el agrimensor k de El Castillo :)

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  2. cómo te acomoda más escribir, en primera o en tercera persona??

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