jueves, 10 de septiembre de 2009

TOP 4 – LET ME GO WILD / VIOLENT FAMMES


No había vuelto a Francia desde mi viaje de estudio de cuarto medio, cuando estuve en Paris. Casi veinte años después regresaba esta vez a la ciudad de Cannes, a participar en el festival de cine.


En mi carrera interpreté distintos personajes: héroes, villanos, mujeriegos, pacatos, ladrones, obsesivos, religiosos, etc. Algunos de ellos me dieron fama y reconocimiento entre la gente. Sin embargo el papel al que más cariño le tuve, fue el de Cristóbal Molina, en la película; “10 días para hallar el amor o morir intentándolo”, por la cual fui nominado al premio a la interpretación masculina en Cannes.


La cinta narraba la historia de un poeta, que se gana la vida como profesor de literatura en un pueblo rural, sin haber publicado un libro y sin que nadie conozca sus poemas. El sujeto es absolutamente retraído y vive solo, hasta que tiene una visión de un ángel que le anuncia un plazo de diez días para encontrar el amor que no ha experimentado o de lo contrario morirá. Esta profecía hace que el poeta se vaya a la ciudad, a vivir la vida como no lo había hecho antes, en medio de encuentros con personajes alucinantes y situaciones surrealistas.


Para serte sincero, la película para mi gusto era lenta y con algunos problemas de montaje, pero mi actuación fue muy sólida, sorprendiéndome a mí mismo incluso. Nunca logré ni lograría una conexión emocional y física tan fuerte con un personaje como con el profesor Molina, quien va en busca de su autorrealización y está dispuesto a lograrlo como sea. Al parecer eso se notó y en forma imprevista me vi nominado a ese premio internacional de renombre a la par de súper actores como Javier Bardem y Mickey Rourke.


Nunca imaginé que estaría caminando en el paseo costero de Cannes buscando un teléfono, en vez de disfrutar mi momento de gloria. Estaba preocupado de una sola cosa: llamar a Lidia.


Lidia se había casado hacia cuatro años y tenia una hija de tres. Vivía en Aysén dedicada a ejercer su profesión de veterinaria. En un comienzo no quiso recibir mis llamadas, desde la época de ese amanecer en Maitencillo, pero conseguí convencerla de que habláramos solo una vez por semana. Seguramente ella aceptó pensando que pronto me aburriría de llamarla, pero no fue así porque disfrutaba de sus conversaciones. Las otras condiciones fueron que no le preguntara sobre su matrimonio, ni en general cosas muy personales y podía contactarla solo en cierto horario, cuando su esposo no estaba.


Esa simple llamada se había vuelto un ritual. Un impulso imperativo que seguía semana a semana, como una tácita declaración de amor. El día en que dejara de llamarla, Lidia sabría que desistí de mi interés por ella.


“Mucha suerte esta noche. Estoy emocionada cruzando los dedos por ti” y un beso a la distancia, fue lo que obtuve de su voz un poco entrecortada en la llamada telefónica. Tal vez me había empezado a poner viejo, pero mantener la esperanza de hacerla mía me había bastado durante todo este tiempo. No en el sentido de evitar tener sexo y relacionarme con otras mujeres, sino en tenerla como una especie de punto de referencia. Todas las que llegaban a mi vida eran medidas por su vara, (por su cabello rubio lleno de vida y su sonrisa sobrecogedora), y tarde o temprano no daban el talle. Aún considerando que mi relativa fama hacía que no pudiera salir tranquilo en la noche a divertirme y muchas veces el Emilio, el Iván u otro amigo, terminaban convertidos en mis guardaespaldas.


En la tarde me junté con una periodista francesa que me quería entrevistar; Beatrice, una veinteañera de cabello castaño liso hasta el hombro y piernas de esas que parecieran tener vida propia y no puedes sacarles la vista de encima. Hablaba español porque había estudiado en Málaga un par de años.


Me hizo una serie de preguntas sobre la película, la historia de mi vida (que exageré para que pareciera mas atractiva) y mis proyectos futuros. La típica entrevista que hubiera contestado mecánicamente si no fuera por la motivación especial de sus hermosos ojos verdes concentrados en mí.


Beatrice resulto tan atractiva y sensual, que le hice una apuesta. Si ganaba la palma de oro, ella haría el amor conmigo y si no, la invitaría a cenar. Ella me contestó que tenía un novio en Marsella, pero agregó coquetamente que no ganaba nada con esa apuesta.


Haciendo uso de mi ingenio, le expliqué que al contrario, ella tenía todas las de ganar. Si yo perdía y cenábamos juntos, ella podría elegir un lugar de lujo y yo pagaría, o sea comía gratis. Si yo ganaba, les podría contar a sus nietos que hizo el amor con el mejor actor del festival de Cannes de esa edición. Algo casi tan importante como tirarse al ganador del Oscar.


Lo pensó un rato y se fue sin responder ni sí ni no, como buena mujer (y además francesa).


En la noche me junté con el Director y los productores para ir a la gala. Estábamos alojados en un hotel barato, donde hospedaban también unos Checos y unos Chinos, que competían por el mejor documental, y algunos sujetos de la productora Troma, promocionando sus películas clase Z.


Me habría gustado que la Coté me hubiera acompañado a la premiación (con Lidia no había caso, aparte de las llamadas semanales, apenas la veía una vez al año durante una hora para tomar un café). Lamentablemente había discutido recientemente con la Coté, porque estaba pololeando con un mecánico. A mi juicio ella, con su belleza y posición social, podía aspirar a cualquier profesional con futuro que le diera mayor estabilidad económica, sobre todo considerando que ella había estudiado Educación parvularia. Pero no me hizo caso. Mi padre decía que había sacado el mismo gen de oveja negra que yo.


Estaba en la premiación más importante de mi vida, junto a la otra gente del film, que no eran mis amigos ni nada y que solamente estaban preocupados por vender el largometraje. Caminé por la alfombra roja con mi smoking y a pesar de la multitud y los aplausos, me sentí completamente solo, solo como jamás antes me había sentido.


Bardem se llevo la palma de oro, acrecentando mis inseguridades respecto a que todo había sido una especie de error y tal vez ni siquiera debía estar ahí.


En la fiesta de gala posterior, Beatrice me encontró antes de que me fuera derrotado a mi habitación. Me cobró la cena esa misma noche, en un restaurante elegante frente a la playa, que me costo un ojo de la cara, pero no me importó con tal de volver a estar con ella.

Luego de una agradable cena, cuando la fui a dejar de vuelta a su hotel (mucho mejor que el mío), hicimos el amor en el ascensor. Recuerdo claramente, como si pudiera volver a vivirlo, que mientras sujetaba sus piernas entrelazadas en mí, en vez de escucharse la típica música clásica, en los parlantes dentro del elevador, sonó: “Let me go wild” de “Violent femmes”, un tremendo tema de susurros y cambios de ritmos alucinantes, que me encantó desde la primera vez que lo escuché. Tal y como me encantó Beatrice, desde la primera vez que la vi.

Al preguntarle por qué lo había hecho conmigo, siendo que no gané el premio, me dijo con su tono andaluz afrancesado y erótico; “Porque vi las dos pelis y estabas mejor que Bardem...”


El día siguiente me fui con ella a Niza y después a Paris, donde estuvimos encerrados en un departamento similar al de “El ultimo tango en Paris”, durante tres días, desnudos, haciendo el amor a cada rato.


Esa semana, por primera vez en más de cuatro años, se me olvidó completamente hacer la llamada telefónica de siempre.

Mirándolo con la perspectiva que otorga la muerte, tal vez en ese punto de mi vida se precipitaron una serie de hechos que terminarían desencadenando mi asesinato.

2 comentarios:

  1. VE A FACEBOOK, NECESITAMOS DE TU POESIA TAN ETEREA Y HERMOSA......................

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  2. no entiendo la urgencia de querer llevarse al Poeta a escribir su poesia al facebook si puede hacerlo aqui en este especio intimo y silencioso.
    No vayas para alla Mauricio... mejor quedemonos aqui

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