jueves, 17 de septiembre de 2009

TOP 3 – I’LL BE THERE / ESCAPE CLUB


“Over mountains, over trees, over oceans, across the deserts, in a whisper on the wind, on the smile of a new friend... Just think of me and I'll be there”. Dice parte de la letra de la balada de Escape Club, que me gustaba a mi y a la Coté, siendo que en gustos musicales pocas veces coincidíamos.


Después de dos años viviendo en París y tan sólo un par de visitas esporádicas a Chile, me encontraba de vuelta con motivo del nacimiento de mi tercer sobrino, que tenía la particularidad de ser el primer bebé de la Coté y el mecánico, con quién se casó escandalosamente embarazada de tres meses. Los otros dos niños eran hijos de Agustín, con quién había perdido el contacto y no veía hace tiempo.


A diferencia de mis otras visitas, que no alcanzaron a durar una semana, esta vez venía con el plan secreto de quedarme y no volver a Francia (donde además no poseía nada material que valorara). Quería dejar todo tirado y huir en busca de algo que no sabía que era, pero que permitiría que se reencausara el rumbo de mi vida, que el último tiempo se había vuelto más confuso que de costumbre.


Después de nuestro encuentro en Cannes, con Beatrice terminamos viviendo juntos en París. Nos volvimos inseparables, como si nos moviera un huracán de pasión que ambos sintonizábamos perfectamente. Recorríamos la ciudad, yo conociéndola y ella redescubriéndola en mi compañía. Íbamos a bares, nos juntábamos con sus amigos bohemios, teníamos sexo cada vez que podíamos, en lugares públicos y privados, llenos de un flujo de energía que parecía inagotable.

Lo único negativo de esa época fue su ex-novio celoso, un DJ llamado Maurice, que la seguía acosando. Con él terminé peleando a golpes dos veces, una de ellas porque trató de atropellarme con su motocicleta a la salida de un cine. Un verdadero drama francés, aguantable gracias a las caricias y cuidados de Beatrice al final del día.


¿Que pasó? El tiempo y la cotidianeidad empezaron a hacer un trabajo minucioso, menoscabando nuestra mutua atracción. Eso sumado a nuestros caracteres que empezaron a aflorar en discrepancias simples, como el volumen de la música que pongo a casi toda hora, hasta llegar a cosas más serias, como su rechazo absoluto a deteriorar su hermoso cuerpo con la maternidad.

No es que yo quisiera tener hijos, pero lentamente me empecé a dar cuenta que cada uno imaginaba como sería su vida en el futuro, en forma muy distinta. Ella quería ser una periodista reconocida, de esas que dirigen programas de actualidad en televisión y ganan premios. Me la imaginaba a los cuarenta, tomándose una copa de vino mientras revisaba notas en un café, fumando sin parar. Su trabajo era parte sustancial de su identidad y lentamente la balanza de sus horas del día empezó a inclinarse hacia él.


Yo pasé de ser un actor de cierto nombre a un completo desconocido. Lo cual me agradaba en un comienzo, poder comer, caminar y hasta tirar en las calles sin nadie que te saque fotos o te interrumpa con preguntas y comentarios. Después me di cuenta de que no era más que otro de los muchos extranjeros en esa ciudad mágica, pero con otro idioma, otra cultura, otra forma de entender el mundo distinta a la mía. En un comienzo luché por adaptarme, aprendí a hablar francés y gracias a eso pude empezar a buscar papeles como actor.

En París abunda el cine y el teatro, pero también los actores y más aún los que no lo son pero creen serlo. Dispuestos a dejar su sangre (literalmente), en un proyecto que no va a tener más espectadores que otros de su misma clase, todo con tal de “aportar al arte”. No era el ambiente al que estaba acostumbrado, donde un día grabas un episodio de una teleserie, en la noche animas en una discoteque, al otro día te vas a hacer un corto y te encuentras siempre con la mismas personas.


Empecé a encontrar a la gente a mi alrededor demasiado seria, incluida Beatrice, como que se creían demasiado el cuento, eché de menos a mis amigotes nihilistas, a mi familia de miembros autistas pero entrelazados gracias a la Coté, y dentro de todo ese proceso de nostalgia, apareció de nuevo como un fantasma la sombra de Lidia. Aunque no volví a llamarla, no pude evitar volver a pensar en ella.


Mi falta de adaptación hizo que con la Nata iniciáramos una relación bien particular, a la distancia. Ella se había casado y separado del Juancho al poco tiempo, como parte de su relación amor - odio. En el intertanto empezamos a chatear durante las noches de Chile y las mañanas francesas, cuando Beatrice estaba trabajando en la revista. Las conversaciones subieron de tono rápidamente, tal vez porque Beatrice me obligaba prácticamente a hablarle sólo en francés y echaba de menos otro tipo de contacto en mi idioma. Fantaseábamos con la Nata sobre volver a hacerlo, nos mandábamos fotos desnudos y toda esa clase de cosas que le dan sentido a la tecnología.


La Nata era importante para mí, se había mantenido cercana prácticamente desde que fui a caballo hasta su departamento. Por eso cuando las cosas empezaron a apagarse en París, cuando el huracán de pasión pasó y los estragos empezaron a evidenciarse, me replantee mis miedos respecto a tener una relación con ella. Después de todo ella me entendía mejor que nadie, tenía ese poder femenino de saber la forma como pensaba y actuaba, lo que podía esperarse de mi, la libertad que necesitaba para vivir en paz y lo más importante, me aceptaba tal cual era. Compartíamos además la misma profesión, con distintos resultados profesionales, pero conocíamos las exigencias del medio y sin duda nos queríamos de verdad.

Sólo la Nata conocía mis planes de no volver a París. La apuesta era dejar todo botado y juntarnos a hacerlo en su departamento para celebrar mi regreso.


Ese día me fui directo del aeropuerto a ver a la Coté, entusiasmado por la idea de que mi hermanita tendría su primera hija (era niñita, Esperanza la iba a llamar). A pesar de las discusiones pasadas, ella seguía siendo mi persona favorita. Más tarde me juntaría a tomar unos tragos con el Emilio, como en los viejos tiempos. El se había casado con una pintora y tenía una parcela enorme en las afueras de la ciudad. El Iván prometió que iría, aunque no podía beber porque había salido hace poco de un tratamiento de rehabilitación de alcohol y drogas. Hasta su hermano Raúl trataría de asistir, si la bruja de su esposa se lo permitía. Al Juancho preferí que no lo invitaran por varias razones, una de ellas era que más tarde pasaría la noche con la Nata y seguramente me preguntaría por ella.


Cuando llegué a la clínica me encontré con todos un poco preocupados, porque habían unas leves complicaciones con el parto. Estaba mi papá, tan circunspecto como siempre, mi mamá que me abrazó como si fuera una aparición y mi hermano Agustín, a quién noté mucho más viejo de lo que recordaba. También se paseaba nervioso el mecánico, con disfraz de cirujano, al que le habían pedido que saliera de la sala.


No me caía mal el mecánico, Jorge, pero seguía pensando que mi hermana podría haber elegido a alguien con más futuro para enamorarse. Si estaba en la clínica era porque me sentía un poco culpable de no haber ido al matrimonio de la Coté, ella me pidió que fuera, pero me excusé diciendo que tenía que actuar, lo cual era mentira.


Hay momentos que quedan marcados en nuestras vidas y nos replanteamos las cosas que hicimos o dejamos de hacer. Como nos gustaría volver el tiempo atrás y dedicarle a alguien un par de palabras de corazón.


A las cinco y media de la tarde, el médico de la Coté nos informó que la bebé estaba bien bajo cuidados, pero la Coté, mi hermanita la bella, la que jugaba con mis vinilos cuando era niña, la mejor persona que me tocó conocer en la vida, el alma de mi sentido de familia, había fallecido de una insuficiencia cardiaca durante el parto... Tenía veintiocho años.


No puedo expresar la pena que sentí en ese instante. Es verdad lo que dicen de que hay gente que es demasiado hermosa para vivir en este mundo. Cuando a uno el vacío lo traga irremediablemente no queda más que tratar de sostenerse en los demás.


Mi padre, el hombre serio, tenía el rostro desencajado y lloraba como un niño, con una fragilidad y vulnerabilidad que nunca había visto en él. Recién entonces pude asimilar cuánto nos amaba mi padre y que nosotros, sus hijos, éramos lo más importante para él, que todos sus esfuerzos, su dedicación al trabajo, eran para darnos una vida mejor. Nunca antes lo pude ver con tanta claridad.


Mi madre estaba en shock, no era capaz de administrar palabras. Agustín mantuvo la compostura y empezó a pedir explicaciones de mala manera al médico tratante, mientras en sus ojos no cesaban de caer lágrimas. Fue Jorge, el mecánico, quién supo darnos palabras de consuelo a pesar del sufrimiento que sentía. El tipo que yo había criticado por no tener la misma educación ni clase social que nosotros, tenía la misma pureza de espíritu que la Coté, esa pureza que nosotros no supimos abrazar lo suficiente.


Curiosamente la Coté al morir consiguió lo que nunca pudo lograr en vida, unir a la familia. De ahí en adelante nunca dejaron de reunirse cada cierto tiempo. Mi padre y mi madre se hicieron amigos con la familia de Jorge, aunque no tenían nada en común, y siempre estuvieron pendientes de Esperanza.


Yo, en el tiempo que transcurrió hasta mi muerte, cada vez que me sentía perdido y solo, con esa sensación como de que el mundo había perdido el rumbo, bastaba con que cerrara los ojos y sintiera la risa de la Coté, para saber de que siempre habría esperanza y cosas hermosas por las que vivir. Cada vez que la tristeza se acercaba mi, bastaba para ahuyentarla con repetir mentalmente la letra de Escape Club, que a ella tanto le gustaba: “Sobre las montañas, sobre los árboles, sobre los océanos, a través de los desiertos, en un susurro en el viento, en la sonrisa de una nueva amistad... Sólo piensa en mi y ahí estaré.”

1 comentario:

  1. si puedes visita el grupo en facebook "escritores consagrados" y poetas emergente que uno sigue,el grupo lo cree yo, y te puse alli mauricio con un poema tuyo y tu foto, junto a los grandes poetas que admiro,ojala fueras,quedaria agradecida.......

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