miércoles, 12 de agosto de 2009

TOP 8 – PROMISES / IQ


Hay un chiste que preguntaba cuántos elefantes se pueden meter en un Fiat 600… Me acordé de él, al ver a mi padre arriba de mi flamante regalo de cumpleaños de mayoría de edad (un Renault 5 usado), todo incómodo por la estrechez del asiento, recordándome compromisos del pasado, mientras sonaba IQ con su temazo sobre falsas promesas.


Les contaré más sobre mí. Soy de lo que algunos llaman “clase acomodada”. Lo suficiente como para ir de vacaciones a Miami unos días, pero no tanto como para unas semanas en Ibiza. Bastante como para recibir un auto de regalo, pero no tanto como para que fuera el Renault Fuego cero kilómetro que esperaba.


No tenía el futuro asegurado como muchos compañeros de colegio, que ocuparían el lugar de sus padres, a cargo de sus negocios. No, yo tendría que estudiar en la Universidad de Chile como lo hizo mi padre, como lo hizo mi abuelo, como lo hacía mi hermano Agustín. Mi sentencia se llamaba Medicina, con especialidad en Nefrología (la del riñón, para que se ahorren la ida al diccionario). Nada glamoroso, como la cirugía plástica o excitante como la ginecología, pero esa era la tradición familiar, el compromiso tácito de los hijos por el sólo hecho de haber sido varón y tener de ascendencia a eminencias en la materia.


Ese día fue especial porque iba con mi padre a bordo de “la bala” (el original nombre con el que bauticé al Renault 5, al que terminé tomándole cariño). Su Volvo estaba en mantención en el taller, una joya que nunca más me quiso prestar desde el episodio del condón extraviado en el asiento de atrás y del cual culpé al Emilio, que había reemplazado al Nacho en mi escala de amistad.


Mi padre tenía el concepto, muy médico, de aprovechar nuestras breves charlas para rectificar las cosas que creía que no marchaban como según él debían marchar. Así que empezó con el discurso de que tenía que subir los puntajes en el preuniversitario, de que debía concentrarme más en preparar la prueba, que no me iba a ser fácil entrar a medicina, bla, bla, bla.


El panorama era el siguiente, como ya sabrás mi pasión es la música, pero un sarcasmo de la vida hacía que mis bastos conocimientos de bandas, canciones, LPs, etc., estuvieran asociados a una falta de sincronía terrible. Probé con la batería, el teclado y la guitarra, pero no hubo caso, las notas, acordes y escalas, eran letras chinas para mis manos y nunca logré coordinar algo que me sonara a música, a lo más melodías infantiles. Y ni hablar de cantar...


En el fondo no me gustaba esforzarme, quería que la gente me aplaudiera como a un rock star, tener grupis y vivir de farra, pero sin tener que trabajar para lograrlo.


El preuniversitario lo había dejado hace meses y no me interesaba dar la prueba, ir a la universidad y todo eso que mis padres daban por supuesto sin preguntarme. Les decía lo que esperaban oír, mientras me dejaran salir a divertirme tranquilo y me dieran mi mensualidad.
A mi padre casi se le cayó la cara cuando le conté que no quería estudiar medicina. El pobre ya iba lo suficientemente preocupado por mi forma imprudente de conducir, como para que además saliera con semejante ataque criminal.


La discusión se prolongó hasta la casa, donde mi hermano aprovechó de expresarse como el sabelotodo que creía ser, diciendo que siempre supo no lograría entrar a la universidad, porque era el flojo de la familia, la mancha en el currículum. Mi madre, como siempre, estaba preocupada por qué diría el abuelo y los otros parientes al enterarse, incluso ahora me causa gracia que ella siempre ponderara todas las cosas de la vida en función de los demás. La única que me apoyó fue la Coté, ella siempre creyó en mí, en mis ideas locas, en mis arranques temperamentales.

La gran pregunta posterior fue: “Si no quieres entrar a medicina... ¿Qué vas a estudiar?”. Yo no tenía clara la respuesta. Lo primero que se me vino a la cabeza, recordando lo que muchas estrellas de rock hicieron (hasta los Pistols), fue actuar. Pasó como pasa con esas ideas que se asoman como un salvavidas oportuno y uno termina aferrándose a ellas.

Así empezó mi “carrera” de actor, tal vez reafirmando mi propensión a vivir disipadamente o como producto de mi rechazo al estudio y al trabajo formal. De igual forma, pagué las consecuencias. De estar rodeado de comodidades tuve que aprender a sobrevivir con lo mínimo, y si no fue nada se debió solo gracias a que mi madre insistió en darme algún dinero para que la gente no hablara y a los préstamos que me hacía mi hermanita.

Si llegué a ser un actor famoso o no, ese es otro cuento.

Como “pista” les puedo decir que la persona que me asesinó, no fue un pariente (ni un desconocido), por si pensaban que mi padre se vengó del pre-infarto que le produje ese día... Mi familia siempre sería una referencia un tanto ausente de mi vida, a excepción de la Coté.

3 comentarios:

  1. Mauricio si tú escojiste ,ser actor o escritor y eres feliz,con lo que haces bién por tí....las carreras como medicina te dan solo felicidad en el bienestar económico..... la felicidad está en el día a dái en las cosas mas simples ,en el pétalo de una rosa,en la mirada de un niño,en la sonrisa en cada momento.......................

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  2. Increible forma de describir el crecimiento..a veces doloroso..porque no queremos ser adultos..tu eleccion se ve fue la mejor..lo importante es el final...eres un gran escritor...cariños..

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  3. Eres muy creativo además de esa visión que tienes de lo que todos vivimos.rescatas de la vida esa parte clave escencial que es tan pequeñita,breve pero que le dá toda la " chispesa" a nuestros días y eso se vé en lo que muestras,en lo que escribes,en tus fotografias,en tus dibujos,en lo que te gusta o no te gusta y además eres muy genuino...único cómo olvidar tu tonada de !recueca de lo que me gusta" la letra de un poema tuyo y la guitarra segida de tu voz,increíble cada vez que estoy triste la recuerdo y se me olvida la pena.Sigue adelante ,tranquilo sabiendo que cuando se entrega con cariño se entrega lo mejor <3 además que debes trabajar responsablemente el don que Dios te dió sin culpas de ningún tipo yo te apoyo al 100 igual que todos quienes te quieren y desean ver tu trabajo .

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